Volver a tener citas cuando eres madre

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Estábamos mi amiga y yo, las dos separadas de nuestras parejas tomando un té en su casa, era un fin de semana en que ambas estábamos solas porque los niños estaban con sus padres, sí estábamos tomando un  té porque a diferencia de lo que muchos hombres pueden creer en general, nosotras no salimos cada fin de semana ‘libre’ como locas a carretear e intentar conocer a algún hombre… y bueno estábamos ahí, tomando el té y hablando de lo solas que nos sentíamos y de cuándo era el momento adecuado para volver a intentarlo, para volver a abrir nuestro corazón y probar tener pareja.

Y es que cuando los padres se separan, o cuando se es madre soltera o sin pareja, es casi inevitable ser algo más que solo madre, dueña de casa y trabajadora, porque para nosotras nunca llega el relevo, desde que nos despertamos hasta que volvemos a despertarnos al otro día, siempre estamos ahí, sin parar ni un segundo, criando, conteniendo, jugando, limpiando, preparando comida, trabajando, ordenando… Sí quizás ustedes me dirán que no es muy distinto cuando se está en pareja, pero al menos cuando él llega por muy poco presente que sea, puedes pedirle que vea a los niños dos minutos para ir al baño tranquila, eso acá no es opción y durante 13 días seguidos eres tú y sólo tú la responsable de todo, no hay con quien consultar decisiones importantes, si alguien se enferma de noche no puedes salir a la farmacia porque tendrías que salir con hijo enfermo, si tú te enfermas de noche, misma historia, entonces debes ser doblemente precavida, tener de todo a mano para que nunca te sorprenda una fiebre o un dolor de estómago sin remedios a mano… y así nunca paras y van pasando los días, las semanas e incluso los años y a veces tienes atisbos, recuerdos de cuando eras algo más que madre y trabajadora, cuando eras mujer, mujer coqueta, mujer sensual, mujer que iba al gimnasio, mujer que se arreglaba frente al espejo e iba por un trago… mujer que eran abrazada antes de dormir.

Y escuchas esas voces de amigas, amigos, de la familia ‘debes dejar al niño solo, debes volver a arreglarte, debes volver a salir, a vivir, que no eres solo madre’, y tú sin saber si responder, si reír o llorar los miras como diciendo cuánto se nota que no saben nada, volver a salir, claro, por un trago, si ya ha pasado tanto que hemos olvidado arreglarnos, si mi seguridad no es la de antes porque mi cuerpo no es el de antes, no sólo porque soy madre sino porque ir al gimnasio es casi imposible, si sabes que cualquier hombre saldrá arrancando cuando sepa que eres madre, y si lo sabe, vienen los problemas de horarios, es que este fin de semana estoy con los niños, es que el papá no llegó, es que se enfermó… y entonces todas esas barreras nos limitan desde antes, porque sabemos que es difícil, duro, para nosotras y para ellos.

Recuerdo tener un amigo hace muchos años, un amigo que me decía ‘nunca más me meto con una mina que sea mamá, son un verdadero cacho, que la mamá no le puede ver al niño, que el niño se enfermó y al final siempre es más importante el niño que uno’…. hoy me río de su comentario tan superficial, y es que claro un hijo siempre será más importante que un hombre que conocí recién, pero es más que eso, realmente volver a armar tu vida siendo madre es un desastre, porque ese hombre que se llama padre, ese hombre vive su vida tan normalmente como siempre, porque él cree que con verlo cada 15 días ya hace mucho, casi como si fuera un favor… y ahí estamos nosotras mirándonos frente al espejo diciendo, será que ya estoy lista, será que me puedo atrever a volver a amar, y si lo estoy, y si lo intento, será que  mi hijo lo acepta, será que él acepta a mi hijo….será que entiende mi forma de criar,.. será que…. un largo etcétera.

Estabamos ahí, mi amiga y yo, tomando el té, cuando llega un mensaje a su celular, ¿vamos por un vinito hoy?Silencio, nervios, ambas sabemos lo que se siente. Y viene todo un proceso que parece casi ridiculo a nuestra edad, ¿qué hago, voy o no voy, me querrá jotear, será solo como amigos, y si quiere algo más, y qué me pongo, y a dónde vamos? Ay galla me puse nerviosa… Y seguimos con esa complicidad entre mujeres, entre hermanas, ¿quieres ir, te gusta? Tranquila es solo un vino, mientras vamos sacándo ropa del closet y eligiendo algo casual, con jeans o vestido, y si me pongo una flor, ay no sacáte eso! Me siento mal, tengo angustia, se me aprieta el corazón, la veo, veo como todos sus miedos pasados se reflejan en sus ojos, como toda su historia y el temor a no ser aceptada o a hacer el ridiculo la vuelven un adolescente en cuerpo de mujer, respira, respira esto va a pasar, no tiene porque ser algo malo, te mereces volver a amar y ser amada…

De pronto su angustia sube, su garganta está apretada, sus ojos contienen lágrimas, y nos vamos a la cocina donde estaban sus flores de bach y aroma terapia, ya tómate esto, ahora esta para templanza, protección, feminidad…. y de pronto nos miramos, y comenzamos a reír a carcajadas, ¿te das cuenta todo lo que hay que hacer para poder salir a tomarse una copa de vino? Tanto nos cuesta volver a ser mujeres, tan dañadas hemos quedado con nuestras historias anteriores, tanto miedo nos da volver a intentarlo, tan ajenas a ser mujeres que no sabemos cómo actuar frente a una sencillamente invitación…

Mi amiga se va rumbo a su encuentro, su cita, escríbeme cualquiera cosa le digo, deséame suerte me responde… y llego a casa, eso noche regresa mi hijo, veo la inmensa soledad de mi hogar que se llena con sus risas y sus juegos, me duermo abrazada a él, atenta a cada noticia que llega desde el celular cada vez que él va al baño y pienso en lo difícil que que  para una mujer reiniciar su vida, la valentía que requier volver a intentarlo, y nuevamente lo solas y sobreexigidas que estamos, jugando al rol impuesto por la sociedad, de la súper madre, de la súper woman, cuando en realidad sabemos que es imposible vivir con ese traje, que uno tiene que elegir, priorizar, siempre en cada momento de nuestras vidas, que casi siempre al principio se prioriza la maternidad y el tener dinero, porque la justicia poco entiende del rol de la maternidad, y que cuando ellos crecen vamos volviendo a recordar que somos ante todo mujeres y nos merecemos la felicidad.

Y es a ellas, a ustedes a quienes les escribo hoy, pidiéndoles que puedan soltar, que pidan ayuda, que se vuelvan a amar, que se miren al espejo y que sepan que así, con unos kilos demás, con un par de arrugas quizás con el pelo sin alisar, las eternas ojeras de madre cansada, así mismo aprende a amarte, así mismo te  van a amar, así mismo vas a ser feliz, porque te lo merece ser tú y todas nosotras, no te postergues por tus hijos, aunque cueste, ellos también necesitan una madre/mujer feliz y plena para poder ser felices y plenos ellos… Cuidarse para cuidar, amarse para enseñar a amar.

 

Abrazos de luz amigas!

Tara

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2 comentarios

  1. Que hermoso y verdadero, tocaste una fibra de mi corazón, me emociono al leerlo. Gracias por entregarnos ese amor.