Tu pareja, el padre de tus hijos NO es tu enemigo

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Hace solo unas semanas me reencontré con un querido amigo de infancia, nos tomamos un café y me contó que era padre hace un año, me habló de lo maravilloso de la paternidad, de lo bella que es su hija, y luego de un largo silencio me dijo “por ser padre parece que he perdido a la mujer que amaba, yo no sé en qué momento pasé de ser el hombre encantador al culpable de todos sus dolores, su cansancio, sus penas, su pasado, de un momento a otro pasé de ser su amor a sentir que ella me ve como su enemigo, si no me he ido de casa ha sido sólo porque me muero sin ver a mi hija todos los días”.

aMe lo dijo con lágrimas en los ojos, a mi que no me veía hace 10 años, me lo dijo y me pidió perdón por llorar… lo miré y traté de explicarle un poco lo que las mujeres vivimos en el post parto, en el puerperio, mientras sentía crecer la angustia en mi pecho porque en su relato pude ver el dolor que me negué a aceptar del padre de mi hijo, mi otrora hombre encantador convertido en enemigo, la empatía para nosotros llegó demasiado tarde.

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Mi amigo con lágrimas en sus mejillas me dijo nuevamente “yo no sé qué es lo que quiere, quiere que le sea infiel, quiere que le grite, quiere que realmente me vaya de casa… tres veces me ha echado de casa, tres veces y ni siquiera se ha preguntado si la amo, si me duele, si sufriría por no ver a mi hija (y a ella) porque yo soy el que dejaría de despertar con ella cada día, ni siquiera se ha preguntado si nuestra hija sufriría, porque está demasiado metida en su dolor, un dolor que parece que causo yo por el solo hecho de estar o existir” ¿cómo responderle a eso? Ninguna explicación de libro, del puerperio, de la sombra y la soledad serían válidos para un hombre que en el encuentro con su propia sombra debe sobrevivir el post parto con la constante sensación que su vida pende de un hilo mientras contempla rezagado el espectáculo de su mujer puerpera enfrentada con su sus dolores de infancia y preguntándose ¿cuánto tiempo más vamos a seguir así? ¿acaso pretende que no nos volvamos a amar hasta que la niña tenga 3 años? ¿o quizás será que ella tiene a otro hombre y por eso todo de mi le molesta?

Lo vi y me vi, y nos vi, a Pedro y a mí hace casi tres años cuando ya nos habíamos vuelto dos completos extraños, lo vi y esta vez no sentí rencor por su actitud sino compasión, porque comprendí que sí, para el también hubo un puerperio, un duelo, pero que él como es el hombre, el que sale de casa, el que “tiene vida”, al que no le cambió el cuerpo ni las hormonas, él debe bancarselo todo, él, ellos, los hombres, deben bancarse nuestra sombra, nuestro mal genio, nuestras heridas de infancia, nuestra necesidad de compañía y comprensión, bancarse muchas veces la falta de deseo sexual, ese no me toques, no me roces, no esperes que tengamos deseo sexual y odiándolos si por casualidad alguna noche él, ese hombre que elegimos como padre de nuestros hijos, nos quiere hacer el amor.

Que ganas de poder hablarle a ella, que pudiera ver su pena y su dolor, su frustración, su necesidad de amor y deseo, de pasión y sensualidad, que ganas de devolverle la empatía a ella, de prestarle un poquito mis ojos y para que lo pudiera ver con amor, para que pudiera ver, sentir que él también tiene sentimientos, que a él también le duelen cosas, que él, es el hombre, es tan sensible como ella lo es sólo que a él no se le permite decirlo ni reconoce,la porque parece que el puerperio fuera solo de la mujer..

Es por este encuentro causal que vuelvo a reflexionar sobre la falta de empatía en la pareja, y en especial de la falta de empatía de nosotras las mujeres, ellos, los hombres, nuestros hombres también viven un tremendo cambio, también necesitan cariño, amor, deseo, pasión, ellos también dudan de si le somos infieles y por eso no los deseamos, ellos no tienen por qué ser la piedra de tope de nuestro puerperio, ellos no son los culpables de nuestro dolor, sí yo sé que hay hombres machistas, maltratadores, apáticos, pero por favor no olvidemos que no todos son así, que ellos también tienen sentimientos, que ellos nos extrañan, que nos aman, ¡que elegimos tener un hijo con ellos! Que somos sus parejas, y que no merecen cargar con nuestra frustración, no tenemos por qué castigarlos, la maternidad, la crianza, se vuelve en el precipicio más duro que enfrenta la pareja, pero no olviden que amar es tener empatía, es ponerse en el lugar del otro, dejar de vernos nuestro ombligo, y comprender que al otro también le pasas cosas, tenemos que dejar de victimizarnos y volvernos enemigos, tenemos que saber que todo depende de nosotras, que somos más que solo madres, que también somos mujeres, que no, no se trata de que si no le das ‘la pasada’ él tiene derecho a serte infiel, se trata de que ellos también necesitan tu piel, tus abrazos, tu amor, que no podemos encerrarnos en nuestro rol de madres y esperar que ellos permanezcan ahí, impertérritos esperando a que algún día se no se pase la “tontera”.

No es fácil criar, no es fácil el puerperio, no es fácil el cambio de vida, no, no es fácil para nosotras las mujeres y tampoco para ella los hombres, no es fácil para la pareja, y solo el amor, la comunicación y por sobre todo la EMPATÍA nos salvarán de naufragar en aguas más profundas. Tómate un tiempo y míralo con amor, solo con amor, si sientes que no puedes, entonces quizás sea tiempo que pidas ayudar que pidan ayuda ambos, duelen las ofensas y el cansancio cotidiano abruma, pero te aseguro que duele más la familia separada, si no hay violencia en tu relación, créeme que te va a doler más tener que ver llorar a tu hijo porque extraña al papá que ve cada 15 días un fin de semana que hacer el intento de ponerte en el lugar del otro, te lo digo yo, una mujer separada que recordó demasiado tarde lo que es ponerse en los zapatos del otro.

 

 

 

 

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

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