Tres años de lactancia materna, una dichosa odisea

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Hoy les quiero hablar de nuestra lactancia materna, lejos la etapa que recuerdo con más amor y disfrute en mi maternidad, y es que cuando dicen que la lactancia es el pilar de la vida, a mi me hace todo el sentido del mundo, porque gracias a la pechuga logré dormir casi toda la noche desde que nació mi hijo y siempre digo que la lactancia me salvó de una depresión.

Cuando nació mi hijo no sabía nada de nada, sólo que debía procurar darle lactancia materna porque era lo mejor para él, confieso que le tenía pavor al dolor de pezones y a todas esas cosas que te cuentan como para que una salga corriendo a comprarle relleno. Matea como soy me las pelee toda en la clínica donde insistían en llevarse a mi bebé de noche para que yo durmiera, después de 10 llamadas en la madrugada pidiendo a mi hijo no se lo volvieron a llevar.

Pasó el tiempo, y la maternidad se me fue volviendo cuesta arriba, yo era y soy una persona que necesita dormir para poder andar feliz, pero que necesita dormir harto y la verdad eso de imaginarme levantándome de madrugada a calentar la leche me ponía fatal, así que no, el relleno no fue mi opción, yo quería dormir, vivía sola con mi hijo, estaba hecha pebre, no recibía visitas y dormir con la pechuga al aire fue la mejor decisión de mi vida.

Y así sin darnos cuenta la lactancia fue tomando un rol protagónico en la maternidad, el gordo crecía como gordo, yo adelgacé mucho, dormíamos a pata suelta casi sin despertares nocturnos porque con suerte me enteraba cuando él tomaba pecho, podía salir con bolsos más pequeños porque en mi cuerpo llevaba todo, y jamás me estresé cuando no quería comer estando enfermo porque nunca jamás dejó de tomar pecho.

No les voy a mentir, también me cansó más que nada en el mundo, olvidé lo que eran los sostenes, mis pechos estaban al aire, después de cada toma me venía un bajón peor a cuando te fumas un pito o te tomas todo en los carretes universitarios, pasaba muerta de hambre y sed, a veces me mordió y por la cresta que dolió, me sentí a veces como un envase jaja, soy pura teta decía yo, no, no era todo color de rosa, pero en la suma y en la resta la lactancia nos daba mucho más de lo que quitaba.

Así planifiqué amamantar hasta los dos años como dice la OMS, ya les dije soy matea, ya más de grande me tocó pelear con uñas y dientes contra el mundo que te dice a cada rato que dejes de amamantar, que tu leche es agua, me busqué un pediatra pro lactancia materna y a todos quienes me criticaban los mandaba a hablar con él, me enervaban las críticas, estaba ya más cansada de amamantar y esperando que llegaran los dos años para poder disfrutar…

Pero uno propone y la leche dispone, mis pechos llenos como cuando recién nació se negaban a bajar a guardia, pasaditos los dos años empezaron las primeras pataletas y… oh milagro oh, la lactancia otra vez nos salvó, la mayoría de sus desregulaciones acababan en mi pecho, así que solté y dejé de ponerme fechas e inventar excusas, él dejaría su “keke” cuando estuviera listo, y si a alguien no le gustaba bueno, que escribiera un libro jaja.

Nunca supe de esos paseos eternos para hacerlo dormir en las noches o en sus siestas, eran diez minutos de pechuga y zzzz, durante tres años casi no tuvimos enfermedades, hoy a sus cinco años nunca ha tenido una enfermedad estomacal, nos destetamos a los tres años y medio más o menos, con más pena yo que él, extrañando con locura nuestro “teteo” de media tarde contando cuentos, cantando canciones, durmiéndonos juntos… Pero así fue, él solito ya no quiso más pecho, la leche solita se fue acabando, nosotros solitos fuimos encontrando otras formas de dormir, y aunque tuvo costos importantes como no poder tomarme una copita de vino jaja o el cansancio extremo de lactar, sin duda, estos tres años de lactancia prolongada son los responsables no sólo de su buena salud, sino de que a pesar de todo, y con todo ame profundamente ser mamá.

Yo sé que para todas no es igual, pero para las que se sienten identificadas olvídense de todo, disfruten la lactancia como un tesoro, ya sean seis meses o tres años, lo importante es que en la suma y en la resta la pasemos bien amamantando, yo por mi parte sólo puedo decir por loco que sea, que para mi la lactancia materna fue el pilar en MI vida, esa herramienta que me permitió ser mejor mamá, mejor persona y de paso lleno de defensas a mi cachorro amado.

BONUS: Lo más difícil de la lactancia, sacarle el pezón de la boca una vez dormido sin que me mordiera o se despertara jaja, y no poder salir más de tres horas durante muuuuuucho tiempo. Y lo más gracioso, las posiciones impensadas en que a este niñito se le ocurrió tomar leche. Les pasa lo mismo a ustedes??

 

 

 

 

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora. Fundadora de Mamadre, amante de la vida, un buen vino junto a un libro y mi amado Valparaíso. La maternidad me cambió y hoy me siento en el deber de acompañar a otras madres para criar en libertad.