TERRORES NOCTURNOS EN LOS NIÑOS

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Por Carolina Sances, Psicóloga Infanto-Juvenil

 

Paula consulta por su hija Antonella de 4 años. Está muy angustiada por algo que sucedió hace algunas noches, cuando a las pocas horas de acostarse, Paula se despertó con los gritos y llantos de su hija, los que me describió como “aterrados” y cuando llegó corriendo a su pieza, la encontró sentada en su cama, transpirada, moviendo su cuerpo de manera brusca, pasando a llevar violentamente los objetos de su velador, con cara de pavor y la mirada desorientada, las pupilas dilatadas, transpirada y con la respiración muy agitada.

Paula, tratando de calmarla, le hablaba intentando que fijara su mirada en ella, sin embargo, cuando lo hacía tenía la sensación de que no la reconocía. Me relata que esto debe haber durado unos 15 minutos, luego de los cuales la niña se fue calmando de a poco, hasta volver a dormir como si nada pasara. Al describir la escena, Paula vuelve a angustiarse y a sorprenderse de que al otro día, cuando Antonella despertó, no recordara absolutamente nada y fuese un día completamente normal.

La escena parece sacada de una película de terror, sin embargo, se trata de un tipo de  parasomnia infantil (conductas anormales durante el sueño) frecuente,  llamado Terror Nocturno (TN), que puede empezar a partir de los 6-7 meses, pero que suele darse más entre los 2 y los 5 años y normalmente, va desapareciendo con el paso del tiempo.

Tal como le sucedió a Antonella, los TN suelen darse en la primera mitad de la noche y se caracterizan por que el niño pasa de estar dormido a una agitada actividad durante la cual  hay una gran cantidad de manifestaciones físicas (gritos, llanto, gemidos, mirada fija y de pánico, taquicardia, sudoración, forcejeo, etc.), que hacen que  parezca despierto, pero no lo está y de hecho, no responde a estímulos externos , no reconoce a sus padres y seguro que al despertar no recordará nada.

 

Si bien son situaciones tremendamente angustiantes para quienes las presencian, los expertos hasta ahora coinciden en que son inocuas para los niños que las experimentan.

 

Los TN suelen confundirse con pesadillas, pero los papás de niños que han sufrido terrores, saben que tienen bastantes diferencias. Las pesadillas son sueños desagradables, sin demasiadas manifestaciones físicas, que normalmente se dan en la segunda mitad de la noche y de los cuales el niño se despierta fácilmente y los recuerda asustado, por lo que busca el consuelo de sus papás. Finalmente, volver a dormirse después de una pesadilla es bastante difícil porque persiste el miedo, en cambio regresar al sueño luego de un TN es bastante fácil.

 

¿Por qué sucede?

La psicóloga Rosa Jové, en su libro Dormir sin lágrimas, lo explica recordándonos primero que el sueño es un proceso evolutivo que va madurando junto con el cerebro y hasta los 5-6 años todavía su maduración no está completa. Esto conlleva que la fase de sueño profundo en los niños menores de 6 años sea muchísimo más profunda que en un niño mayor o que en un adulto, e incluso, hay ocasiones en que esta fase es tan profunda que al cerebro del niño se le hace imposible aligerar el sueño, para pasar a una siguiente fase del sueño menos profunda.  Es  esta dificultad la que explicaría  los terrores nocturnos en los niños.

Dos situaciones comunes que incrementan el sueño profundo en los niños y que, por tanto, aumentan la probabilidad de los TN, son la fiebre  y que el niño no haya descansado lo suficiente durante el día. De hecho, se ha comprobado que en niños en los que se ha suprimido precozmente la siesta o se ha hecho de forma muy radical, hay un incremento de parasomnias como los TN.

Esto es exactamente lo que le sucedió a Antonella, que en esos días había entrado al colegio por primera vez, lo que significó un gran cambio en sus rutinas, especialmente en las que tenían que ver con su sueño. Ella estaba acostumbrada a dormir siesta en el jardín y desde que entró al colegio, su nueva rutina no se lo permitía. Aunque Paula la notaba irritable y cansada, no le dio mayor importancia, entendiendo que era normal frente a tantos cambios.

 

¿Qué hacer?

Rosa Jové recomienda que frente a los TN, lo mejor es prevenir, intentando que nuestros hijos se acuesten menos cansados y más relajados, pero si pese a eso los terrores nocturnos se mantienen,  da algunas sugerencias para actuar frente a un niño que los está sufriendo:

  • -Es importante permanecer junto a él/ella discretamente, para protegerle de que no se haga daño y  para que, si se despierta, se sienta más tranquilo/a y menos desorientado/a. Se les puede proteger alejando los objetos que le puedan hacer daño, pero no dándole contacto físico, porque normalmente lo rechazarán.

 

  • -No intentar despertarle, porque será extremadamente difícil, romperemos su ciclo de sueño e incluso podremos asustarlo, ya que él no es consciente de lo que está pasando.

 

  • -Cuando despierte no tiene sentido preguntarle por lo sucedido, ya que no recordará nada y podrá hacerse la idea de que algo extraño sucede cuando duerme, lo que puede angustiarlo. Pero si nos damos cuenta de que nuestro/a hijo/as¿ sabe que algo extraño les está pasando durante la noche, Jové sugiere explicárselo “con naturalidad: que es un fenómeno sin importancia que sucede mientras dormimos, como si fuera un calambre o una sacudida; que él no tiene la culpa y que pasará”

 

Para las familias que vivan estas situaciones mucha paciencia y tranquilidad, es una etapa que pasará, y recuerden que en general los padres lo pasan peor que los niños.

Acerca del autor

CONTACTO: carolina.sances@gmail.com .
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Consulta particular, talleres para niños y adolescentes y charlas y talleres para padres —–

Soy mujer, mamá de dos y psicóloga clínica, especialista en niños y adolescentes.
Interesada en la difusión de temas de infancia y adolescencia, busco acercar los conocimientos de la psicología a los padres, con el fin de apoyarlos y que logren confiar en sus propias capacidades, en la tarea de criar a sus hijos. Esto, en una sociedad donde la dificultad de hacer tribu, torna muy difícil hacerlo de manera respetuosa y consciente.

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