Segundo Mes… Y el Terror de perderte

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Siempre pensé que los dos momentos de mayor felicidad durante el embarazo, eran el día en que confirmabas que serías madre y luego el momento en que tu hijo o hija nace y es puesto en tu pecho por primera vez. Por supuesto que durante los nueve meses también hay momentos maravillosos! Como cuando sentimos patear a nuestro bebé por primera vez, cuando nos enteramos del sexo y muchos otros momentos que nos hacen soñar y nuestra cara se ilumina con sonrisas que nada ni nadie puede borrar!, pero estoy hablando de esos momentos claves en que el tiempo se detiene.

Así había sido con mi primer hijo. Un embarazo bueno, lindo, activo, donde la noticia llegó una mañana antes de tomar desayuno y llenó mis ojos de lágrimas y la risa brotaba por mis poros! Un embarazo donde obviamente tuvimos alguna vez una que otra preocupación, pero la verdad es que los dos momentos más potentes fueron cuando supimos que seríamos padres y ese encuentro mágico al momento de nacer.

Con nueve semanas de embarazo, en este mi segundo embarazo viví un momento mágico, que fue el que vino a continuación de haber experimentado uno de los momentos más tremendos que una mujer embarazada puede vivir.

Era el medio día, justo después de dar de alta a una paciente cuando comienzo a sentir que algo corría por mis piernas, voy al baño rogando que no sea lo que yo pensaba. Me siento con los ojos cerrados, los abro y mi miedo se había hecho realidad, estaba sangrando!… La vida de mi guagua corría peligro! Sin pensarlo mucho, tomé mi celular y llamé a mi marido, quien iba camino a buscar a nuestro hijo al jardín.

Una vez ya en el auto, mi marido nervioso pero claro a la vez… yo no paraba de llorar y tocaba mi vientre de dos meses rogando a Dios que mi hijo o hija siguiese conmigo.

 

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Llegamos a la clínica y en la urgencia me miraban con tristeza… yo, con el corazón apretado, la voz débil de tanto llorar y mi ropa sucia le suplicaba a la enfermera que me hiciera pasar lo antes posible… todo fue rápido, en voz alta me llamaron y juntos entramos al box donde más tarde me examinarían.

 

Los minutos se hacían horas y yo con el corazón que latía más fuerte que nunca, le tomaba la mano a mi marido pidiéndole perdón… La culpa!, otra vez haciéndome responsable de lo que pasaba y asumiendo desde ya la idea de que quizás mi bebé ya no estaba con nosotros.

Luego de que la matrona me examinara, decidió llamar a mi ginecólogo, quien estaba con licencia médica… “Llamen ahora para que la vea el Doctor Pérez, que la reciba ahora en la consulta y le haga una ecografía… dile que es paciente mía” fueron las palabras que escuchamos decir a mi doctor a través del teléfono.

Siempre he sido una persona que cree que la mejor forma para nacer es a través de un parto natural, no medicalizado o instrumentalizado de manera innecesaria (a menos que sea necesario para salvar la vida de la madre o bebé), sin embargo, creo que más que un parto natural o humanizado, lo que necesita cada ser humano es nacer de la mejor manera posible para esa personita, es decir, creo que es crucial que el equipo médico a cargo del nacimiento de un bebé tenga como prioridad el bienestar materno-fetal y buscar lo mejor para esa dupla, honrar ese nacimiento (aunque sea una cesárea) y por sobre todas las cosas, creo crucial que sea un equipo que esté en los momentos claves, en los momentos de estrés, en los momentos de riesgo y respondiendo de manera pronta, contingente y afectuosa… sí, de la misma manera que nosotros como padres debemos ser base segura en el vínculo con nuestros niños/as, así mismo debe ser el equipo que nos acompaña durante el embarazo y el nacimiento de nuestro bebé.

En este caso de (literalmente) vida o muerte, se ponían a prueba las personas, la calidad humana, la empatía y sobre todo la rapidez al actuar.

Entramos a la consulta del Dr. Pérez y luego de el hablarme y hacer un par de preguntar de rutina, me hace pasar al vestidor para ponerme una bata y hacer la ecografía.

Mientras me sentaba en la silla obstétrica, sentía terror… terror de ver el monitor y escuchar lo que el médico iba a decir… cierro los ojos y luego suelto… miro el monitor y el doctor me dice “Ahí está! Hay guagüita con latidos… y mira!!! Se está hasta moviendo para todos lados”. Mi emoción era total! Era volver a escuchar que sería madre, era sentir en carne y hueso el milagro de la vida y la maravilla que se esconde en cada ser humano. Lágrimas cayeron de mis ojos, esta vez de alegría y tranquilidad.

“No todos los embarazos son iguales” nos dicen, y claro que NO! Cada hijo/a viene con un propósito y el período de gestación acarrea también con un propósito en la vida de cada mujer.

Hoy, bajo la indicación de reposo, vuelco mi energía hacia adentro! Honro mi cuerpo y cuido a mi bebé de igual forma que lo haría con mi hijo mayor si es que su vida corriera peligro. Entre las cortinas se asoma el sol… y entre siestas pienso, canto, tejo, escribo y no busco respuestas… más bien doy las gracias a Dios y a la vida… a mis hijos por honrarme en ser elegida como madre y recibir los desafíos que la maternidad pone en mi camino.

Ahora cierro mis ojos suavemente y me dejo cuidar, he empezado a delegar, a entender que ahora Mamá no puede ser la primera en levantarse y la última en acostarse, ahora suelto… me ha costado y ha sido un gran desafío, sin embargo, tengo la certeza de que es lo mejor… para mi hijo/a y para mí.

 

María José
Mamá de dos

Acerca del autor

Psicologa Universidad del Desarrollo Formación en; Parentalidad Positiva, Apego y Salud Mental Infantil. Certificada en técnica de Intervención de Video feedback modelo ODISEA Consulta Particular (Viña y Santiago) y Talleres www.apegocrianza.cl

1 comentario

  1. Me emocionó mucho tu historia…me alegro mucho que tu guaguita siga con ustedes!!
    Que alegría sentí de saber que seguía ahí ese bebito. Una bendición. Cariños

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