Sanando mi (TU) parto

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Antes de leer este artículo te pido que cierres los ojos y pienses en tu parto, espera 5 segundos, respira, ahora di en voz alta la primera palabra que se te venga a la mente… Por qué les pido esto? Porque hoy vengo a sanar mi parto junto con sus partos, porque en mi caminar como madre me he encontrado con tantas mujeres que, como yo, no lograban sanar la herida que sus partos dejaron en su alma, que considero es mi deber para con ustedes mis hermanas madres, sanar a través de ustedes lo que tanto me dolió.

Si supieran los médicos lo que su forma de ver los partos y por ende “atenderlos” daña a las madres y sus familias quizás tratarían de ayudarnos a tener un parto que fuera lo que cada una realmente quiere, o sea, un parto respetado e informado. Y no! No crean que voy a hacer una defensa fiera de los partos naturales menospreciando las cesáreas… Mi parto fue “natural” y me pasé los primeros seis meses de mi hijo preguntándome si una cesárea le habrían evitado tanto dolor, tanto examen, tanta distancia de mi.

No, no sufrí violencia obstétrica, creo, y no, no fue cesárea, sin embargo, producto de ese parto pasé noches llorando por meses y culpándome por haber tratado de tener un parto natural… escuchando con un nudo en la garganta las críticas externas y apretando los dientes para que no cayeran las lágrimas cuando una familiar cercana del área de la salud me dio a entender que fui una irresponsable. Sin embargo, la vida me tenía preparada varias etapas de hermosa y tan necesaria sanación.

Cuando mi hijo cumplió seis meses cambié de pediatra, al llegar le conté nuestra historia, incluido nuestro parto y las complicaciones posteriores, lo dije como pidiendo disculpas, vino aquí mi primer regalo, el pediatra antes de irnos me dijo “eres muy joven todavía para entender que las cosas pasan por algo que siempre es positivo, el pasado no existe, tu parto fue exactamente como debía ser, perdónate y disfruta a tu hijo que está sano”. Un pediatra diciendo eso??! Aún existen quienes ven el corazón y no sólo la enfermedad…

Escuchando sus palabras fui a hablar con la matrona que me atendió que es la dueña de un centro que acompaña partos naturales en mi ciudad, fue esta la segunda etapa de mi sanación, aunque en ese monento me dejó un amargo sabor… cada palabra de esa conversación me sonó a vacío, a respuesta políticamente correcta, a un no quiero meterme en problemas, cada mirada “comprensiva” a un yo no tuve la culpa… me fui sin haber cerrado la etapa, enojada aún, dolida, diciéndome que debí demandarlas! Que por su poco criterio mi niño sufrió y que ellas siguen siendo las blancas palomas ante todos! De hecho hasta hace poco tiempo me encontré diciendo si veo a esa ginecóloga -que poco sabía de partos y que miraba su celular mientras con dilatación 9 yo sentía que mi hijo no podía salir y pedí la camilla. le pego. Y chicas les juro yo no soy violenta!

Mi otro gran regalo de sanación vino de la experiencia de una madre puerperea dolida por una cesárea “innecesaria” que le hizo quien fuera mi ginecólogo durante casi todo mi embarazo, al escuchar su historia comprendí que mi parto fue como yo quise y que si hubiera tenido cesárea de seguro también me habría dolido ese parto.

Y el último regalo llegó de la mano de Laura Gutman, sus palabras quedaron en mi ser dando vueltas, despejando todo, poniendo luz a lo que no lograba enteder… “y de repente a esa mujer guerrera se le ocurre que quiere parto natural! Organiza y coordina todo para que así sea, todo bajo control hasta que oh sorpresa! Su parto natural no sale bien, todos la critican, el niño tiene problemas, ella tarda más en recuperarse… Es el parto natural el problema? No! Es su deseo de controlar ese momento! Porque si hay un instante que NO se puede controlar en la vida de la mujer es el parto, sea cesárea o no”

Cuando terminó de hablar yo lloraba! Y no es que yo sea una mujer de vocación controladora, al contrario, controlo bien pocas cosas en mi vida y eso me ha ganado la fama de mujer relajada, permisiba y demasiado confiada… pero sí hay algo de cierto en esas palabras, es que mi ocurrencia de tener un parto natural fue totalmente racional, porque estaba de moda y parecía lo adecuado.correcto y pro, pero no porque yo estuviera consciente de mi ser mamífero, yo la super woman ejecutiva que no quería hijos, que no quería que nadie le quitara su tiempo, yo que lloré de pena cuando vi mi test de embarazo, yo decidí a última hora un parto natural, y de verdad digo a última hora, y más aún, no sólo lo decidí, sino que me llevé en ello la vida intentando convencer al papá de mi hijo que era lo mejor… Ustedes no saben lo que fue eso, estudios científicos, reuniones de noche para analizar pros y contras, hablar con matrona y ginecóloga, pueden creerlo yo con una panza de 35 semanas leyendo y estudiando en vez de estar dedicada a descansar y hacerle a mi hijo ese espacio en el corazón que es tan importante preparar desde antes! Lógico que mi parto fuera complejo si nunca paré de controlar, sin embargo, sin ese parto no sería la madre que soy ahora, y cuando lo veo así comprendo que nuestro parto fue perfecto, como debía ser, con fórcep y dolores, porque sólo así podría aprender y entregarme a la maternidad como lo hago hoy.

No importa como haya sido tu parto, si fue cesárea, normal, natural, con fórcep o en la casa, lo importante es que sanes la herida que dejó en ti, de nada nos sirve culpar al equipo médico o a nosotras mismas, de seguro si te tomas un tiempo te darás cuenta, como yo, que tu parto fue como debía ser porque gracias a él eres la madre que hoy tu hijo adora y la mujer más empoderada, más informada, más consciente que hoy eres…

Nada en esta vida es al azar, tu hij@ y tu de alguna manera eligieron ese parto para aprender, sana tu herida, perdónate, perdónalos, y recupera ese momento como el maravilloso milagro que es que una vida/alma salga de tu cuerpo, cesárea o no, tu parto, mi parto, nuestros partos son la experiencia más luminosa y transformadora de toda nuestra vida, no fue como esperábamos? Tal  vez, pero fue la forma en que tu hij@ decidió llegar al mundo y sólo por ese hecho vale la pena perdonar, aceptar, sanar el alma y el corazón.

Mucha luz y amor!

Tara

 

 

 

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl