Aceptando mi cuerpo después de ser madre

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Una de las cosas que más nos cuesta superar de la maternidad es el cambio en nuestro cuerpo, esa piel suelta, esa barriga que nunca se fue, las estrías, la cicatriz de la cesárea, los pechos caídos, y así nunca más aceptamos nuestro cuerpo de madres.

En lo personal, cuando llegué a los 15 años tuve algún tipo de trastorno alimentario pues comía muy muy poco, para mantenerme delgada, nunca fui gorda, así que eso era una completa idiotez, y si subía un kilo dejaba de comer, tomaba mucha agua y caminaba harto, todo a escondidas de mamá, claro, y es que había que ser flaca para ser linda! Insisto, yo siempre he sido flaca, de hecho de niña me dedicaron amorosamente la canción de “mira como baila el esqueleto” por lo que los kilos nunca me sobraron.Pasaron muchos años hasta que logré sentirme feliz con mi cuerpo, verme linda frente al espejo, y sentirme linda tal cual era, así con muy pocos pechos, pero delgada, algo parecido al prototipo televisivo, aunque bastante más baja. Confieso que tengo la suerte de ser de ese porcentaje odiable que come, come y no engorda.

Todo bien hasta que quedé embarazada, y es que, a veces nos cuesta tanto aceptarnos como somos, con estrías, celulitis, rollos, mucho o poco pecho, un trasero que crece por si sólo, que cuando lo logramos, venciendo la constante publicidad de esta sociedad que siempre nos hace sentir feas… es un verdadero alivio, pero quedar embarazada en ese momento supone un desafío que no esperábamos… No es broma, quizás los hombres no lo entiendan, pero conozco mujeres que no quieren ser madres por miedo a cómo cambiará y quedará su cuerpo. Tremenda violencia simbólica del sistema que nos quita el instinto en post de un envase que “debe” cumplir ciertas normas para que esa mujer “encaje”.

Y bueno, quedé embarazada, mi hermana, tan amorosa, al momento de saberlo me dice “no te preocupes, yo no te dejaré engordar” Plop! Yo la miré extrañada… el peso no era tema, pero el cuerpo empieza a cambiar! Vaya que cambia, y el temor a las estrías es casi tan presente como los antojos o las náuseas, nos miramos al espejo y la cintura ya no está, sólo una panza que crece, pero como dentro está esa maravillosa criatura de alguna manera no importan esos kilos de más. Más aún si después del parto no quedaron estrías pareciera que todo salió bien…

Eso es lo que ve el resto, pero, lo que no saben es que nosotras demoramos meses, en reconciliarnos y reencontrarnos con este nuevo cuerpo, aceptar a esta nueva mujer cuesta tanto! Yo no me miraba al espejo los primeros meses de mi hijo! Me deprimía, mi pelo era una paja, de verdad parecía escobillón, jaja, suena gracioso, pero eso que parece tan sutil me deprimía mucho, una vez recuperé el peso, empecé a sentirme bien, pero oh sorpresa oh! No sólo bajé los 14 kilos que subí, sino que bajé más, mucho más… Quizás para otras mujeres eso sería espectacular, para mi no! Llegué a pesar 44 kilos, la talla 34 me queda aún gigante, me miraba al espejo, esta vez con el pelo alisado, y no me gustaba lo que veía, se me caía la ropa. y por supuesto, esos comentarios que son tan efusivos y siempre, siempre tan poco empáticos y faltos de tino… “estás raquítica, ese bebé te chupa todo, pero si se te fue el trasero, oye parecen unas hilachitas tus piernas”… Ok muchas gracias lo entendí, estoy flaca lo sé, pero es necesario recalcarlo así? Acaso no se les puede ocurrir que me siento mal, que me cuesta aceptarme, que apenas y me acostumbro a ser madre, estar a cargo de mi precioso hijo, con la soledad y todo lo demás, que con suerte me arreglo antes de salir, como para que más encima todos me recuerden con la “noble tarea de ayudarme” que me veo muy mal en este nuevo cuerpo!

Sé que esto es igual para quienes no han logrado bajar de peso, quizás peor, recuerdo que a una amiga le preguntaron en su trabajo “uy cuántos meses tiene de embarazo, y ella respondió, mi hija tiene seis meses, no estoy embarazada”. Todas hemos pasado, y pasaremos por estos comentarios, madres o no, y es que esta sociedad nos tiene a todas las mujeres tan insertas en prototipos patriarcales, que olvidamos nuestra feminidad, nuestro ser hembras, preocupadas de siempre vernos lindas para el resto… Y es en este punto donde acabo de cortar hilos hace un par de semanas, no importa lo que digan los demás, de verdad sólo importa lo que sienta yo, y sólo yo, aceptarme como mujer, como esa que está frente al espejo, sin pensar si podría ser mejor o no, sino sintiendo que esa figura, más redondeada, o más delgada, es una mujer completa, bella, maravillosa, madre además, creadora de vida.

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¿Cómo hacerlo? Dejando de ver televisión jaja, y no es broma, y no compararnos, hace tres semanas fui a comprar unos short con mi hijo para ir de paseo con la familia- ir de compras con un niño de poco más de un año es una locura, ya lo saben- me compré el short talla 14! Sí en sección infantil, fue el que tenía menos brillitos… Y luego mi hijo comenzó a botar colgadores de vestidos, y me pasó un vestido diciendo maaam maaaam, lo tomé para colgarlo y lo vi, wooow es hermoso! Muy parecido a lo que usaba antes de ser madre, entré al probador, mi hijo, sorprendentemente no se arrancó, me vi frente al espejo y dije wow! me veo bien!, ¿está soy yo me pregunté? Y dije, pero es demasiado ajustado y corto para una madre… como si las madres tuviéramos que vestirnos como abuelitas sólo porque somos madres, otro estereotipo patriarcal… me probé tres vestidos más ¿resultado? los compré, fueron tres, y gracias a eso me quedé sin dinero para mi durante el mes, pero les juro que valió la pena!

Me amo y me acepto como mujer y como madre 

Hoy me miro al espejo, me pongo uno de esos vestidos, me compré brillo labial después de casi 2 años, y un encrespador, me he puesto un collar, y me siento linda así, delgada, raquítica, con pechos un poco caídos, caderas más anchas, una que otra arruga incipiente en la cara, no me importa si me miran en la calle, o si ya no soy la chica que todos piropeaban, no me importa si ya no hay trasero que mirar, pues esta mujer que soy ahora, es la mejor versión de mi misma, pues ahora soy madre, y mis pechos así, son gracias a que alimento aún a mi hijo, y mi estado de “raquitica” es porque aún amamanto, y porque porteo a mi guatón de 12 kilos, y estoy orgullosa de eso. Orgullosa de quien soy ahora.

Cuesta reconciliarse, cuesta aceptarse, tengo queridas amigas que lloran cada noche porque su cuerpo no es suyo, porque esos “rollos” no las dejan en paz, porque no pueden ponerse bikini y se acerca el verano, porque esa herida de la cesárea se ve tan fea… Amigas, mujeres/madres. Aceptarnos es la base del amor,de la entrega, de la vida misma, si ya hemos atravesado por el túnel del puerperio, si nuestro cuerpo alojó a un ser vivo, si nuestros pechos amamantaron, si acunamos con nuestros brazos a nuestros hijos, si ese cabello rebelde se debe a que no podemos darnos duchas de 1 hora con crema de tratamiento,¿qué importa? más bien a ¿quién le importa? Te dirán quedaste gorda, te dirán estás muy flaca, te dirán uy tienes estrías, y todo eso no te hace ni más ni menos bella, la belleza viene del aceptarnos como somos, de querernos, de honrarnos, eso es lo que irradiamos, si estamos muy flacas o muy gordas no es el tema, lo importante es si nos amamos, pues si amo mi cuerpo así, me veré a mi misma linda y el resto lo percibirá, y también lo hará tu pareja, aceptar la que somos ahora, nos permite vivir con intensidad nuestro ser mujer y nuestra sensualidad y sexualidad, sentirse linda, vestirse linda, sin pensar en el que dirán, o en el ya no soy la misma, claro que no lo eres! Yo tampoco lo soy! Bendita la hora en que mi hijo me eligió y me olvidé de sacarme fotos posando con mi mejor perfil para parecer siempre “mina”, que alivio poder ser yo misma, mujer, madre tierra, madre!

Nunca amé tanto mi cuerpo como ahora, nunca me sentí tan sensual como ahora, con esos granitos en los brazos que nunca tuve y estos kilos de menos que no se recuperan con nada, me demoré más de un año en re encontrarme y re enamorarme de quien soy, de este nuevo cuerpo sabio y maravilloso, y ahora que me re acepto y me reinvento como mujer, me siento más luminosa, más vital, menos cargada de prejuicios externos, no necesito ninguna palabra, soy yo mujer/madre/diosa, muy flaca en mi caso, sí es verdad, pero así me quiero, así me amo, así me dejó ser madre de un niño, y estoy segura que así mismo me quiere mi pareja…

Las invito a aceptarse, es un largo camino, pero no hay opción de no tomarlo. Somos todas diosas, como la diosa Tara, una figura femenina de Islas Canarias, honrada y venerada como ícono de la sensualidad y la fertilidad, de caderas anchas y redondeadas, con un vientre un poco suelto, porque es madre, porque es vida, porque es mujer.

Como siempre mis cariños y mucha luz a cada una.

 

Tara

 

 

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl

3 comentarios

  1. Realmente agradezco tus palabras! !! Yo he sufrido mucho por mi delgadez. Ella se produjo luego de tener a mi primer hijo. Eso fue hace casi 18 años. Quedé con 42 kilos! Ahora tengi un bebé de 7 meses y estoy haciendo un gran esfuerzo p no volver a adelgazar tanto. Actualmente peso 46. Mi cuerpo cambió luegp de mi primera maternidad. Es bueno saber q no soy la única

  2. Me pasó lo mismo después de mi primera hija. Ahora después de la cuarta me ha pasado al revés he ganado 10 kg que no se van… En fin, tus palabras se agradecen. Saber que hay alguien que siente lo mismo, saber que somos mujeres y que alguien nos recuerde mirar al frente y no al suelo es bueno. Gracias y exito con esta hermosa maternidad.

  3. Yo siempre he sido flaca sin curvas, en el embarazo estaba feliz porque ha sido la unica vez en que tuve lindas curvas. Después recuperé mi peso pero con la lactancia materna también bajé muchisimo. Cuando ese periodo terminó, me dispuse a subir un poco de peso, aparecieron las intolerancias alimentarias…a los 46 kilos de nuevo, comprando talla 16.