¿Qué pasa con los niños en la separación de los padres?

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Por Ps. María José Gasc

Como ya he mencionado antes, somos los mamíferos más inmaduros al nacer, pero además somos una especie sumamente dependiente del contacto con los otros; nacemos en una familia y la sociedad mezclada con un impulso natural de nuestra especie, nos hace anhelar salir del nido para formar el nuestro junto a un otro.

La vida en pareja es algo natural, normal y de lo cual formamos parte a lo largo de nuestra vida, siendo testigos de las parejas que nos han rodeado desde que somos pequeños, hasta las parejas que hemos formado a lo largo de todo el ciclo vital.

Algunos autores consideran, que una de las características que diferencian al adulto del adolescente, es la independencia tanto económica como emocional de los padres, consolidándose esto, la mayoría de las veces en el matrimonio o la convivencia con una pareja. De esta manera, ya no somos dependientes de nuestros padres, somos autovalentes, aunque en realidad lo que ocurre es que cambiamos nuestra figura de apego y hemos decidido formar nuestra propia familia, la cual podría traer más integrantes; los hijos.

La mayoría de las personas, cuando decimos casarnos o irnos a vivir con nuestra pareja, lo hacemos pensando en que será “para toda la vida” o por lo menos por mucho tiempo y esa seguridad no solo la tenemos nosotros con nuestra pareja, sino que además es un mensaje transmitido (intencional o no) a nuestros hijos.
¿Pero qué pasa cuando la pareja se quiere separar?, ¿Qué respuestas tenemos para explicar que aquello en lo cual creíamos fehacientemente se ve quebrado y disuelto?

Cuando somos padres, la primera preocupación que nos surge a la hora de tomar la decisión de separarnos de nuestra pareja, son nuestros hijos. Tememos que ellos sufran, que nos culpen, que tengan “trancas” en el futuro o que vuelvan a cometer nuestros errores, y en parte, algo de esto sí sucede.

A pesar del dolor y las explicaciones que nos podemos dar a nosotros mismos, sobre las decisiones que estamos tomando, es importante que entendamos que los niños siempre van a preferir ver a sus padres juntos. Es parte del cuento que le han contado sus mismos padres, las películas con finales felices, sus abuelos, el jardín, la escuela.
Si bien hay niños que se ponen celosos cuando ven a sus padres de la mano o darse un beso, la realidad es que siempre van a preferir que ellos estén juntos y sobre todo vivir con ambos en la misma casa; ya que de esa manera tienen un continuo de ellos en el día a día.

Sin embargo, eso no implica que tengamos que vivir con nuestra pareja a pesar de vivir un infierno SOLO por que existen los niños, ya que eso podría dañar profundamente la salud mental de ellos. Como padres también somos modelos de aprendizaje y todo lo que ellos ven en nuestra dinámica de pareja es un potente mensaje de “cómo ser pareja”, entonces bien, “NO nos separamos aunque nos odiemos porque tenemos hijos y ellos sufrirán” es un doble discurso que no solo los perjudica ya que les estamos enseñando a vivir al lado de un otro aunque seamos infelices, sino que además los estamos cargando con una tremenda responsabilidad que muchas veces termina en culpa y mas tarde escuchamos frases como “yo habría preferido que mis papás se hubieran separado”.

Fin de la pareja, pero siguen siendo padres y equipo

Pero resulta que cuando tenemos hijos, no solo somos padres, también somos pareja; por lo tanto la primera distinción importante es la diferencia entre la pareja parental y la pareja conyugal; donde la primera es la responsable en todo ámbito de la vida de su/s hijo/s, mientras que la segunda es aquella que se vincula de manera amorosa y sexual. Cuando los padres deciden separarse, quienes en realidad se están separando es la pareja Conyugal, por lo tanto esto no debiese (en un mundo casi perfecto) afectar a la pareja parental, pero ¿Es posible que eso ocurra?, ¿Es posible que la separación/quiebre de la pareja conyugal no afecte en la pareja parental? La verdad es que al comienzo es muy difícil que esto no ocurra, ya que estamos hablando de las mismas personas y además bajo emociones sumamente intensas.
Este es un punto crucial para poder enfrentar la separación de la mejor manera posible, ya que logrando hacer una buena separación de los roles y logrando hacer equipo, podemos bajar los niveles de ansiedad, tanto en los niños como en los adultos.

Es fundamental que los niños perciban que sus padres son un equipo y no enemigos que pelean y luchan por el amor de ellos, por el dinero, por la casa, por los amigos, por las lealtades y por culpar al otro; los niños deben sentir que si bien hay un quiebre a nivel familiar, la seguridad que sienten en relación a sus cuidadores no se ve amenazada; ¿Pero como se hace eso? Y es que es muy difícil, porque como mencionaba, la separación conyugal conlleva muchísimas emociones que nos hacen actuar desde lo mas primitivo de nuestro ser.

Lo primero que hay que tener en cuenta, es la historia de la separación. Ambos padres deben estar de acuerdo en el relato que le van a contar a sus hijos, las razones o motivos que ellos estimen convenientes, tomando en cuenta la edad y que lamentablemente estamos contando un cuento que probablemente no tiene un final feliz, sin embargo podemos trabajar para que la narración sea clara, precisa y lo menos angustiante posible para ellos, aunque para nosotros sí lo sea.
Si nosotros nos sentamos a leer un cuento que nos asusta a nuestros niños, nuestra cara será de espanto, y probablemente el tono afectivo con el cual lo leamos, logrará transmitir casi en espejo nuestras emociones y dejarlas plasmadas en ellos, lo mismo ocurre cuando les contamos sobre un cuento que nos gusta; ellos pueden ver nuestro entusiasmo, nuestras emociones y tranquilidad al contar el cuento (aunque en el cuento exista un lobo feroz). Con esto no quiero decir que tenemos que contar un cuento falso o que tengamos que estar riendo mientras relatamos algo que para todos es triste, pero es muy importante que la narración sea tranquila, con un tono de voz adecuado y siempre estando disponible para poder contenerlos a ellos. Sabemos que es un cuento mas bien triste, pero podemos, de alguna manera (incluso en los peores casos) entregar cuerpo, espacio, tiempo y sobre todo respuestas.

 

Nunca hablar mal del otro

Para lo anterior, sugiero básicamente tres ideas; en primer lugar mamá y papá deben hablar antes y ponerse de acuerdo en lo que ambos vallan a decir, independientemente si es que van a hablar por separado con su/s hijo/s. En segundo lugar, NUNCA MENTIR; siempre decir la verdad, con un lenguaje simple y sobre todo sin abrumar a los niños o entregar detalles innecesarios. Y por último, es fundamental para la salud mental de los niños, que JAMÁS se hable mal de algún padre, incluso en aquellos casos donde nos pueda parecer evidente quién es el mayor responsable o quién ha dañado más.

Cuando ya le hemos contado la historia de la separación… ¿Qué les pasa a los niños? Les da mucha pena, pena por que el papá se va de la casa, pena porque ve las caritas de pena de sus papás y pena porque si es que son mas pequeñitos, pueden tener temor a perder el amor de alguno de sus padres, y ahí empiezan preguntas como “Pero papito ¿vas a seguir siendo mi papá?… ¿Me vas a seguir ayudando con las tareas de Inglés?… ¿Y cuando vas a volver?” y así muchas preguntas que nos rompen el corazón, pero entendamos que en esos cerebros pequeños, inmaduros con un pensamiento mas concreto, no cabe la razón lógica de comprender que Papá, aunque no viva más conmigo seguirá siendo Papá, por lo tanto hay que dejarlo claro.

Nos parte el corazón cuando los escuchamos pedir deseos, rezar o soñar con una reconciliación de sus papás, pero entendamos que la ilusión es normal, nuestra tarea es acoger con amor y respeto, haciéndoles entender que no va a ocurrir eso, de una forma clara y sin dejar espacios blancos, ya que los niños cuando no tienen el panorama completo, rellenan con fantasía, y no siempre es la mejor compañera.

Lealtad y triangulación

Es normal también que los niños sientan de alguna forma que deben ser leales a sus padres, lo cual les genera un gran conflicto cuando mamá y papá han mostrado una permanente rivalidad y las agresiones y culpas van de un lado a otro, ya que los niños no saben con quién ser leal, ya que siendo leal a uno, son desleales al otro. En este sentido es fundamental estar atentos si es que notamos que algo así está ocurriendo, por que podría ser síntoma de que nosotros como padres hemos estado hablando mal del otro o viceversa.
Estos errores son muy frecuentes, al igual que la triangulación con los niños; “Dile a tu papá que me deposite”… “Dile a tu mamá que el sábado los voy a pasar a buscar mas tarde”… “Pregúntale a tu papá si es que ya pagó el colegio”… etc. La comunicación debe ser entre los adultos, jamás usar a los niños como mediadores para comunicar al otro algo que queremos decir, ya que la triangulación, no hace mas que dañar a los niños, y ellos no son responsables de que la relación de pareja haya fracasado; los niños necesitan padres amorosos, sensibles y respetuosos, que estén de acuerdo en los límites y en los estilos de Crianza, ya que ellos necesitan ambientes predecibles donde se puedan sentir seguros y tranquilos de que en cualquier lugar es el “mismo sistema de cuidado”, ya que de lo contrario comienzan las confusiones como que la casa de mamá es la casa de hacer tareas y la de papá es la divertida; La idea es que en ambas el niño se divierta y haga tareas.

Finalmente, si queremos proteger a nuestros hijos y nuestras intenciones apuntan a que el proceso de la separación lo vivan de la forma “menos dolorosa”, tenemos que saber que cualquier cosa que dañe el vínculo con alguno de sus padres, los daña a ellos; si bien muchas veces las separaciones conllevan emociones negativas o poco placenteras y además estamos sesgados en cuanto a la imagen de nuestra ex pareja, eso no implica que sus falencias como pareja sean proporcionales a sus habilidades parentales; es decir, un “mal marido” no necesariamente será un “mal padre”, así como los problemas conyugales no deben ser resueltos jamás a través de la parentalidad; si la madre se enoja con su ex marido debe solucionarlo desde esa dinámica, es decir ella debe solucionar sus problemas con su ex marido, NO con el padre de su hijo, por lo tanto, castigar a la ex pareja con los hijos (por ejemplo; restringir las visitas), no hace mas que dañar a los niños.

Es un proceso muy doloroso que implica vivir un duelo a nivel familiar, reestructurar la dinámica, establecer un nuevo orden y tantas otras cosas más. La invitación es a pensar, pensar y pensar antes de tomar decisiones, buscar ayuda y agotar todos los recursos, y una vez tomada la decisión podemos empezar a trazar líneas sobre la historia que le vamos a contar a los niños.
La separación es un tema que nos involucra a todos de una u otra forma, nos toca, nos remueve, nos sensibiliza, incluso nos anestesia; la sociedad entrega el mensaje de la vida familiar como una estructura donde Mamá y Papá viven bajo el mismo techo… y si pensamos en todo lo anteriormente dicho, a los niños esa realidad sí los hace feliz, pero siempre y cuando Mamá y Papá se quieran y respeten. Las familias perfectas no existen, pero podemos crear un ambiente lo más sano posible para nuestros niños, la decisión es personal y abarca generaciones enteras; no me compete emitir juicios de valor, pero sí me compete como mujer, madre, esposa, hija, hermana y psicóloga velar por la salud mental y bienestar de todos, en especial de los mas pequeñitos; Los planes trazados no siempre llegan hasta el final, pero la vida es buena y podemos redefinir esos planes, buscar alternativas… quizás no seguiremos navegando todos en el mismo barco, pero podemos ser compañeros, y sentir que el barco de al lado está… esta para acompañar, para iluminar cuando el camino se ponga mas oscuro ó para abastecer cuando estemos quedando secos; veamos al barco vecino como un apoyo; seamos equipo y no enemigos.

María José Gasc
Mamá y Psicologa
Formación en Parentalidad Positiva, Apego y Salud Mental Infantil
www.apegocrianza.cl 

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Acerca del autor

Kinesiólogo. Máster en técnicas osteopáticas estructurales. 5to. año de Osteopatía en Escuela de Osteopatía de Madrid (EOM). Diplomado en Auriculoterapia China. Nivel I Terapia Craneosacral (Upledger Institute International) Kinesiólogía Holística Aplicada.

4 comentarios

  1. Encuentro muy interesante el articulo, estoy pasando por esa situacion en este momento y mi pequeño tiene tan solo 1 año 2 meses, igual he visto cambios en el y eso duele mucho, yo trato de darle todo mi amor y tiempo, claro en la medida que mi trabajo me lo permite, pero el padre es trabajolico y lo ve muy poco durante la semana o llega cuando el niño esta listo para irse a la cama, como hago que el se de un tiempo a la semana, aunque sea un dia para salir mas temprano y compartir con su hijo, bañarlo y jugar con el ????

  2. Querida Karen!
    Gracias por compartir tu experiencia!
    El tema de la separación no es fácil de manejar! Ya que todos reaccionamos distinto… y la pena, rabia y frustración la manejamos según las herramientas con las que contemos desde antes.
    Entiendo tus ganas de que el papa de tu hijo comparta más tiempo con el! Pero hay que ver que es lo que le pasa a este papá? Será que aún está muy interferido emocionalmente con la separación como para relacionarse más tiempo con su hijo? Cómo era la relación de ellos antes de que el saliera de la casa?
    Hay muchas intervenciones que se pueden realizar para fortalecer el vínculo de tu hijo tanto con su papa como contigo! Aunque estén separados! Y para empezar ahí es muy importante hacer la diferencia entre la separación de la pareja conyugal de la parental! Así como también es fundamental contar con las ganas de ese papá para fortalecer el vínculo y desarrollar o potenciar sus habilidades parentales.
    Si necesitas mas orientación, me puedes contactar a mi correo electrónico gasc.majose@gmail.com y agenda una hora.

    Abrazo fuerte y ánimo!

  3. Mi cituacion es complicada sobre todo cuando uno de los dos se queda amando al otro. Mi hijo tiene 2 años 9 meses y yo dejo que se lo lleve una vez a la semana ya que el no quiere entrar a mi casa. Le pedí que lo viera mas y dijo no!! Esta es tu casa ahora y yo no quiero estar aquí con mi hijo. A mi igual me complica verlo muy seguido.

  4. Yo soy padre de una.niña de 3 años, me separe cuando ella tenia 1 año y meses, desde ese momento se armo una guerra con la madre de mi pequeña no me dej visitarla esta inubicable tengo todo por el juzgado pero ella no se presenta y las veces que fue solo hizo acusacciones falsas hacia mi y mi pareja. Hoy llevo 3 meses sin verla,ni saber de ella y me preocupa tanto e pedido ayuda a todos lados tengo un abogado, mi hija se nota confundida las ultimas visitas ella hacia preguntas y a su corta edad me duele ver que no puedo hacer nada mas que esperar respuesta de la ley. Espero Que su madre no la confunda mas de lo que esta, hasta su apellido cambio ahora mi hija dice el apellido de su pareja actual. Solo me queda esperar.

¿Qué opinas?