Que la súper mujer no se coma a la mujer

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Desde que somos niñas se nos exige ser perfectas. Copiamos los cánones de belleza del mercado, nos influencian nuestras madres y las mujeres que nos rodean, las que siempre parecen ser perfectas ¿Acaso es que por ser mujeres estamos destinadas a parecer esfinges griegas más que humanas? Tan pronto dejamos los juegos y las muñecas queremos ser grandes, llega la adolescencia, adolecemos de todo, nos revelamos, imitamos o seguimos la corriente, de una u otra forma nos vamos construyendo, definiendo, conociéndonos y armándonos con cierto molde y estructura, una pauta marcada por las historias familiares, los entornos, las vivencias, que de a poco nos van diferenciando hasta llegar a ser una mujer única, con virtudes, talentos, defectos, carácter, etc. Para bien o para mal, para el gusto de una o del otro cada una es como es. En esa unicidad comienza la construcción de nuestra historia como adultas, como mujeres independientes, autovalentes, profesionales, trabajadoras y perfeccionables. En un abrir y cerrar de ojos pasamos de aprender a caminar a descubrir el mundo, a sociabilizar, a mirar al sexo opuesto, a relacionarnos emocional y físicamente con el otro, a valorarnos, a educarnos, a soñar con nuestro futuro, con cómo queremos que sea nuestra película, con qué tipo de mujer y madre queremos ser, y en el camino nos damos portazos al enterarnos en primera persona, que la lucha por esa esperable perfección trae más frustración que alegría, que esa mujer perfecta que se espera de nosotras no es más que otro gran invento de mercadeo. Lamento desilusionaras pero es así, ya que la perfección en el plano en que nos relacionamos cotidianamente no existe, porque siempre dependerá de cómo el otro, a través de sus sentidos y experiencias, perciba nuestra realidad. Nuestra perfección viene de nuestro espíritu, de nuestra alma, de esa esencia femenina que no lucha por ser perfecta, porque ya lo es.

Hasta ahí la historia está relativamente escrita y vamos de la mano guía de nuestros padres, profesores y la sociedad. Hasta que un mágico día cambia todo. Cambia cada célula y se generan millones más, para transformarnos en madres, el único título que primero se recibe y después se cursan los ramos, con exámenes a diario y presión continua. Ahora una es la guía, pero a la vez necesitamos estar acompañadas, recibir ayuda y hacer tribu ¿Soy guía o discípulo? Una parte nuestra nos dice que las hagamos todas, otra pide contención y es más vulnerable y a la vez más fuerte que nunca antes. ¿Qué paradoja? Algunas mujeres lo viven antes, otras después, pero la mayoría es a través de la maternidad que comienza a preguntarse quién soy, quién quiero ser, dónde estoy y hacia dónde voy, preguntas que sólo se contestan viviendo en el ser y el estar, en nuestro caso en el ser y estar como mujeres, como diosas que somos. Cuando llega la maternidad, llega con todas sus luces y sombras la hembra imperfecta perfeccionable, por primera vez nos vemos desnudas de cuerpo y alma, nos vemos y nos conocemos imperfectas y diosas. El trabajo es aceptarlo y vivirlo, no ocultarlo porque es más lindo y aceptado parecer perfecta.

Ser madre es, para todas las mujeres sin importar edad, condición social o civil, un nuevo punto de partida, un lugar que para ser ocupado hay que perderse para encontrarse, enfrentarse para superarse y muchas veces no podemos darnos el tiempo, para muchos “el lujo” de vivir estos procesos que para las que aún no saben son propios a la naturaleza de la maternidad, nace un hijo, nace una madre! Y ahora siendo mujeres-madres nos enfrentamos al nuevo estereotipo al que debemos llegar a ser, y entramos en el camino de ser la súper mujer, que todo lo hace, que todo lo puede, que es una mujer-madre-multitasking, donde se debe alcanzar un CV propio de una súper heroína, que tenga un día de 36 en vez de las 24 hrs reales que este tiene. Es cosa de ser sinceras y auto observarnos, muchas veces no disfrutamos porque no alcanzamos a hacerlo. Cuánto nos cuesta guardar el celular para compartir una copa de vino o jugar con nuestros pequeños sin estar preocupadas de que la comida se quema, para qué hablar de decir que estamos pésimo, mal genio y que con suerte logramos soportarnos a nosotras mismas, porque no hemos dormido en una semana ¡Cuánto cuesta! Porque no sólo somos multipropósito, sino que debemos estar siempre preparadas, disponibles y además con una sonrisa. ¿En ese agote quién puede sentirse plena y feliz? De hecho sucede lo contrario a la felicidad, se secan nuestras raíces, se esconden nuestras alas, se endurece el corazón y sentimos que caminamos solas.

Hoy la mujer debe ser capaz de llevar la economía del hogar, de ser la esposa/pareja que mantenga la comunicación y la pasión, que se preocupe por su familia, amistades, entorno y comunidad, supervisar a la nana, al jardinero, velar por los cuidados desde el perro, las plantas, los hijos, etc, y a eso ahora también hay que ser madres 4×4, donde hay que tener habilidades pedagógicas, psicológicas, de enfermera, transportista, jugadora de todos los deportes y juegos, cocinera, organizadora de eventos, la lista puede ser infinita, y a eso sumarle la excelencia con la cual debe realizar su trabajo profesional, es decir, ser todo lo que éramos antes más todo esto nuevo en el que se incluye ser “buena madre” o al menos una madre competente.

Somos nosotras mismas las que nos vamos poniendo mochilas o al menos aceptamos llevarlas, porque seguimos en el molde que nos da la sociedad, la tradición familiar, el entorno, y es así que ya no sólo debemos vernos guapas y sexys y estar impecables, aunque las ojeras y los pechos ya no sean los de antes, y los tacos sean una tortura porque corres para todos lados todo el día, para hacer todo lo que tu casa, tu trabajo, tus amigos, comunidad, mascotas, pareja e hijos necesitan de ti, y lo más increíble es que lo logramos y destacamos con excelencia académica en ser la súper mujer y mamá, y cómo no hacerlo si todos cuentan con que lo seamos, de esa forma se ha dormido nuestro entorno, fuimos nosotras las que lo permitimos, porque comenzamos a hacerlo todo, porque no queremos defraudar a nadie, pero sin querer nos vamos defraudando de nosotras mismas. ¿Por qué lo permitimos? Porque se escuchan los aplausos, porque hacer mucho para afuera es más y mejor visto que hacerlo para adentro, y así alimentamos el ego en vez del espíritu, al escuchar que todos dicen “no sé cómo lo haces, cómo te alcanza el tiempo”, pero nadie te pregunta ¿comiste?, ¿dormiste?, ¿has hecho algo por ti, por tu espiritualidad, por tu esencia femenina que te reafirme como mujer además de las mil tareas que haces a diario? Si contamos con una pareja más elevada y consciente tendremos un apoyo enorme, sino seremos nosotras las que deberemos re parirnos y re criarnos, porque la mujer es la luz interna de todo núcleo, la que deberá iluminar ese espacio, traer sanación y calma. Porque la verdadera súper mujer es la que se conoce y reconoce como es, como mujer leona y pájaro caído, que hace más cosas para mantener la paz de su alma y su entorno y menos por aparentar que todo está “bien”.

Seamos honestas, cuándo fue la última vez en que nos alejamos de todo, nos desconectamos de todo, nos reencontramos con nosotras y nos preguntamos ¿qué necesito yo de mí para hacerme feliz y estar en paz? No hay tiempo, de lunes a viernes se corre entre los niños, el banco, el trabajo, el supermercado, el mall, el gimnasio, las labores domésticas, que la comida esté rica y servida para nuestras familias, que se contesten los mails y los whatsapp, y el fin de semana hay que hacer todo lo que no se alcanzó a hacer en la semana, más tratar de disfrutar un poquito la vida, haciendo panoramas con los niños, comunicarse y tener algo de vida en pareja, juntarse con amigos, y con mucha suerte ver una película, darse un baño de más de 10 minutos, ir a la peluquería o dormir una siesta. Y como somos mujeres y tenemos un potencial renovador increíble, (demos gracias a nuestro cuerpo por cada ciclo menstrual que nos permite esa renovación) probablemente lleguemos a hacer con algo de amor todo lo que se nos demanda, pero en el camino esa súper mujer se va comiendo a la mujer, a la hembra que es persona y humano espiritual antes que otra cosa. No sólo es algo necesario para nosotras mantener viva a la mujer por sobre la súper mujer, sino que para todos los que nos rodean, en especial para la pareja y los hijos, quienes se nutren de nuestra esencia femenina como un camello lo hace de agua en el desierto.

Si no contamos con esa quietud y conexión femenina cómo la podremos dar. La mujer en esencia es una fuente receptora, necesitamos recibir para dar, pero también debemos dejar espacio para recibir energía antes de compartirla. Saquémonos de la cabeza la idea de relegar y dejar para el último, hasta que desaparece de la Do List, todo lo referente al ser mujer, si no place o va en bien de otros, porque no está el tiempo o la energía para nutrirnos, para salir de la vorágine, para recibir de otros y dejar la perfección impuesta, para decidir hacer menos, pero más feliz y consciente de lo que hacemos en calidad más que en cantidad. Ser multitasking sin propósito es ser una computadora, y dejarnos para el último es un boicoteo que a largo plazo nos pasará la cuenta. En algún momento puede caerse todo y puedes dejar de reconocerte, porque te perdiste en el ajetreo diario, haciendo tanto te olvidaste de ti.

Para muchos una vez que salimos del colegio, de la universidad, del registro civil y de la clínica con la guagua, la tarea está hecha, ahora ya no hay más propósito como mujer más que desempeñar esos roles ¿pero qué pasa con los procesos internos, con la superación y crecimiento personal? Sí, es verdad, las experiencia sociales e interpersonales nos van haciendo crecer, pero las mujeres somos lunares, tenemos fases y la vida actual, la súper mujer no puede tener su fase creciente, llena, menguante y nueva sin dejar de lado el ritmo de afuera. Hay que hacer ese corte hacia afuera y sintonizar con el ritmo de adentro, lo que es imposible si se está corriendo todo el día. Si una mujer dice me quiero comer una barra de chocolate y quedarme en la cama porque tengo mi luna y necesito este momento sagrado de renovación, a todos y cada uno de los que la rodean se les cae el pelo!

En nuestros tiempos y cada vez más las mujeres decidimos tomarnos un tiempo para cultivar la espiritualidad, volver al centro, caminar hacia adentro, unirnos al ser y la esencia femenina que está inscrita en nuestra alma, en nuestro ADN, para conectar con el poder de ser mujer que no es ser perfecta ni hacerlas todas, es asumirnos como somos, imperfectas, a veces incompetentes y malas alumnas para algunas asignaturas, y sobre todo entender que no hay una competencia voraz por quien hace más y mejor las cosas. Por qué digo esto, porque si en algún momento alguien nos pregunta y ¿tú qué eres? automáticamente se nos salen los títulos, el cargo en la pega, la cantidad de hijos que tenemos y todo lo que posiblemente pueda demostrar cuán perfectas somos y lo bien que lo hemos hecho. Una y mil veces escuche de muchos hombres y mujeres  decir “bah las mujeres se arreglan para las otras mujeres” y está claro que no dista de la realidad. Consciente o inconscientemente competimos entre nosotras para demostrar o aparentar quién es mejor, cuando lo esencial es ser nosotras y de eso sacar lo mejor, primero para una y luego para los demás. Apoyarnos, valorarnos y respetarnos como mujeres, y entre mujeres, hará de este mundo un mejor lugar para todos. Pero sí que es difícil! es difícil, porque que aún no soltamos ese juego de poder femenino, aún no re establecemos el camino donde hay matriarcas unidas en amor y sabiduría por el crecimiento de sus tribu, porque cada vez las mujeres estamos más ocupadas compitiendo entre nosotras, mas que preparándonos para escuchar nuestro sexto sentido, nuestra intuición femenina.

Es por eso que llegué a preguntarme ¿dónde han quedado esas maravillas que nos hacen ser mujer? ¿Cuantas veces ser una súper mujer se come a la verdadera mujer que somos? A la mujer vulnerable con necesidades y procesos propios, con algo más, mucho más allá de lo que todos ven en el día a día sobre qué soy, tengo y hago, para llegar a la pregunta sobre quién soy, qué tengo, qué hago y para qué.

Tenemos que entender que ser buena madre y buena mujer, no es ser la súper mujer que nos pintan los medios, aceptar que en esencia somos mujeres y reconectar con esa sabiduría ancestral es fundamental para vivir los procesos completos, sin buscar aprobación ni validación de nadie más que de nuestro instinto y consciencia, a la cual nos hemos ido cerrando por abrirnos paso al mundo exterior. A veces es bueno y sano ir para adentro, tener un momento ahá, ese click o ampolletazo que viene del silencio y la oscuridad. Es necesario buscar tranquilidad, soledad y desconexión para encontrar conexión. Es un precioso regalo que todas nos debemos hacer, para renacer a la mujer y dejar descansar a la súper mujer. En estos tiempos es cada vez más necesario que despertemos a la primera y dejemos dormir a la segunda, especialmente por el bien de nuestros hijos, es decir del mundo entero.

Bendiciones y amor de humana espiritual, de madre, de mujer!! como muchas en rehabilitación del multitasking.

IMA

Sally Gabor

Mamá de Emma

Periodista

Kabbalista

Terapueta de Reiki Usui

Acerca del autor

Mamá, Psicóloga Clínica - Psicoterapeuta. Terapeuta Floral Acreditada y terapeuta complementaria. Atención individual y parejas. Especialidad en Autoestima-autocuidado, duelo gestacional, maternidad, sueño infantil. Terapias, talleres y círculos de mujeres en Rancagua. www.psicologiayflores.cl

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