Porque las madres también somos mujeres, volviendo a la hermandad

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Por Jenny Bruna Jara

Directora Mamadre

Es cierto, no todas las mujeres son madres (y no tienen porque serlo si no lo desean), pero si TODAS las madres somos mujeres, y como tales seguimos necesitando-ahora más que nunca- lo mismo que las otras mujeres: amor, cariño, respeto, comprensión, caricias, amigas que nos digan que aún nos vemos lindas cuando nosotras no logramos vernos así frente al espejo, hombres que nos amen sin condiciones, chocolates para los días de estrés y una grata conversación libre de prejuicios con nuestras pares, ya sea junto a un café, un jugo o un mojito cubano.

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Y sí también seguimos deseando independencia, ser grandes profesionales, viajar y tener nuestro espacio, sólo que nuestras prioridades han cambiado, porque nosotras hemos cambiado, porque un nuevo ser depende de nosotras, porque estamos enfrentadas ahora sí y sin posibilidades de evadir a la gran tarea de amar sin límites y de conocer y abrazar nuestras sombras.

Miles de mujeres a lo largo de la historia del mundo han luchado, al punto de dar su vida, para que nosotras tengamos la libertad de hoy, cuantas como Florita Tristán no dieron batallas a costa de su propia integridad por liberarnos del yugo opresor del patriarcado y mostrarnos que como mujeres somos capaces de todo, seres completos, diosas, libres y salvajes, dulces y sabias como la misma madre tierra. Hoy en Chile somos las que movilizamos al país, la mayor fuerza laboral, estamos en todos los aspectos, públicos y privados, liderando, comunicando, re inventando, creando…

image imagePero ¿qué pasa cuando esas mismas mujeres nos convertimos en madres? ¿Acaso el dar a luz a un hijo/a no es la mayor creación de nuestras vidas? O incluso el mayor acto de rebeldía contra un sistema androcéntrico que nos sigue amoldando según sus necesidades…. ¿Por qué entonces las mujeres que devenimos en madres nos vemos aisladas y condenadas por nuestras propias compañeras de camino? ¿En qué momento madres y mujeres nos convertimos en enemigas? ¿O es acaso que la maternidad se vuelve una ofensa al modelo de mujer independiente y liberal del siglo XXI? ¿Será que cambiar un pañal, dar el pecho, dormir poco, hacer papillas y saber medir la fiebre con un beso nos vuelve menos hembras, menos libres, menos mujeres?

Las mujeres/madres estamos siendo condenadas a criar en soledad, o en su defecto dejar lo más rápidamente posible al niño en la sala cuna para que “vuelvas a ser tú y dejes de postergarte y humillarte en casa” y así regreses pronto a la vorágine del trabajo, el happy hours, la vida nocturna y las penas de amor… Pero, ¿se posterga realmente la mujer/madre? ¿Me postergo yo? ¿Tiene realmente la mujer/madre ansias de dejar a su bebé que parió de su propio cuerpo, lo más rápido posible a cargo de otros, o es la sociedad la que nos hace creer eso? ¿Quiere/puede esa mujer/madre ” volver” a ser la de antes? A alguien se le ha ocurrido preguntarle si ¿es feliz en este dichoso y luminoso estado de la maternidad?

Pues de seguro no, todos creen que la mejor manera de ayudar- en el caso que realmente necesitáramos ayuda- a una mujer/ madre es despegándola pronto de su hijo/a y reinsertandola lo antes posible en su vida pasada, así vuelve pronto a ser mujer… Estas actitudes tan poco conectadas puedo llegar a comprenderlas si viene del Gobierno, del empleador, de un hombre, pero NO lo comprendo cuando es una mujer la que presiona, discrimina o critica a una madre, simplemente porque seguimos siendo mujeres, porque por décadas hemos batallado para que se nos acepte tal y como somos, porque no comprendo ¿dónde quedó la solidaridad de género? ¿Qué pasa con la lucha que dieron tantas mujeres (que por cierto en su gran mayoría también eran madres) acaso no aplica para las madres?

No existen políticas públicas dirigidas a la mujer en su estado de madre, “no podemos apoyar a las madres abiertamente porque sino el resto de las mujeres se ofende” confesaba en una sobremesa una alta funcionaria de SERNAM hace un par de meses, en vez de crear circulos de apoyo a la maternidad creamos más salas cunas, en vez de fomentar lo poco que se hace para la mujer/ madre cerramos lo que ya existe- el actual Gobierno dio por terminado un fono de apoyo a la madre de SERNAM- en vez de luchar por espacios públicos aptos para madres con sus hijos (con mudadores y sillas para bebés) las miramos feo cuando un niño caminando interrumpe nuestro almuerzo, en vez de apoyar a la mujer/madre que lucha por dar pecho a pesar de los pezones rotos, las discriminamos, las sacamos de lugares públicos porque “hay gente comiendo”, relegandolas inevitablemente al hogar, único lugar donde los hijos parecen no molestar.

Y lo peor de todo es que quienes más discriminan y critican son las otras mujeres, esas que aún no son o no pretenden ser madres, son las mujer exitosas profesionales, típico modelo independiente de nuestros días (del cual una vez forme parte) las que miran con recelo a una madre amamantando, las que reclaman por el llanto de un bebe, las que fustigan con la mirada ante una pataleta, las que comentan con propiedad sobre ese niño no debería estar en un restaurant; son también esas amigas que te ponen un últimatum ” o llevas a Juanito a una sala cuna de aquí a seis meses o no te hablo más”, “déjalo jugar sólo no le pongas atención preocupate de ti”, ” pero cómo no te has alisado el pelo ni maquillado un poco antes de salir, si no te cuesta nada” ¿Nada? ¡Si supieran lo que cuesta!

Una vieja amiga que dedicó su vida a trabajar por y para las mujeres que sufrían violencia intrafamiliar me decía “machismo empieza con M de Mujer” y es que a veces no nos damos cuenta de como nos volvemos en rebaño adormecido y atacamos a nuestras hermanas por el simple hecho de ser madres, como si la maternidad fuera la peor sombra que ninguna quiere enfrentar, como si las madres fuéramos débiles, mujeres a las que hay que salvar… Y quizás en cierta medida hay que salvarnos, evitar que seamos diferentes y nos atrevamos a encontrar nuestra propia luz, es precisamente gracias a la maternidad que muchas mujeres son lo que son hoy en día, muchas de nosotras encontramos el real y verdadero sentido a nuestras vidas luego del nacimiento de nuestros hijos que actúan como lumbreras en medio de las sombras. Sin estas mujeres/madres no tendríamos hoy a Leslie Power, ni Laura Gutman, ni Loudma Sadler, mujeres todas que han renacido después de su maternidad ayudando así a cambiar el mundo… Y es que quizás si entendiéramos todas que mujeres, y mujeres/madres que no somos diferentes ni enemigas, sino iguales atravesando por distintas etapas, viviendo el SER mujer desde procesos diferentes, es preciso entonces que mujeres y mujeres/madres abandonemos los roles antagónicos que nos han impuesto y nos volvamos nuevamente aliadas, hermanas, cómplice, sin críticas ni prejuicios, sino verdaderas compañeras de camino.

Y no se trata de querer evangelizar, ni mucho menos de menospreciar a quien no es madre, se trata simplemente de empatía, de ponernos cada una en el lugar de la otra, porque así como a veces, sin quererlo, acompañamos a “carretear” a esa amiga soltera porque no la puedo dejar sola, así como comprendemos y tratamos de apoyar a la amiga trabajólica porque finalmente es su vida, así como somos capaces de sacar de la cama y obligarla a bañarse, vestirse y tomar aire a la amiga que no para de llorar porque terminó con su novio, aunque en silencio pensemos que es una estupidez, así mismo pueden/podemos ayudar a la mujer/madre y así evitar millones de lágrimas en el baño, cientos de idas al psicólogo y esa profunda sensación de soledad que muchas veces invade a todas quienes somos madres.

Y no se trata de que entiendan o compartan lo que vivimos, sino que lo acepten y nos acompañen, quizás no comprendas porque decidí dejar de trabajar y criar a mi hijo, quizás te parezca una locura que pase la noche organizando un emprendimiento cuando podría trabajar y tener dinero, quizás me creas loca porque lloro cada vez que dejo a mi hijo en la sala cuna, y muy de seguro no te parezca sano que prefiera quedarme un viernes viendo la chanchita pepa en vez de volver a las pistas y tomar un sour como antes con mis amigas… Sólo se trata queridas hermanas, mujeres, amigas, tribu, de aceptarnos y reconocernos en cada etapa de ser mujer, de cuidarnos, de aceptarnos, de estar ahí, a pesar de todo, aunque no entendamos, a pesar de todos, porque esta vida es más simple y más alegre cuando la vivimos acompañadas entre mujeres, porque criar a un hijo sin un padre es tremendamente difícil, pero criar sin mujeres y mujeres/madres es aún más agotador, porque somos una, porque somos mujeres, guerreras, risueñas, alegres y luminosas, porque son nuestros derechos, a ti hermana que no eres madre te invito a recordar que yo al igual que tú soy mujer, mujer/madre, y que juntas podemos construir un mundo más conectado, más femenino, un mundo mejor, en donde sea posible ir a una reunión sin que me miren feo por llevar a mi hijo, un mundo donde mi hijo que gatea, camina, grita y pinta sea bienvenido y no censurado, un mundo donde podamos conciliar maternidad y ser mujer sin tener que escondernos en casa ni tener que dejar a nuestros hijos para no molestar a los demás .

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl