¿Por qué las mujeres no están gozando ser madres?

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Me da mucha pena escuchar a mujeres que están sufriendo tanto su maternidad. Me apena porque siento que es tan injusto que su vivencia esté dominada por los sentimientos negativos y por más que amen a sus hijos, finalmente el balance sea más sacrificio que goce. Me apena porque también siento una responsabilidad como parte de esta sociedad de que esto ocurra.

Empatizo con ellas en su cansancio, sobretodo cuando veo que muchas están tan solas, en lo físico y en lo psíquico, haciéndose cargo de todo… ¿Cómo no van a estar insatisfechas, decepcionadas, aburridas, agobiadas, pienso?

Por un lado, me gusta mucho que cada vez existan más espacios de libre expresión y que las mujeres hagamos uso de ellos, para hablar de los lados menos bonitos de todo, de los aspectos oscuros de tener hijos, de los lados b,c, d y cuantos más que aparecen y encuentran sus espacio de catarsis anónima en redes virtuales.

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El que a veces las madres queramos por momentos no haberlo sido, el que a veces resintamos la disminución de nuestras libertades y espacios, el que a ratos deseáramos tomar distancia de nuestros hijos y escaparnos bien lejos no significa que necesariamente nos arrepintamos de haber tenido hijos. Como si quejarse de ellos fuera siempre sinónimo de desear no tenerlos!. Entiendo que varias mujeres así lo manifiestan, pero me parece complejo generalizar o juntar estas dos sensaciones: hastío con arrepentimiento, o deseos de estar a veces sola con deseos de que los hijos no hayan llegado a nuestra vida.

Todas, creo, nos aburrimos, agobiamos, sobrecargamos a veces con la tarea de crianza. Yo al menos he querido salir corriendo más de un par de veces! Sin ir más lejos, hace un par de meses me vi en un ascensor que amenazó con quedarse detenido deseando que se cortara la luz y que me quedara encerrada un par de horas ahí, sólo para descansar un rato y mirar el teléfono tranquila. Me pregunto si alguien sin hijos me lee pensará que estoy arrepentida de haberme embarcado en esta labor…y no voy a perder tiempo en demostrarle lo contrario porque nadie más que yo sabe todo lo que ha valido la pena… Pero aún así hay sensaciones que aparecen, ambivalencias que creo la mayoría tenemos. Ambivalencias que se deben ir trabajando idealmente. Porque como toda decisión en la vida y más aún como decisión permanente, irreversible e irrenunciable, tiene sus ventajas y desventajas. Y uno toma diariamente la decisión de cómo irla viviendo tomando en cuenta ambos lados.

Implica un duelo de muchas cosas el convertirse en padres. Creo que en ciertos círculos está más devaluado de lo que realmente implica, me sorprende a veces la caricaturizacion de los niños como tiranos maltratadores que nos condenan a la sumisión y sufrimiento…. pero más allá de eso efectivamente conlleva varias renuncias, algunas temporales y otras definitivas.

Sin embargo, creo o quiero creer que estas renuncias no te las impone nadie, nadie te obliga a dejar de hacer y ser lo de antes. El cuerpo y el vínculo con tu hijo te lo piden desde un lugar lejano a lo imperativo, ni siquiera desde la cabeza pienso, y uno decide libremente hacerlo o no. Y no por generosidad o sacrificio o abnegación tampoco, sino porque te resulta más armónico y lógico hacerlo, es lo que fluye…

Y en este flujo natural de más o menos entrega en que sólo es posible dar lo que realmente se tiene, uno se encuentra con pérdidas. Algunas se aceptan, otras no, pero desde un proceso de decisión libre.

Lo otro que me llama la atención de los testimonios de madres arrepentidas es como se cuela entre líneas una inmensa sensación de soledad y falta de apoyo. Y así no se puede….

El que finalmente yo no esté arrepentida de haber tenido hijos no es porque sea buena persona o haya nacido para ser mamá o no me guste mi pega (que me fascina!) sino que es porque los momentos de esfuerzo y renuncia se SOBRE/ULTRA compensa con los momentos de goce y placer. Y desde el disfrute máximo (que ojo: no es 24/7, pero es intensísimo cuando se está en él) no me alcanzan a importar tanto las cosas que me pierdo ni de las que quedo fuera por estar maternando en esta etapa de mi vida.

Y el que sean posibles estos momentos de goce no depende de la calidad humana ni de ser mejor mamá, ni de haberse terapiado, ni de tener hijos mejor portados ni de haber deseado más o menos ser madre incluso. Depende de que las madres estemos acompañadas y SOSTENIDAS.

Y me parece, por lo poco que muchas veces veo y escucho, que varias de estas mujeres no lo han estado… Y eso duele… Duele no por sus hijos, duele por ellas, duele porque intuyo que no han tenido la oportunidad de conectarse desde el placer a sus maternidades o no al menos en una ecuación que las satisfaga…Duele que por alguna razón se estén perdiendo la mejor parte de la película…

Lo que menos quisiera es que mis impresiones parezcan un juicio acerca de ellas, la verdad encuentro de una honestidad y humildad admirable que alguien pueda admitir que preferiría no haber sido madre y que en el día a día no desea serlo más. Creo que no podría enjuiciarlas porque esto que sienten no implica que amen más o menos a sus hijos, todas dicen amarlos de hecho y les creo, sino que me conmueve pensar en ¿qué tan solas, en lo físico y en lo emocional, habrán pasado esas primeras largas noches de sus puerperios, qué tan solas les habrá tocado cuidar a un otro que dependía absoluta y permanentemente de ellas. Por qué no pudieron disfrutarlo tanto que al día de hoy preferirían haberse abstenido de esta parte de su historia?

Claro que es un tabú que las madres nos quejemos de nuestros hijos, aún está mal visto y las tallas anti cabros chicos aún suenan mejor de la boca de hombres bromeando que de mujeres cansadas hablando en serio. Aún nos pueden mirar feo al escucharnos decir “a veces me cae mal mi hijo y quisiera no verlo en un par de días, me tiene realmente chata”… Y cuánta falta hacen espacios en que podamos hablar de esto. En eso coincido plenamente con la propuesta de romper tabúes y desmitificar las maternidades color rosa que nos venden a diario las revistas y pantallas.

Entiendo la renuncia que implica esta gran tarea de ser padres, pero me suena desproporcionado ponerla como excusa de irrealización personal.

Por otro lado, ¿qué expectativas habrán tenido estas mujeres acerca de tener hijos que se habrán defraudado tanto? Realmente ¿con qué se han encontrado en su vivencia de ser madres que la pueden llegar a describir como una penitencia que ha arruinado sus vidas? O más bien ¿con qué NO se han encontrado? ¿Qué les ha faltado que no desean ser madres ya siéndolo? Hipotetizo que les ha faltado soporte, que les ha dolido la soledad e incomprensión de quienes las han rodeado.

Lejos lo que más me llega es que relatos como estos constituyen una señal de alarma. Y que deben ser un llamado a todos como sociedad a atender y proteger la maternidad en todas sus etapas. Y promover políticas para que esta se ejerza en libertad y en garantía de ser cuidadas.

Las mujeres necesitan hacer sus procesos de elección de concebir, gestar, parir, criar en tribu. Se hace necesario que las mujeres antes de ser madres convivan con las que sí lo son, que las vean reír y llorar con sus hijos, que vayan empapándose de la experiencia de criar antes de decidir si hacerlo o no, que puedan observar, fantasear con serlo o no… Y esto, en el individualismo hermético en que vivimos actualmente se hace cada vez más difícil.

Desde lo que me toca ver y vivir, cada día me convenzo más de que para maternar con placer debemos estar bien abrazadas y acompañadas… Así lo difícil duele menos y lo hermoso se goza y se agradece más…

Acerca del autor

Dra. Soledad Ramírez G. Mujer en crecimiento-Mamá de dos niñas. Psiquiatra-Psicoterapeuta-Círculos de Maternidad (Maternidad Antuyoga) Atención de adultos. Dedicación a mujeres en etapa de gestación, puerperio y crianza. www.centrosermujer.cl soledadramirezg@gmail.com

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