¡Por favor sean felices!

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“Hubiese preferido ver a mi madre feliz antes que crecer con el peso de la deuda por su sacrificio”

Por Eric Díaz Mella, Psicólogo, papá.

¿Escribir de paternidad yo? Lo primero que pensé al iniciar este relato fue ¿qué voy a saber de paternidad yo? Yo que vivo a más de 3000kms de ella (mi hija), y que aunque estuviera cerca no sabría qué hacer”. Este pensamiento me hizo sentir “igual a mi padre”, y motivó las siguientes líneas.

El matrimonio de mis padres terminó muy anticipado, según las crónicas familiares debido a las infidelidades de mi padre, narración en la que mi madre, secretaria, soltera con trabajo inestable y mal pagado, y con dos personas que criar, era la víctima.

“Si tu padre estuviera acá, éstas cosas no pasarían”, “eres igual a tu padre”, o cuando ya era incontenible, “maldito el día en que los tuve” gritaba mi madre, con la rabia que nacía de su frustración, de su angustia, que estallaba cuando veía un “portarse mal”. En cada uno de esos regaños incontenibles descargaba su frustración por el fracasado matrimonio y saberse madre soltera, por sentirse insuficiente, por sus propias metas sacrificadas por la maternidad. En resumen, por el miedo que sentía al pensar que no lograría entregarnos, a pesar del propio sacrificio, lo que necesitábamos para un futuro menos difícil.

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Tardíamente me titulé como psicólogo, me fui de casa, y luego del país para continuar estudiando. Todo esto, por cierto, gracias a esa mujer que, a pesar del peso de su historia, hizo todo lo que podía, incluso aprender a ser más, para que sus dos retoños consiguieran una profesión.

Mirando en retrospectiva, luego de haber ejercido como terapeuta y haber trabajado en escuelas de padres (lo que probablemente me ahorró un par de años de terapia), veo cuántas cosas pudieron ser diferentes en mi hogar, y quiero compartir una que me parece central: Hubiese preferido ver a mi madre feliz antes que crecer con el peso de la deuda por su sacrificio.

Decir que no hay una receta para el ejercicio parental, no es lo mismo que decir “a nadie le enseñan a ser padre o madre”. Lo segundo es una falacia. Los niños y niñas que crecen bajo su abrigo aprenden de ustedes lo fundamental sobre cómo ser padre, madre e hijo. Viendo a sus propios padres niños y niñas encuentran respuesta a cómo se vive en familia; a cómo ser felices y disfrutar la vida en conjunto; a cómo se solucionan los problemas en pareja; a cómo se actúa ante el error de un niño(a), o de una pareja, etc.

No hay respuestas correctas o incorrectas, pero sí que facilitan o dificultan la vida. Creo que, sin dejar de procurarles cariño y cuidado a sus retoños, si se esfuerzan por conseguir sus propios objetivos en la vida; por alcanzar aquello que les hace felices y disfrutar tanto del proceso como del resultado, estarán mostrando la forma de conseguir la propia felicidad. Hagan eso y estarán cimentando la felicidad de sus hijos(as) y, al mismo tiempo, construyendo para ellos(as) un mundo en que la parentalidad no es un sacrificio, sino que puede ser disfrutada.

Aprendan a ser felices y a disfrutar. Como hijo, nieto, padre, psicólogo y, en fin, como persona que es todo eso al mismo tiempo, les pido a ustedes, padres y madres, papadres y mamadres, que quizás sienten que lo están haciendo mal, o que se van a equivocar; que sienten miedo de no dar lo suficiente, que hagan el sencillo esfuerzo de dar sólo lo mejor que puedan. Si en un momento no pueden más, descansen sin culpa… todos y todas tenemos derecho. Si sienten que se han equivocado pidan disculpas. Aprendan a atender sus propias emociones para que puedan expresarlas sin hacer daño. Sus propias acciones son las enseñanzas con que construyen el mundo en que sus hijos e hijas crecen, así es que recuerden que La vita è bella y, por favor, ¡sean felices!.

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl

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