Poner aros a las bebés es una falta de respeto

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Por Roy Galan. Escritor y fotógrafo

Decides perforar una oreja que no es el tuya.

Sin conocimiento, ni consentimiento, de la persona perforada.

Lo haces diciendo que es tu hija.

Como si eso te diera algún tipo de derecho sobre su cuerpo.

Como si por el hecho de haberle dado la vida te confiriera una especie de poder sobre ella.

¿Por qué se presupone que las niñas quieren llevar complementos para estar “bonitas”?

¿Por qué no se perfora también por sistema los lóbulos de las orejas de los niños?

Para que “sepan” que es una niña.

Como si por el hecho de que no se vea a simple vista que lo es fuera a provocarle un trauma a la niña.

Como si fuera lógico que te diera vergüenza que confundan a tu hija con un niño.

Hay costumbres machistas y que además son irrespetuosas con nuestras hijas.

Lo son porque solo ellas han de decidir dónde, cuándo y con quién quieren perforarse.

Lo son porque no podemos disponer de otras personas de esa manera como si su voluntad no fuera importante.

Lo son porque nuestras hijas no nos pertenecen.

Ellas se pertenecen a sí mismas.

Y elegir algo que no es necesario, ni imprescindible.

Por ellas.

Es algo violento.

Es algo que marca el tipo de relaciones que establecemos con los demás.

No se trata de un pendiente.

Se trata de respeto.

Y nuestras hijas merecen todo el respeto del mundo.

Porque son libres.

Y las hijas libres hacen libres a las demás.

Espera a que tu hija pueda hablar.

A que pueda tener conciencia.

A que exprese sus sentimientos sobre el mundo.

Y sobre todo no la trates como si fuera estúpida.

Como si no entendiera.

O no supiera.

Porque tus hijas no necesitan condescendencia.

Necesitan que les preguntes quiénes son.

Qué quieren.

Lo no necesitan para nada.

Es que alguien las obligue a algo.

Cuando ellas no saben.

Qué está pasando.

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora. Fundadora de Mamadre, amante de la vida, un buen vino junto a un libro y mi amado Valparaíso. La maternidad me cambió y hoy me siento en el deber de acompañar a otras madres para criar en libertad.