Paula y Clemente

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Hola. Soy Paula y esta es mi historia como nueva mami.

Tengo que comenzar contando que llevo 5 meses intentando sanar y perdonarme por no tener la fuerza de exigir mis derechos como mamá cuando nació mi Clemente. Aún me duele, aún lo lloro y aún le pido perdón cada vez que lo miro. He aquí mi historia.

Quedé embarazada luego de 10 meses de intentar traer a mi Clemente. Mis 9 meses fueron bellos y junto a mi marido nos dedicamos a leer mucho sobre el embarazo y el desarrollo de nuestro bebito. Nunca supe el por qué es mejor un parto natural (hasta ahora) y estaba rodeada de amigas a quienes les indujeron el parto, por lo que yo pensaba era súper normal.

Le dije a mi doctor que si llegaba la semana 40 y Clemente no se manifestaba me indujera el parto. Ahora pienso que estaba tan estresada que mi bebé se negaba a salir. Llegó la semana 40 y programamos el parto. El día sábado 29 de marzo del 2014 me fui a la clínica para la inducción. Desde las 8:30 am estuve en una sala inhóspita de la clínica, donde yo no podía moverme, comer o tomar agua. Voy a aclarar que mi doctor es muy respetuoso, él siempre hizo lo que yo le pedí, incluso él quería esperar más.

Gracias a la matrona me pudo acompañar durante todas esas largas horas mi mamá y mi marido porque la clínica no lo permitía. Después de 9 horas y dolores insoportables pedí anestesia la cual no me hizo efecto. Seguía sintiendo los fuertes y desesperantes dolores. Me aumentaron la dosis y lograron bajar el nivel de dolor. Cuando ya estaba con 10 de dilatación me llevaron a la sala de parto. No podía pujar, no sentía, no sentía a mi cuerpo; me tuvieron que cortar para que mi Clemente lograra salir y cuando ya estaba a punto de desmayarme, viendo puntos de colores de tanto pujar siento una cálida y tierna humedad en mi vientre. Miré y ahí estaba el amor de mi vida, listo para caer en mis brazos.

Lo abracé y a los pocos minutos me lo quitaron. Le insistí a mi marido que me pasaran a mi guagua, que quería ponerlo en el pecho y a pesar de que él le insistió a la enfermera esta dijo que no, ya que el protocolo de la clínica es llevarse durante 2 horas a los bebés para que regularan temperatura. Mi hijo lloraba y ni yo ni mi marido podíamos abrazarlo. Lloré, le pedí por favor me lo pasara y me lo entregó durante no más de 5 minutos, ya vestido y desconcertado.

Mi hijo no pegó un ojo durante todo el tiempo que estuvo separado de mi. Se lo llevaron y yo estaba tan alterada y con tanta anestesia que me bajó la presión y me desmayé. Cuando desperté me llevaron a mi pieza y junto a mi familia esperamos que trajeran a mi niño. Me sentía podrida, pocas horas antes le había prometido a mi hijo que jamás se separaría de mi y ni 5 minutos pude cumplir mi promesa. Llamé mil veces a neonatología de la clínica para que me dijeran cuanto faltaba, creo que los molesté tanto que me llevaron a mi bebé 45 minutos después.

Ese minuto que había imaginado junto a mi hijo y mi marido, solos, abrazados, dándonos calor y alimentando a mi pequeño nunca se dió. En cambio tuve que recibir a mi bebé junto a gente mirando y demandando cargar al bebé. Mi marido no fue el primero en cargarlo como lo habíamos imaginado y mi hijo que acababa de salir de mi no podía dormir, seguía con sus ojitos abiertos como aceitunas.

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Aún lo lloro, aún me duele y aún le pido perdón a mi bebé. Intento compensarlo diariamente teniéndolo muy pegado a mi siempre, no nos separamos jamás, yo no hago nada sin él, le doy su tetita cada vez que lo quiere y si no lo quiere se lo ofrezco igual. Dormimos juntos y porteamos mientras hago las cosas de la casa. Me quiero perdonar pero no puedo, lo miro y me duele. Sé que para muchos soy exagerada y es por eso nunca había contado lo que siento, o sea, obvio todos pensarán soy exagerada una loca que agranda cosas tan pequeñas, pero es como me siento.

Voy a seguir supliendo ese vacío de nuestro primer momento justos y el resto del mundo seguirá pensando que soy aprensiva y que malcrío a mi Clemente, pero la verdad ya no me importa porque hoy sé hacerme valer como mujer y como mamá, ya nunca más dejaré decidan terceros por mi.

Abrazos con amor de nueva mamá.

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Acerca del autor

Feliz madre de Matías y Daniel y de profesión periodista y especialización en Derechos Humanos, Género y Relaciones Públicas. Durante mi proceso de estudios tuve la dicha de combinarla con la crianza de mi hijo mayor y el embarazo del segundo. Hoy junto a Mamadre tengo la maravillosa posibilidad de compartir, comunicar y retroalimentar todas las inquietudes que día a día nos hacen construir un mejor mundo para nuestros hijos, hijas y toda la familia.