Paternidades de ayer y hoy

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En el camino de la crianza los padres parecieran ser los grandes olvidados, los discursos centrados casi exclusivamente en las vivencias de la madre y el bebé o niño, van dejando un abismo simbólico para quienes quieren llevar una paternidad activa. Al comenzar la búsqueda nos enfrentamos a una barrera cultural que se nutre de prejuicios profundamente arraigados por la falta de referentes en esta área y por cierto de la ampliamente difundida mirada del padre ausente, autoritario y violento.

La idea de que los hombres carecen de una emocionalidad profunda, por tanto no contienen con dulzura, no viven un puerperio, no se interesan en el desarrollo de este universo íntimo de la crianza ni son capaces de conectar con sus hijos, es fruto de un trauma social que llevó al hombre a abandonar el hogar para volverse un ser eminentemente público: la Revolución Industrial.  Este hito marca un momento clave en la historia de nuestra sociedad donde la actividad masculina se muda lejos de sus casas y familias, cambiando el modo de concebir el trabajo y por tanto modificando con ello las rutinas y el tiempo disponible para compartir con sus seres queridos.

Reconociendo esto vemos como llevamos más de tres siglos con los padres lejos de sus hijos la gran parte del día, centrando sus energías en producir, llegando a casa tras una jornada agotadora completamente exprimido buscando desconectarse y descansar para poder estar apto para producir el día siguiente. Si bien es cierto que esto también ha sido vivido por las mujeres, la naturaleza femenina y su prevalencia en el espacio privado las ha salvado de esta desconexión, la madre vive una transformación física durante la gestación, que se prolonga al postparto, se le adjudicará la responsabilidad casi exclusiva de crianza y al mismo tiempo del dominio de las labores domésticas, siendo virtualmente innecesario que el padre mantenga su presencia en el hogar, su responsabilidad se centrará en ser el sostén económico.

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¿Pero qué pasaba antes del siglo XVIII? ¿Cómo vivían los hombres su paternidad? Para ello es sumamente gráfico las obras de arte que buscan retratar la vida cotidiana de las familias, siendo por excelencia las obras que retratan según los códigos de la época la Sagrada Familia alejándola del halo de la divinidad. Un óleo de Bartolomé Murillo llamado “La Sagrada Familia del Pajarito” (1650) muestra en un cálido ambiente familiar cómo José juega con Jesús mientras María se encuentra hilando a un costado mirando la escena con ternura

 

Así como esta, está también “La Sagrada Familia del Carpintero”(1639) de José Ribera, dónde María con Jesús en brazos están al lado de Josémientras el trabaja en la madera mirando con dulzura al niño.pater1

 

 

 

Finalmente de Pedro Orrente “El Taller de Nazaret” (1670) dónde María y José se encargan de sus labores, mientras el Jesús juega en el piso.

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Como estos ejemplos hay muchos más en la historia del arte que van dando cuenta de cómo se vivía la paternidad previa a la Revolución Industrial. Los padres solían permanecer en el hogar pues normalmente sus labores se ejercían en el mismo lugar que habitaban. La cosecha, los talleres y oficinas estaban en sus casas por lo que el trabajo transcurría cerca de los hijos, los veían crecer, compartían e integraban en sus dinámicas.

Poco a poco comienza a abrirse la noción de que tal vez la paternidad no era como nos habían contado, que la naturaleza del hombre no era disociarse y permanecer ausente de los procesos de crianza, que lo doméstico también es su dominio y que si son sujetos de una emocionalidad profunda. Qué daño ha hecho este paréntesis en la historia a las familias, pues los que se salen de los cánones post siglo XVIII no juegan a usar el papel de la madre, sino que al auténtico rol del padre.

Esta nueva paternidad, que ya vemos es mucho más antigua que lo que parece, se expresa adaptando la realidad post industrial a la necesidad de estar presente activamente en la crianza.

Se trata de padres conectados con ser más auténtico, que ya sea buscando evitar patrones de crianza o mejorar los recibidos, comienzan incluso ya desde la gestación a vincularse son sus hijos, procurando participar activamente de los procesos de información relativos al embarazo, nacimiento y cuidados de los hijos.

Hombres que reconocen en su mayoría la insuficiencia del posnatal masculino, que sienten la tensión la oral de otra manera y corren a llegar a casa para estar en su manada, que comienzan a experimentar un puerperio igual de profundo que la madre, que se interesan y reconocen la necesidad de estar verdaderamente para sus hijos. Padres que se esmeran en desarrollar un lenguaje próximo, que comienzan a hablar de si mismos de una manera nueva.

El camino de esta paternidad consciente es un lienzo que se va pintando con una paleta reducida de colores, no por falta de capacidad sino por escasez de herramientas y referentes. Es momento que los varones se levanten y descubran el velo de su intimidad y compartan ampliamente esta manera de vivir la crianza, que den la oportunidad a nuevos padres para vivirla en plenitud, que se pronuncien las voces masculinas y habiten el espacio de la crianza, reivindicando el vacío simbólico que predomina hasta hoy.

Hablen que los escuchamos!

María Lucía Lecaros Easton

Directora ONG Criamor, Instinto de Familia

Doula Especializada en Crianza y Puerperio

Postítulo en Género y Desarrollo

Terapeuta Holística

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista.
Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños.
No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión.
Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso.
Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías.
@jbruna
jenny@mamadre.cl

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