No es SENAME el que está en crisis, es todo Chile por abandonar a nuestros niños

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Me duele Chile, me duele la indolencia, me duele la corrupción, me duele la violencia, me duele la permanente injusticia social, me duele saber que después de 27 años de restaurada la democracia nuestro país no cuenta con políticas de Infancia, y no es que no tenga una buena política de niñez, es que no tiene nada… “lo esencial es invisible a los ojos” decía El Principito, y vaya que tenía razón, y es que un país que no se ha ocupado de cuidar a sus niños y niñas es un país destinado a colapsar, a hacer agua por todas las ranuras posibles: pensiones, salud, educación, vivienda, respeto, diálogo, empatía, vida… todo parte y todo termina en la infancia.

Llevamos días viendo en las noticias las aberraciones que ocurren en los centros de Sename, donde se “protege” en teoría a los niños y niñas más vulnerables del país, a esos a quienes el sistema les ha fallado por no saber cuidarlos en sus familias, en sus barrios, en sus colegios. Llevamos en realidad más de un año “llorando y tapando” la miseria de una clase política que usa a los más vulnerables del país como moneda de cambio y a una sociedad sorda ante la evidencia de la violencia normalizada.

¿Violencia normalizada? ¿Acaso no abunda aún la creencia que no se puede criar a un niño sin demostrarles quien manda aquí? Que la cachetada a tiempo los salvará de ser delincuentes dicen – cuando el 95% de quienes están en las carceles fueron golpeados en su niñez- que el time out, esa euforia por la súper nany de televisión que asegura que con dejar a un niño solo sentado en una silla con la rabia a flor de piel logrará terminar con las pataletas y transformarlo en un niño obediente. Pero ¿cuál es la obsesión que todos tienen con la obediencia? ¿No es acaso la obediencia la que nos tiene aquí posteando en redes sociales sin atrevernos a ir a votar, mientras los que ostentan el poder se eligen entre ellos mismos? ¿Acaso no es la obediencia la que nos tiene creyendo que está bien tener que hacer un bingo para costear la salud? ¿Acaso no es la obediencia la que ha llevado a muchos de los profesionales de Sename a hacer la vista gorda frente a los malos tratos a los niños, cambiar de trabajo y archivar en la memoria el crudo paso por un lugar sacado de película? ¿Acaso guardar silencio, y ser perfectamente obediente no nos transforma a todos en cómplices cuando sabemos que a los niños que residen en Sename se les pega pero nunca hicimos nada?

Hoy todos derramamos lágrimas por los niños y niñas torturados en Sename, hoy son el tema de portada de una prensa que pronto los olvidará, pero lo cierto es que la crisis que vemos en las noticias no es de SENAME, la crisis es de una sociedad adultocentrista y maltratadora que se ha cortado por la parte más frágil, la niñez institucionalizada, pero se ha preguntado usted ¿por qué esos niños y niñas llegaron a centros de protección? ¿Qué pasó con la familia, con el padre, con la madre, con el colegio, con el consultorio, con el jardín, con el vecino? ¿Qué pasó que nadie pudo cuidarlo antes? ¿Por qué ningún programa de gobierno fue capaz de evitar que lo violaran en la casa, que se drogara en el barrio o se pasara el día solo sin ningún adulto responsable?

Si no se lo ha preguntado yo se lo respondo: lo que pasó es que no pasó nada, es que no hay una política de Estado orientada a proteger a los niños y niñas de manera efectiva, lo que pasó es que cuando expulsan a un niño de un colegio por mala conducta está condenado a quedarse vagando en casa, lo que pasó es que se abandonó a la madre, porque la legislación aún considera que criar es cosa de mujeres, entonces además de trabajar de igual a igual que un hombre somos las únicas a cargo de la crianza de nuestros niños y en ese camino de cansancio, locura, frustración e impotencia muchas de ellas recurren a los golpes por falta de cuidado y apoyo.

Lo que pasa hoy señores no es la crisis de Sename, es la crisis de la infancia toda, Sename no es nada más que la consecuencia más o menos visible de un país que volvió a la democracia pero dejó a la niñez y juventud sepultada en la dictadura, entonces ¿se trata de Sename todo esto? ¿Vamos a organizar marchas por esos niños ajenos porque “pobrecitos están sufriendo” como un acto de caridad autocomplaciente? O vamos a tener el coraje de reconocer que no es por esos niños, sino por nuestros niños que tenemos que alzar la voz, que es por ellos, por los nuestros, y por los niños más o menos maltratados o abandonados que alguna vez fuimos, que tenemos que exigir transformaciones estructurales en el país.

¿Nos vamos a quedar acaso comprando exhuberantes regalos para el Día del niño o nos vamos a atrever a darles el mejor regalo a ellos yendo a votar? Y no solo a votar, sino que votado solo por aquellos y aquellas que se tomen en serio la niñez y castigando con el voto a todos los que los han abandonado, a todos los que abandonaron a las madres, a todos los que habiendo gobernado antes NO fueron capaces siquiera de presentar una Ley decente que proteja y ampare a todos los niños y niñas de Chile? Porque votar también es cuidar, porque no son los niños que residen en Sename los abandonados sino toda los niños de Chile los invisibilizados ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a seguir ignorando a tus hijos, sobrinos, alumnos, o te vas a atrever a exigir con la voz y con el voto que los niños en Sename y todos los niños y niñas de Chile ya no estén solos?

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

1 comentario

  1. Si yo lo he pensado y pienso con tristeza en el corazón que los platos rotos siempre lo pagan los niños ,que el mayor sufrimiento se lo llevan ellos producto de la irresponsabilidad de los adultos en una suciedad fría materialista donde vale lo externo y no la esencia de las personas .

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