Ninguna mujer debiese ser obligada a ser madre

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El ser madre no es lo que define y sostiene nuestra existencia ni nuestra identidad, como tampoco lo es la profesión, ni el tener o no pareja, ni la posición económica, ni el apellido.

 

No puedo estar más de acuerdo en la libertad de cada mujer de ejercer o no su maternidad, y sobretodo desde que soy madre, y sabiendo todo lo que significa, respeto y valoro aún más la decisión de algunas de no tener nunca hijos. Si la decisión va de la mano de una reflexión consciente me parece tan válido como tener seis o siete.

Si bien estoy convencida de que somos seres gestantes, creo que nuestra habilidad de dar a luz cosas buenas es mucho más amplia que la pura capacidad de tener progenie.

Como mujeres, nuestro don de crear es mucho más amplio y soy de la idea de promover que de algún modo más mujeres nos sintamos fértiles y en permanente crecimiento personal, sea con o sin hijos, sea desde el desarrollo laboral, espiritual o el que se desee desde la verdadera y nuclear esencia de cada una.

Para mí la libertad es un valor fundamental, por eso me chocan ciertas políticas opresivas que obligan por acción o por omisión, que penalizan ejercicios de voluntades que nada tendrían que ver con lo legal, pero eso es otro tema…

Asumiendo que en nuestro país, el quedar embarazada (intencionadamente o no) conlleva el deber cívico de gestar y parir a ese hijo, y sin querer por esta vez entrar en el debate de la legalización o no del aborto y bajo qué condiciones, me parece de vital importancia reflexionar acerca de las razones que nos están llevando a ser madres. En cómo se elige ser madre o no serlo, bajo qué premisas, deseos y expectativas se toma la opción y cómo esto luego moldea en gran parte la experiencia de maternidad propiamente tal…

Algunas mujeres deciden ser madres desde antes de dar el paso a concebir a sus hijos, otras sólo lo aceptan al ya gestarlos y parirlos. Otras no lo deciden nunca y sólo los reciben, con todo el amor y gratitud que pueden aunque no los hayan deseado. Algunas deciden más en consciencia, otras por inercia, por mandatos internos, por exigencias externas, por expectativas de la pareja o la familia. Y luego vemos las complejas consecuencias de no haber tomado esta decisión en libertad o haberla tomado por consentimiento más que por real voluntad desde el genuino deseo.

Se instala, aún en pleno siglo XXI, en algunos círculos la obligación social y casi moral de ser madres que imponen los códigos culturales, los que irreflexiva y sumisamente tantas mujeres acatan. En relación a eso me parece importante desmitificar que todas las mujeres, más aún si están establemente emparejadas debieran “naturalmente” desear tener hijos por el sólo hecho de ser mujeres, y que como sociedad podamos validar la opción de no tenerlos sin que ello ponga en duda el sentimiento de completud de algún modo ni su capacidad de amar.

¿Es el deseo de tener hijos parte de nuestro instinto biológico? Probablemente algo haya de eso, pero también se han descrito muchos otros mecanismos a la base del impulso de procrear (Brazelton y Cramer,1993), muchos de ellos relacionados con el deseo de identificarse con un otro, de completarse en la relación con el hijo, de sentirse omnipotente siendo fuente de vida, de reflejarse en él, de inmortalizarse a través de él, de fusionarse en una relación íntima, el cumplir a través de ellos ideales y oportunidades perdidas, el deseo de remover viejas relaciones y reparar….

Pueden haber múltiples motivaciones inconscientes a las cuales es difícil tener acceso fuera de un trabajo terapéutico de autoconocimiento. Sin embargo, siempre hay algunas ideas “más a la mano” que se pueden verbalizar, compartir, debatir… El llamado es a las mujeres a intentar traer al diálogo aquellos sentimientos vinculados con la idea de ser madres, explicitar y trabajar las expectativas que se movilizan en ellas, porque eso finalmente nos puede preparar mucho mejor para las etapas más desafiantes de la maternidad. Y el llamado también es a todos como sociedad a cambiar los paradigmas tradicionales y respetar las decisiones y ritmos individuales de cada mujer y pareja individual.

El ser madre no es lo que define y sostiene nuestra existencia ni nuestra identidad, como tampoco lo es la profesión, ni el tener o no pareja, ni la posición económica, ni el apellido.

Pienso que si las mujeres podemos decidir más en consciencia, más conectadas con nuestro cuerpo y sus deseos, el momento de gestar vida en nosotras, podemos vivir una maternidad mucho más placentera y satisfactoria.

Porque esta es una labor que todavía compromete más a la mujer que a su compañero. A pesar del movimiento global de muchos hombres de vivir más protagónica y presencialmente la ma/paternidad, aún hoy creo que las exigencias e imposiciones acerca del ser padres pesan más en los cuerpos y las mentes de las mujeres.

Y por lo menos yo tengo una opinión clara: ninguna mujer debiera ser obligada a ser madre. Por nadie.

Acerca del autor

Dra. Soledad Ramírez G. Mujer en crecimiento-Mamá de dos niñas. Psiquiatra-Psicoterapeuta-Círculos de Maternidad (Maternidad Antuyoga) Atención de adultos. Dedicación a mujeres en etapa de gestación, puerperio y crianza. www.centrosermujer.cl soledadramirezg@gmail.com

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