Mujer/madre suficientemente buena

0

 

¿Te has sentido alguna vez culpable por no rendir lo suficiente como mamá, profesional, hija, pareja, amiga? ¿Te pasa a menudo que te criticas porque pudiste haber pasado más tiempo con tu familia y menos en la oficina? A veces es tan evidente la autocrítica y las autoexigencias, estos estándares que a menudo nada tienen de reales, como cuando vas al supermercado a comprar algo que falta (tramites que se tienen que hacer!) y estás pensando en que deberías haberte quedado jugando con tu hija. O mientras estás trabajando en el computador, sería mejor que estuvieses regaloneando con tu pareja. ¿Qué agotador no? Todo el tiempo que solemos gastar pensando en todo lo que deberíamos estar haciendo mientras hacemos otra cosa, todos los reproches por que deberíamos haberlo hecho distinto/mejor/más rápido/más lento/menos atadoso/sin ponerle tanta cabeza/poniendole más cabeza! ahhhhh!!!!

148519

Está perfecto querer hacer las cosas “bien” pero cuando me encuentro una y otra vez criticándome al respecto y pasándolo mal por eso. estamos cayendo en un perfeccionismo destructivo. Nos encarcelamos en nuestras propias metas, que por supuesto suelen ser muy bien intencionadas, pero nos terminan coartando, nos lleva una y otra vez a la insatisfacción (en distintos niveles de intensidad de acuerdo a lo que se está haciendo, se quiere hacer o se hizo), porque la expectativa no corresponde con los resultados.

Me gustaría detenerme un poco en el cómo llegamos nosotras las mujeres, a ser tan autoexigentes.

Los seres humanos somos seres sociales… venimos a este mundo acompañados, y en esa compañía se van forjando ciertas pautas de género, que nos van delimitando de acuerdo a cómo debemos ser, a qué esperar de nuestro género, cómo nos solemos comportar, etc. Eso va construyendo nuestra identidad de género. Lo que nos diferencia, pero a la vez lo que nos puede limitar si es que se mal-utilizan esas diferencias.
En ese sentido, desde hace muchísimo tiempo, la sensibilidad femenina ha sido un puente para distintas expectativas de lo que “debemos hacer” o “como debemos ser”. Se suele ligar la afectividad femenina al sacrificio, la dependencia, la abnegación. Desde esa vereda todo lo que va pasando en sociedad, lo que se construye a nivel mediático, va correspondiendo y potenciando aún más, esa imagen de lo que es ser mujer. Como todos los seres humanos lo que necesitamos al vivir en sociedad es sentirnos aceptados y parte de un grupo social, se tiende a estimular a que la mujer “se sienta bien”, cómoda, aceptada, “integrada a” la sociedad, dejando fluir ese lado… muchas veces sin medida, muchas veces inconsciente. Por que son mandatos. Y los tenemos todas.

Nada tiene de malo la afectividad propia de la mujer, sin embargo pasan los años y la sociedad se va poniendo cada vez mas estereotipada en cuanto a esos cánones, a esos deber ser. Hoy por hoy pareciese ser que la premisa es que una madre que trabaja, que cuida a sus hijos, que además va al gimnasio, se junta con sus amigas, tiene una vida sexual activa con su pareja y tiene tiempo para hacerse la manicure todas las semanas; es la madre suficientemente buena. No poderselas con todo eso no es bien mirado. Pareciera como si todavía viviéramos en la época en que pedir ayuda es de los que están locos, los que son débiles, los que “no encajan” en esta sociedad que avanza más rápido que la banda ancha.

Lo mismo ocurre con los hombres. Si no son el sostén económico de la familia no calzan en muchos lugares, si cuestionan y se muestran vulnerables, entonces comienza el bulling de su tendencia sexual, que nada tiene que ver con llorar o no, claro está.

Estamos atrapados en estereotipos y no sabemos muchas veces cómo salir. Ahora ojo, tampoco es que sea malo ser mujer y mamá y hacer todas esas cosas. Pero hagamoslas desde el placer! sin prisa, con consciencia de los efectos que produce trabajar 23 horas al día, con saltarme el almuerzo porque debo entregar el proyecto lo antes posible. Es difícil hacer el cambio, y tampoco pido que lo hagamos de la noche a la mañana, porque precisamente eso es lo que nos falta… darnos un espacio para reflexionar sobre esto e ir fluyendo… de a poco puede que necesites ir haciendo ajustes en tu día a día… pero recuerda… hazlo desde el placer. Porque te hace sentido, porque estás cansada ya.

Todo esto tiene que ver con cómo se va constituyendo el autoestima. Es decir, la forma en cómo se ha construido la identidad de género, incide en mi autoestima. En que si durante años la sociedad pone una y otra vez la imagen de una mujer con senos grandes como símbolo de sensualidad, de belleza, de “éxito con los hombres” entonces mi autoestima y autoimagen, consciente o inconscientemente, van a ir buscando corresponder con eso, para que? para sentirme bien conmigo misma. Por ejemplo, algo que le ocurre a muchas, es que si no tengo el busto “lo suficientemente grande” de acuerdo a mi experiencia personal, lo que he visto, lo que me han dicho de mi, lo que veo en la televisión como “mujer exitosa” entonces me frustro, no doy con el molde. No soy lo suficientemente “sexy”, “atractiva”, y así, complete la oración usted misma. Nos castigamos.

Un ejercicio muy sencillo que propone Maureen Murdock para silenciar al tirano interior y entrenar a la heroína en el arte de la satisfacción. Se divide una hoja de papel en tres columnas; en la primera, se escribe cualquier cosa que se haya hecho hoy, como por ejemplo, “estuve arrancando las hierbas del jardín”; en la siguiente se escribe”estoy satisfecha” , y en la tercera, “¡y esto es suficiente!”. Tal vez suene un poco simple, pero tras hacer este ejercicio durante un mes aproximadamente, se olvida una de haber sido alguna vez “insuficiente”.

Nos cuesta mucho dosificar la energía y dejar algo para el autocuidado. Admitir que tenemos limitaciones, que estamos cansadas es algo difícil en los tiempos actuales. Nos cuesta no dar, somos dadoras por naturaleza, partiendo por la vida que podemos sostener en nuestros cuerpos casi 10 meses. Pero si te cuesta decir que no, respetar tu cansancio, tus no ganas, poder poner tus prioridades por encima de las necesidades de los demás (claramente en desmedro de las tuyas) un ejercicio muy entretenido es tener un cuadernito en tu cartera, o unas tarjetas de visita en blanco, donde vayas anotando cómo decir que no en distintas situaciones. “gracias por la oferta pero no puedo aceptar ese trabajo”, “no puedo pasarte a buscar, estoy muy cansada y necesito descansar”.

Otro ejercicio muy efectivo, sugerido para ésta tarea, es cambiar todos los debería por “podría”. Cada vez que nos digamos por ejemplo “debería haber sacado la ropa sucia antes y no a último minuto” cambiémosla por “podría haber sacado la ropa sucia antes” y luego le agregamos el porque finalmente elegí no hacerlo.  “podría haber sacado la ropa sucia antes, pero elegí tirarme al suelo a jugar con mis hijas”.
Todo el tiempo estamos eligiendo. Y aun que nos cueste salirnos del marco, también la mayoría de las cosas son opcionales. Se trata de prioridades. E incluso en el día a día las prioridades son distintas.
Que pasa con esto? que sueno muy des-cuadrada. Estas frases son muy libres, etéreas, sin forma. Como decía antes, durante miles de años la sociedad ha ido estereotipando… una de las cosas que han pasado es que nos hemos vuelto sexistas, y con los grandes hitos de “libertad” para la mujer, más nos hemos ido encasillando en patrones masculinos en donde vamos necesitando demostrar que lo podemos hacer igual que ellos (en el trabajo por ejemplo). En el patriarcado, la energía masculina da forma. Es estable, constante, no tiene saltos ni bajos, es práctica, concreta. ¿Cuántas veces hemos pretendido ser héroes, cuando en verdad somos heroínas? Y la heroína es una fuerza muy distinta.

Encontrar la dicha interior del éxito exige sacrificar las falsas nociones de lo heroico. Cuando una mujer puede encontrar la valentía de saberse limitada y de darse cuenta de que es suficiente ser tal como es, descubre uno de los verdaderos tesoros del viaje de la heroína; puede desligarse de los caprichos del ego y alcanzar las fuerzas más profundas que se hallan en el origen de su vida. Puede decir: “No soy todo… pero soy suficiente”. Entonces se vuelve real, abierta, vulnerable y receptiva a un verdadero despertar espiritual. Maureen Murdock

¿Cómo vamos a poder dejar fluir las distintas necesidades que van cambiando todos los días de acuerdo a nuestro ánimo, nuestras afinidades, nuestras energías, si estamos construyéndolas bajo el alero de la energía estable masculina?. Salir un poco del molde y permitirnos admitir que tenemos limitaciones, que hay semanas más sensibles que otras, hay días menos creativos que otros, hay días en que sólo queremos trabajar y nos satisface mucho eso y otros en los que no queremos saber de nadie más que de nuestros hijos y gozar con ellos. Nada más importa. Las mujeres y su naturaleza cíclica van de a poco, muy poquito, saliendo de las tinieblas y visibilizando la naturalidad que eso es para nosotras. Más natural que la mujer pulpo sobreexigida. Somos pulpo si, pero hasta que el cuerpo, la mente, las mismas emociones nos digan “Hasta acá no más por hoy… has hecho lo suficiente… y estoy satisfecha, y está bien”.

Mis hombros comienzan a doler. Tengo ropa lavada que lleva 3 horas adentro de la lavadora, mi hijo duerme a saltos por su resfrío y está pronto a despertar. Puede que ponga a secar la ropa, o lave los platos que quedan, o arme la maleta con las cosas para partir mañana a trabajar a Santiago por el día. O puede que escuche a mis hombros cansados, deje el computador, y me tienda en la cama a mirar mi serie favorita y reír un rato. Sí, eso haré, eso elijo. La ropa puede esperar media hora más. Yo me quiero cuidar, y eso está bien.

Las abrazo

 

 

Acerca del autor

Mamá, Psicóloga Clínica - Psicoterapeuta. Terapeuta Floral Acreditada y terapeuta complementaria. Atención individual y parejas. Especialidad en Autoestima-autocuidado, duelo gestacional, maternidad, sueño infantil. Terapias, talleres y círculos de mujeres en Rancagua. www.psicologiayflores.cl

¿Qué opinas?