Mujer Habitada: una madre de corazón

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Estando en la licenciatura de cuarto medio de la hija de mi marido, me sensibilizaron las declaraciones de tantos padres, madres e hijas demostrando desde sus vísceras el amor filial que los acompañaba.

Amujer habitadalgo ajena al sentimiento me puse a recordar. Desde mis 23 años, sin ser madre aún, comencé a participar de la crianza de una pequeña de 4, y de sus dos hermanos adolescentes de 11 y 13, sin conocer el oficio, me guiaba mi ser reglista y estructurado, y fui practicando mi rol de cuidadora (al estilo maléfica, para quienes vieron la película), sin entender mucho el por qué, pero ahí estaba.

Con el paso de los años y sin frutos propios, me concentré en la relación con mi compañero de vida (mi todo), en mi profesión y en mi rol de cuidadora, hasta que la vida se interpuso en mi camino y me colocó enfrente de una verdadera encrucijada, seguir con mi vida ajena al amor maternal o decidir si rescataba a un pequeño de casi 5 años que había sido internado hace poco en un hogar de niños. Pese a todos los miedos ganó el sentido del deber, y así llegó angelito, como una semilla de 5 años que se posó en mi corazón de 33 años, para anidar y crecer ahí .

La gestación comenzó entre las penas y los llantos de soltar un pasado de sufrimientos, en el diario trabajo de intentar contenerlo, entre su miedo a ser abortado de nuestras vidas y devuelto a la nada y mi miedo a no lograr sentirlo como hijo o a que no me sintiera como su madre. Un principito plenamente consciente de su pasado, de una madre biológica equivocada y desconfiado de este extraño ser que aparecía de la nada a rescatarlo junto a su marido.

A los pocos meses pasamos de un simple tía a un tímido “mamá” y yo  a un tímido “hijo”. Y seguimos caminando, tímidamente, con la permanente interrogante de cómo saber si realmente sentía o sentiría como una madre. Las señales no tardaron en hacerse presente, sentía sus dolores como míos, sus llantos brotaban en mis lágrimas, su existencia me sensibilizaba hasta hacerme llorar por el más mínimo detalle, pasando la noche entera despierta la primera vez que enfermó, encrispándome con sus enojos, estudiando y haciendo tareas juntos, decidiendo dejar mi trabajo de abogada de lado para dedicarme tiempo completo a hacer nacer ese apego que para el resto se genera en 9 meses de vientre más los 5 primeros años de vida. Y llegó la batalla legal para defenderlo del mundo y obtener la declaración oficial de que éramos sus padres, y me transformé en su leona en cuanta audiencia y entrevista debimos pasar, hasta que tras dos años entre tribunales y SENAME, comenzó un nuevo existir, con nuestros apellidos acompañando su nuevo nombre.

Terminados esos recuerdos, les debo confesar que definitivamente este parto fue más largo y doloroso de todos los que pude imaginar cuando pensaba en la maternidad, que el apego que nace naturalmente con un bebé (de vientre o adoptado) se hace más lento y difícil con alguien que nace de 5 años, pero aún así no cambiaría nada de mi existencia, volvería a recorrer el mismo camino sólo para llegar al hoy, porque entre los intrincados vaivenes de mi andar pude comprender que soy la elegida, porque la vida secreta y lentamente me fue preparando para lograr ser su guerrera madre: me dio  el amor de un compañero incondicional que me contiene día a día, cuyos hijos fueron entrenando mis dotes de cuidadora; me llevó a elegir una profesión que sería el escudo para la batalla; me forjó en los pilares de una historia de vida compleja… todo para transformarme y convertir a mi alma en la sustituta perfecta de mi vientre adormilado, alma en la que acuno hoy a mi hijo y a mi instinto maternal.

Si, hoy no me arrepiento de nada, y tengo además la certeza de que mi luchador y resiliente principito me ama como SU MADRE,  que soy su comienzo, su borrón y cuenta nueva con el mundo, y lo sé después de leer una simple biografía que escribió en el colegio para una tarea de lenguaje que hasta ahora me hace llorar:“y un día fui rescatado, los que me rescataron se llaman papá y mamá… y así comenzó mi vida”.

Y así comenzó esta nueva etapa de mi vida, miscanas, mis arrugas. Hoy soy una mujer habitada por la maternidad, que no nació de mi pero fue plantada y regada por cada lágrima y por cada risa de esa semillita de hijo que hoy está apegado a mi alma como un árbol a la tierra, con raíces que me habitan en cada célula y latido de mi vida, y lo hará hasta  la muerte e incluso más allá.

Jepita

Mamadre de un principito

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

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