Mi primer Año Nuevo como mamá

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31  de diciembre, hace dos años, casi despertaba en la peluquería, el vestido estaba listo desde la noche anterior, el carrete armado… 31 de diciembre siendo madre ¿Año Nuevo, qué es eso?

31 de diciembre siendo madre, no puedo decir que desperté porque casi no dormí, doy pechuga en la cama medio dormida, miro por la ventana, reviso el pañal para ver si volvió a mancharse… en unas horas todos brindarán con champagne, en unas horas de seguro estaré cambiando un pañal.

Seis meses recién cumplidos tenía mi hijo en mi primer Año Nuevo como mamá, 28 años en mi cuerpo y una extraña sensación, me costaba acostumbrarme a la idea que ese día sería como todos los otros días, solo que esta vez me pondría un vestido para cenar, y quizás miraría el Año Nuevo en el mar por la televisión.

Mi antiguo yo pasó la tarde frustrada y enojada, todos saldrían, todos disfrutarían menos yo, joder que me había cambiado la vida la maternidad ¿iba a ser así siempre? ¿Algún día volvería a ser yo? No, eso no sucedería, pero aún no lo sabía.

Decidimos pasar el Año Nuevo en casa los tres solos, mantener al bebé despierto hasta la media noche sería una tortura, la familia no entendería que luego de los fuegos artificiales necesitaríamos silencio para dormirlo, como vivimos cerca del mar se despertaría de todas formas, el ruido es muy fuerte y era probable que se asustara.

Cenamos temprano en la terraza, esa noche me permití probar media copa de champagne soltando la culpa y el miedo, casi un mes sacándome leche para poder disfrutar de ese momento. Mientras me maquillaba lloré en el baño, no me gustaba salir demasiado en Año Nuevo pero este año solo quería salir corriendo, me parecía tan injusto que por ser madre estuviera condenada a estar encerrada y no poder disfrutar. Entonces en medio de las lágrimas comprendí que no lloraba por Año Nuevo, sino por la soledad, por la falta de amigos, de vida social, de panoramas, comprendí que lloraba y porque llevaba seis meses siendo solo madre y que ya no lo soportaba más.

Cuando probé el espumante sentí que revivía, un poquito de mí volvía, mi hijo dormía en los brazos del papá, leímos a Nicanor Parra mientras mirábamos el mar, avanzó la noche y los fuegos comenzaron, desde el jardín de la casa veíamos un poco, mi bebé se despertó y sus risas llenaron todo, no, no lloró como temía, y entonces comprendí que la antigua yo no volvería, que realmente no quería salir porque se me partía el alma de imaginar a mi bebé llorando sin mi, pero que también me gustaría estar brindando con los amigos sintiéndome libre y por sobre todo bonita en este cuerpo que sentía que ya no me pertenecía.

En medio de los fuegos el papá de mi hijo nos tomó una foto, quizás la primera que tengo desde que parí, mi cabello reseco, la tintura a medio salir, ni un alisado podía contener ese freez pues amamantando no podía arresgarme, las ojeras no las disimulaba un rápido maquillaje en el baño. Me sentía fea pero a la vez comenzaba a entender y a aceptar que la vida había cambiado, y que cambiaría para siempre, y que sólo de mi dependía aprender a bailar siempre con sol o tormenta, con nuevo cuerpo, nueva alma, y nuevos tiempos.

Que la maternidad nunca te impida ser feliz, que nadie te diga que no puedes, que si una copa de sour te hará feliz, pues bébela y planifica. Que si de verdad quieres salir, pide ayuda a tu familia. Nunca jamás volverás a ser la misma, pero lo que si puedes hacer es aprender a vivir una maternidad sin culpas y con más placer

pd: me pasee por toda la red buscando una foto real de una madre en año nuevo con sus pequeños, no encontré ninguna así que prometo compensar sacándome una este año

Feliz Año Nuevo a todas!

Mucha luz, Tara

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl