Mi Lactancia… Nuestra Lactancia

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Por Ps. María José Gasc 

“La OMS recomienda la lactancia exclusiva los 6 primeros meses y luego complementarla con alimentación sólida hasta los 2 años o mas”… esta frase resonaba en mi mente desde el momento en que quedé embarazada de mi hijo Santiago.

Mis deseos de dar el pecho, las ideas y creencias que tenía asociadas a la Lactancia eran infinitas!… miedos, risas, placer, placer y placer.

 

Tuve un embarazo “bueno”, de esos en que no hay síntomas de pérdida, ni tampoco sintomatología “típica” del embarazo, como vómitos, mareos, dolores lumbares, etc.

Pude hacer ejercicio hasta la semana 34, me alimenté como yo quise y dormí como nunca antes lo había hecho.

 

Mi plan de parto, consistía en un parto natural, humanizado, respetado, donde la intervención quirúrgica o medicamentosa quedaran fuera de escenario. Busqué y hablé con un equipo médico que me hiciera sentir segura y creyera a pies juntos que un parto era algo natural, donde cualquier mujer está biológicamente capacitada para parir y que yo no era una “paciente enferma” que iba a una clínica a “mejorarse” de alguna enfermedad, mas bien era una mujer llena de energías que confiaba en ir a una clínica pero en un ambiente cálido donde la idea de pabellón quedase fuera y que yo era la que tenía el mando pero con un equipo que me sostendría en caso de requerirlo.

Una mujer que va a parir, siempre necesita apoyo y contención… necesita almas y cuerpos calientitos que cobijen, alienten y acompañen mientras entramos en la órbita del trabajo de parto.

Tuve un trabajo de parto hermoso. Sin medicamentos y pude hidratar mi cuerpo vía oral (como lo hace una persona sana) y cada vez que YO lo necesitaba, sin embargo, una sombra mía apareció ante la pregunta de un miembro del equipo… mi neocortex se activó y yo volví a tierra, dejando el planeta “Oxitocina” y respondiendo desde el temor, la razón y no el instinto… mi equipo me falló! Y como muchas mujeres en Chile y el mundo, fui víctima de violencia obstétrica. Mi plan de parto terminó y pasamos a pabellón, donde ya no había olor a chocolate… mas bien olor a limpio, mucha luz y el miedo hacía una fiesta.

Nos tomamos de la mano, convencidos con mi compañero que esto era lo mejor y necesario para que nuestro hijo naciera vivo! Ya que luego de un sufrimiento fetal producto de una ruptura artificial de membranas (innecesaria) y la polisistolía causada por tanta intervención, urgía sacar a mi hijo de mi vientre calientito.

Luego de 9 horas de intenso, hermoso y natural trabajo de parto… seguido de una traumática cesárea, mi hijo fue puesto en mi pecho. Nos miramos, nos besamos y nos enamoramos perdidamente.

Durante el trabajo de parto, recuerdo haberle dicho a mi marido… “Pensar que tan solo quedan horas para alimentar a mi guagua con mi leche que he venido haciendo con tanto amor durante estos meses…”

A la hora de nacido, mi hijo dormía sobre mi pecho. Lo sentía un tanto débil… y como no! Si habíamos vivido una experiencia de dolor y lucha. Ambos queríamos algo natural… y como muchas veces… nos cortaron el instinto (literalmente).

Una mujer del equipo médico, se acercó a mi Santi y mi pecho. Le acercó la cabecita a mi pecho y apretó mi pezón para que saliera calostro. Acercó la boca de mi hijo para iniciar la lactancia, pero nada. Me dijo “esperemos un poquito mas”

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Las horas pasaban y matronas, enfermeras se acercaban a tocar, mirar y hablar. Daban consejos sobre cómo se debía dar el pecho… ¿Acaso hay manual?… ¿Cómo lo hacían las mujeres en la prehistoria? … yo solo miraba y me entristecía al ver que mi guagua no lograba agarrarse a mi pecho. Él se acercaba, abría a duras penas su boquita y cuando tomaba mi pecho se le soltaba.

Resulta importante resaltar que mi hijo nació hipotónico y su succión era extremadamente débil. No tenía esa fuerza para mamar con la que nacen los cachorros mamíferos, su mentón estaba retraído y tenía un paladar profundo.

Yo, con mis pechos duros, llenos de leche, de esa leche que mi cuerpo sabio había fabricado con tanto amor… “¿Es que acaso no sirvo para dar pecho?” pensaba yo entre lágrimas. Sentía el olor a fracaso que emergía de los poros de los médicos… incluso de mi propia familia-tribu.

Nos fuimos a la casa con un acople débil. Una guagua que casi no tomaba pecho y que cada toma era angustiante… el lloraba de impotencia y rabia… yo que me sentía inútil. Pero había una fuerza interna, un fuego que se negaba a apagarse y me decía a gritos “No te rindas”.

Pasaron 18 días… y mi guagua no subía de peso. Nos aterramos y acudimos a la leche en fórmula, pero sólo algunas tomas, ya que la cantidad de leche que yo tenía y mis ganas locas de seguir con mi lactancia… nuestra lactancia, me permitían seguir dando leche humana.

Opté por sacarme la leche y dársela en una mamadera, ya que debido a sus impedimentos anatómicos, se le hacía mas fácil la succión a través de un chupete de mamadera que a través de mi pecho (ya que este último se le soltaba).

También probaba con pezonera, pero la fuerza que tenía mi guagua no le permitía extraer la leche de manera óptima.

Todos los días volvía a tratar de ponerlo al pecho, con la esperanza de que se pudiera acoplar y tomar directamente de mi, ya que mi formación profesional (Psicóloga con formación en Apego y Salud Mental Infantil) me susurraba al oído consejos que a la vez se teñían con las luces y sombras de mi puerperio.

IMG_4836A los 3 meses de edad de mi amado hijo, le hicieron el diagnóstico que yo hace un tiempo me temía… tenía una Alergia a la proteína de la leche de vaca… fuimos donde una nueva pediatra, amorosa y cálida quien me preguntó “¿Tienes leche?… y entonces porqué le das leche de vaca?”… Resulta, que me habían hecho creer una de las mentiras mas grandes que nos dicen cuando estamos dando pecho… Que mi leche no era tan buena… quizás no era suficiente y por eso es que mi guagua no subía bien de peso… las palabras nunca fueron exactamente esas, pero el mensaje era evidente.

Entonces me empoderé… volví a creer en mi cuerpo y saqué de mi casa esos polvos blancos que dicen ser leche “humanizada” para darle a mi guagua sólo de mi leche… aunque no fuera en el envase ideal, no lo privaría del contenido del mejor alimento para él. Subió bien de peso, y aunque nunca fue un niño gordito, cuando cambiamos la alimentación a sólo Leche Materna, subió del percentil 5 al percentil 15.

Estuvimos así por 12 meses. Me siento orgullosa de contar que le di a mi hijo Leche Materna por un año… Año donde se resfrió solo 3 veces y muy suave, nunca pasando mas de 3 o 4 días resfriado y nunca subiendo de los 37.8 – 38 de fiebre los cuales duraban sólo un día.

El proceso no fue fácil, ya que extraerme leche todos los días por 12 meses mas de 3 veces al día era agotador. Los pechos dolían y debo reconocer que mas de alguna vez pensé en abandonar. Sin embargo, la compañía y apoyo de mi compañero, amigo, marido fue crucial! Él me llevaba siempre un vaso de agua cuando me sacaba leche y me ayudaba a guardarla, a entibiarla y me animaba a seguir… muchas veces me hizo saber lo orgulloso y agradecido que se sentía de mi entrega… no fue un sacrificio! Fue un acto de amor que volvería a hacer.

Para muchas mujeres la lactancia es difícil… no siempre es como lo vemos en las revistas o en las películas! Hay dolor, hay cansancio y cuando nos sentimos cerca del abismo tememos que el fracaso se traduzca en que “No formamos Apego”, pero déjenme decirles que eso no es así! El Apego es mucho mas que la Lactancia! El Apego es un vínculo que se cultiva en el amor y el respeto. Podemos alimentar a nuestra cría con una mamadera con Leche humana o de vaca en el caso que lo requiera y entregarla con afecto, respeto y siendo conscientes de que en cada sorbo nuestras miradas se cruzan, los besos vuelan y sentimos desde el alma que le dimos pecho con y desde el corazón.

 

María José Gasc
Mamá y Psicóloga
Formación en Parentalidad Positiva, Apego y Salud Mental Infantil
www.apegocrianza.cl

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Acerca del autor

Psicologa Universidad del Desarrollo Formación en; Parentalidad Positiva, Apego y Salud Mental Infantil. Certificada en técnica de Intervención de Video feedback modelo ODISEA Consulta Particular (Viña y Santiago) y Talleres www.apegocrianza.cl

3 comentarios

  1. Tu historia es muy parecida a la mia, mi hijo Miguel siempre ha rechazado la alimentacion, sib embargo lo alimente 9 meses con lo mejor de mi, sacandome leche todos los dias y a cada rato, para alimentarlo con amor. Saludos

  2. Pero hasta qué edad se supone que no es manipulación? Cabe la posibilidad que sí manipulen a partir de cierta edad o período de desarrollo? Sería interesante especificar. Saludos y gracias.

  3. Me hiciste llorar con tu relato ! Me sentí tan identificada ! A mi me paso algo similar hace casi 6 años , cuando tuve a Alonso en cesárea de emergencia a las 37+5. pensé q lactancia era fácil pero me equivoqué y sucumbí a la leche de fórmula. Me di por vencida, sentía que no servía para nada y volví al trabajo. Ahora estoy de 37 semanas y empoderada en todo ámbito para esta vez dar la batalla y curar mis heridas.

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