Mi casa está desordenada

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Mi casa está desordenada, está desordenada porque he decidido ser una madre que disfrute de sus hijos e hijas y no una esclava del orden y la limpieza. Mi casa está desordenada, una montaña de legos navega por mi living, hay que ser casi un atleta para lograr caminar sin pisarlos. Mi casa está desordenada, mi librero que antiguamente era mi templo de conocimiento, un altar casi intocable ahora está mezclado con libros para colorear, historias de autos, cuentos de hadas, plumones y títeres, sus libros de niño, de esos coloridos y que arman rompecabezas, se mezclan con Chomsky, a veces toma un cuento para aprender q contar, a veces navega por mis libros, y aunque alguno ha terminado dañado, juntos lo hemos pegado y leyéndole El ruego del libro de Gabriela Mistral, aprende a cuidarlos, si quiero que de grande lea, tengo que dejar que explore, que los tome, los mire, les hable, es un hecho, nos guste o no, nuestras palabras logran menos que nuestro ejemplo… De nada servirán los sermones de adolescencia si de niños no predicamos con los hechos.

Mi casa está desordenada, en el lugar donde debiese ir un sillón hay un auto eléctrico gigante, podrá decir que mi estilo es minimalista, la menor cantidad de muebles para tener la mayor cantidad de espacio para él, siempre hay una pelota dando vueltas por algún lugar. Mi casa está desordenada, adornada para un niño y un adulto, en vez de un televisor está su atril de pintura, junto a él un pequeño canelo, un árbol que adoro crece feliz, como mi niño amado. Mi casa está desordenada, en mi cocina cuesta encontrar el orden, a veces se apilan los platos, y si me visitas más de alguna vez encontrarás una silla junto al lavaplatos ¿la razón? Mi hijo me ayuda a lavar, a su estilo y su manera gustos o después de almorzar lava la loza junto a mamá. También hay una cocina pequeñita junto al refrigerador, cocina él y cocino yo, es un poco incómodo, siempre chocamos al pasar, pero ver su cara de felicidad no tiene precio, así es, nada más.

Mi casa está desordenada, nunca alcanzó a ordenar, a veces voy a casas de amigas con hijos donde todo es reluciente y me siento fatal, me pregunto cómo lo hacen, como logran equilibrar ser madre, tirarse al suelo, trabajar y ordenar, me da envidia y adivinen! Viene la culpa y me siento mala mamá, entonces intento estructurar, tener esa vida impecable que tienen los demás, muebles caros, adornos hermosos, todo en su lugar, pero luego me pongo a pensar, ¿es eso lo que yo quiero de verdad? No, claro que no, no sé cómo crían ellos, de seguro dan lo mejor como papá y mamá, pero yo no me voy a esclavizar, prefiero tener la ropa sin planchar y sentarme en el suelo a jugar, meter mi cabeza dentro de una bolsa o cantar hasta ya no dar más, y no es que no ordenemos, lo hacemos, es solo que cada cosa está donde debe estar, moviéndose, fluyendo, enseñando, porque así con la libertad que tiene para explorar ha aprendido a ordenar, cantamos juntos “recoger, guardar” de cantando aprendo a hablar, y es tradición, solito ordena, sin ninguna presión.

Que cuando vas a tener tu casa como un lugar de adultos de verdad, pues cuando vivan solo adultos, que más pueden esperar, me cuesta chasconearme, no crean que me es fácil, a ratos miro mi casa y me dan ganas de llorar, a veces siento que me pasó todo el día después de trabajar limpiando y ordenando y se ve todo igual, pero bueno que más da, lo importante es educar, estar, amar, quizás mis hijos no me recuerden como la madre que siempre puso la mesa impecable, que tenía el piso brillante porque pasaba horas limpiando, o la que se lucia con las mejores comidas, los muebles más bellos, y los mejores adornos, eso de seguro no lo harán.

Pero si recordarán a una madre que jugaba con ellos, que se tiraba al suelo, que renunciaba a limpiar los vidrios cuando no querían estar solitos, porque estoy cansada de vivir la maternidad como un eterno sacrificio, yo quiero disfrutar, y sí, mi casa está desordenada, y qué más da, yo elijo vivir plenamente mi maternidad, vivirla sin culpas, sin miedos, porque me libero del peso de ser la mujer perfecta, de rendir siempre bine en todo, siempre arreglada, excelente dueña de casa, gran profesional, excelente amante, debota esposa, y mejor amiga. no, ya no cargo más con esas exigencias, elijo ser madre libre y feliz, elijo ser una mujer que se da tiempo para ella misma, una mujer que disfruta de su trabajo, de su hijo, de su autocuidado, y sí, mi casa está desordenada, vive  un niño en ella, mi casa está en realidad adornada por él, compartimos los espacios, si vienes a mi casa, descubrirás una nueva forma de adornarla, de ordenarla, para ti quizás está desordenada, para mi, para nosotros está llena de vida, de juegos, de mundos por descubrir, de alegría y color… de luz y amor.

 

Para todas ustedes, que como yo tienen su casa desordenada, para las madres siempre un poco despeinadas, locas lindas, mujeres poderosas, las admiro, las respeto, las honro, hermanas de camino y maternidad.

 

Mucha luz

 

Tara

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

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