Me arrepiento de ser mamá

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Lo teníamos todo, pero realmente todo, sabía que había encontrado en él al amor de mi vida, era un hombre magnífico, inteligente, ardiente, cariñoso, atento, nuestra relación fluía de maravilla, era unos pocos años menor que yo pero eso le daba mucha más candela a nuestra vida, me sentía siendo casi siempre protagonista de una película erótica, vivíamos en un maravillosa casa que compramos con una linda vista al mar, yo brillaba en mi profesión con una carrera ascendente, todo era tan perfecto que un día lo decidimos, ¿y si somos tres?

Sonaba todo tan idílico, él me dijo antes de saberlo yo, estás embarazada, había dejado de cuidarme hace poco más de un mes y era cierto mi cuerpo ya alojaba al fruto de nuestro amor, salimos de la consulta con una ecografia en la mano y algo cambió en mi, él estaba iluminado de tanta alegría y yo enrabiada con la vida, en ese momento no lo vi, solo seguí. Fueron nueve meses de un fastidioso embarazo con náuseas de principio a fin, no hubo ni antojos siquiera solo ganas de vomitar que me jodieron la vida, nuestras tardes ya no eran lo mismo, la barriga crecía y yo no podía evitar culparlo a él de mi malestar, las noches de lujuria dieron paso a intentos de él y evasivas mías, Fueron nueve meses donde mi cuerpo solo sirvió para eso, para preparar a un otro que ya no estaba tan segura si quería.

Las primeras peleas comenzaron al nacer el bebé, dejé de ser mujer y me convertí en una madre cansada, debo reconocer que él aguantó estoico y cariñoso, hombre fiel y enamorado las 35 semanas de abstinencia sexual antes de llegar el bebé, yo pensaba que sin náuseas la cosa volvería a la normalidad, pero no, no tenía ni la más mínima idea de lo que era la maternidad, los pechos al aire, la cría llorando, las noches cantando, los días mudando, y yo enloquecía, “me están webiando le decía a una amiga, está era la bendita dulce espera, detesto ser mamá “. Pasó la cuarentena y él me volvió a buscar, de a poco y con cariño, pero yo de ganas ni hablar, odiaba mi cuerpo entregado a su hija, odiaba mis pechos empapados en leche, odiaba al pediatra que me decía “al menos hasta el año tendrás que amamantar”, la próxima vez que me volvió a buscar se lo dije sin pensar “no te atrevas a volver a tocarme”.

Hoy estoy sentada en una habitación vacía, la niña con su padre, y yo con mi rabia escondida, me di cuenta ya hace unos días, eran las cuatro de la mañana y era la quinta vez que la niña despertaba, casi dos años después y nada cambiaba, le rugí que fuera él que no pensaba moverme esta vez, ya les dije mamá cansada (llevábamos meses durmiendo en camas separadas), cuando la casa quedó en silencio lo vi, tomarse una foto y sonreír frente al celular, con el torso desnudo y mirada de placer… cerré los ojos y rompí a llorar, al día siguiente le revisé el whatsapp, ahí estaba esa foto y muchas más, enviadas a un número sin nombre y sin foto, llamé y una voz de mujer me dijo “hola amor”… colgué sin vacilar, me tiré en el suelo y me puse a llorar.

Cuando lo encaré ya no quedaba nada, me miraba lejano y frío, enojado y dolido, emputecida le reclamaba mi orgullo herido mientras él me decía ¿te parece normal no querer tirar con tu pareja en dos años? Te parece sano no haberme vuelto a tocar desde que quedaste embarazada, acaso creesque soy de fierro me bramó llorando. No negó nada, ni siquiera se disculpó, esto es consecuencia de tus hechos me dijo, mientras leona herida le decía “acaso eres un animal que no pudiste esperar”. Pero de nada servía ya reclamar, él se había dijo de mi mucho antes de que yo lo sospechara, sus labios eran de otra, su amor era de otra, sus tardes de lujuria hace mucho no las compartía conmigo, mientras yo guardaba en mi solo la puta rabia de haber parido.

Hace más de un mes que se fue de casa y hoy puedo decir con claridad que me arrepiento de ser madre, creo que esto no es para todas, que deberían advertirnos, hace un par de días me diagnosticaron depresión, me dijeron que de seguro tuve depresión post parto y que llevo meses con una agitación del amamantamiento, la semana palabras técnicas no significan otra cosa que odio ser mamá, odio dar pecho  odié mi barriga creciendo, odie su infinito amor a la niña, odio levantarme a hacerla dormir, odio no tener vida, odio cuando se enferma y debo estar allí siempre para ella, y más aún ahora que él no está. Me dicen que se me va a pasar, que con tratamiento voy a disfrutar la maternidad, y yo me pregunto ¿para qué? Llevo más de dos años sin sexo y sin deseo sexual, no soporto mi cuerpo, mi vida se ha vuelto trabajo y trabajo sin más, las horas extras que antes hacía para viajar hoy las hago para pagar el jardín, deje de ser la mujer libre, independiente, sublime y lujuriosa amante para ser la cornuda del barrio, ocho meses tuvo amante antes de descubrirlo.

No, a mi la maternidad no me hizo feliz, a mi la maternidad me arruinó la vida, y no sólo porque él se fue, sino porque yo me fui, dejé de ser mujer, dejé de disfrutar y lo peor es que hoy tengo a una niña que debo amamantar aún cuando me dan ganas de que no me toque nunca más, sé que debo darle todo lo que requiere para crecer, pero no sé si algún día pueda darle amor como el que él le da. No, ser madre no es para todas, nos deberían educar más, nos deberían contar la verdad, porque créanme que haría lo que fuera para volver el tiempo atrás y nunca ser mamá, y no es por su infidelidad que a estas alturas es solo la guinda de la torta, es porque de verdad todo lo que tiene que ver con ser madre me molesta y me agobia, espero que mi hija algún día me perdone, o espero quizás que la psiquiatra tenga razón y todo esto se deba a una extensa depresión jamás tratada, que fácil habría sido si alguien me hubiese dicho alguna vez que existía la depresión post parto… qué fácil sería si antes de ser madre me hubiesen dicho la verdad de la  maternidad.

 

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Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl

2 comentarios

  1. Qué fuerte! Creo que en cada una de nosotras existe o existió ese arrepentimiento en más de un momento, cuando la maternidad nos lleva al límite del agobio. No se puede juzgar, ni menos condenar. Sólo queda que las mujeres nos unamos más, nos apoyemos más de lo que ya lo hacemos, para que ninguna mujer se sienta así. Para que ningún niño sienta el rechazo de su madre, que seguro lo marcará para siempre.
    Ojalá volviéramos a criar en tribu, como era antes. Creo que sólo así protegeremos la maternidad de las mujeres de hoy, tan exigidas por ellas mismas y por la sociedad.
    Mucha energía positiva y cariño para esa mamá.

  2. Me da mucha tristeza por su hija…realmente espero que esa pequeña encuentre el refugio que su corazón necesitará para llenar el espacio que nunca podrá ser llenado por el amor de su “madre”…

    En un principio debo admitir que he luchado por no odiarla…
    pues, que palabras más fuertes de desdén a esa pequeña que sólo buscará su amor y aceptación por tantos años. He tratado de ponerme en su lugar, y realmente no puedo decir que lo haya logrado…

    Que importante que pudiera detectarse en su inicio una depresión así, que tanto daño hace a todas las partes, para poder contrarrestar ese dolor y perfumarlo con más esperanza…que fundamental es ser honesto con los sentimientos que se van teniendo en situaciones tan importantes como estas.

    Esto va para aquellas madres que se sienten identificadas:
    No es normal sentir tantos sentimientos negativos hacia tus hijos, hacer terapia es más que necesario en casos como este o similares…por el bien de los tres (padre, madre e hija), buscar ayuda es más que imprescindible.

    Que historia más triste y angustiante 🙁