¿Maternidad sin orgasmos?

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A los pocos meses de ser mamá estaba sentada en un círculo de maternidad de una de esa personas que se transforman en  pseudo gurú y escuché una frase que en su momento me chocó pero no le di mayor importancia “y si no quiero tener sexo con mi pareja, no tengo po, que se aguante. Él se las tendrá que bancar que yo ahora soy madre y no estoy para satisfacer sus necesidades animales, y si quiere buscarse una amante que se la busque así me deja de hinchar”. Recuerdo que todas reímos pero muy pocas comprendimos lo que había detrás de esas palabras.

¿Qué es lo qué pasa con la sexualidad de la mujer al ser madre? Me lo vengo preguntando hace mucho tiempo porque siento que nos sumergimos demasiado en el arquetipo de la madre y olvidamos, escondemos e incluso censuramos en exceso nuestro lado de mujer, profesional, creativo y sensual, y no, no me refiero a la sexualidad de los primeros tres meses post parto, porque es tanto el cansancio que ni mujer ni hombre tienen muchas energías para algo más que dormir cuando se duerme el bebé… me refiero a que el 90% de las madres con las que he hablado confiesan que la líbido se les fue más abajo del suelo al menos los primeros ocho o nueve meses de su bebé, e incluso los dos primeros años, “quiero follar- me decía una amiga- me muero de ganas de ser tan caliente como antes pero es que no sé a dónde se fueron las ganas, y no es por cansancio sino que me volví fome, apagada, ya no lo disfruto como antes”. Así podría escribir cientos de relatos de madres que no disfrutan el sexo, que lo rehuyen, que lo hacen por cumplir, que inventan excusas, o que simplemente creen que es una brutalidad del hombre, pero ¿por qué nos pasa esto, es tan normal estar un año sin QUERER tener un orgasmo?!

Sé que cuando somos madres las hormonas nos juegan una mala pasada, la occitoxina hace lo suyo, la lactancia nos invita a vivir la sexualidad de una manera diferente, debemos reencontrarnos con nuestro cuerpo, volver a aceptarnos, a conocernos, pero parece que nos olvidamos de una parte fundamental: el placer sexual. Y no lo digo pensando en ellos, en la pareja que reclama, se enoja o “mira como gato a la carnicería”,  lo digo por nosotras, por nuestro propio disfrute, por nuestro propio placer, porque de verdad somos más que solo madres, más que solo trabajadoras, más que solo dueñas de casa, y necesitamos recordarlo, solas quizás, como cuando tímidamente en algún momento de nuestras vidas nos atrevimos a masturbarnos, a auto darnos placer, venciendo todos los designios patriarcales, pienso que quizás, siendo madres nos volvemos por herencia y por exceso de repetición casi santas, entonces la amante se va a dormir, la amante se va relegada a los brazos de las solteras sin hijos, y nosotras quedamos ahí cuerpos dadores de vida, portentos del poderoso ser femeninos, pero incapaces de sentir! Que grave me parece que nadie entienda que eso NO puede ser normal, o al menos NO es sano!

Converso en medio de un desayuno con mi amigas madres sobre la libido y todas llegamos a la misma conclusión, nos olvidamos de nosotras, y en ese olvidarnos, en ese no tomarnos un tiempo a solas, en ese no salir a pasear, en ese creernos súper madres, super woman, vamos cumpliendo roles, expectativas establecidas socialmente, hacia afuera, y nos olvidamos de mirar  hacia adentro, de volver a amarnos, a tocarnos, a creernos deseables y a desear. Otra vez, vivimos para afuera y nos vamos postergando, dejando el placer sexual como una obligación que debemos cumplir para ellos, como si para nosotras no fuese importante.

Confieso que a mí también me pasó lo mismo, con una separación a cuestas, comprendo que olvidé tanto mi ser mujer que me apagué, no sólo para él, sino por sobre todo para mí, me cuesta romper paradigmas, pero en un proceso consciente y trabajado me he vuelto a conquistar, he vuelto a pololear con el placer, he comprendido que puedo ser mujer, madre y amante, que puedo entrar y salir de los roles cuando se me plazca, que solo yo tengo el control.

Quizás el primer paso para ello sea mirar nuestro cuerpo y si les nace, tocarse, sentirse, volver a reconocer lo que les gusta y lo que no, volver a sentirse sensual, olvidando los kilos de más o de menos, volver a sentir el placer sexual  en un viaje muy muy personal, que si nosotras no sabemos cómo excitarnos o lo que nos gusta, difícilmente lo sabrán ellos, ahora si la travesía la inician con la pareja mejor aún ¡lo importante es comunicarse! No saben cuánto amor puede nacer de confesarles a ellos “es que no sé cómo volver a sentir”, marcada tengo la frase de un querido amigo que me contaba los avatares sexuales con su esposa luego de ser padres, una noche de esas pocas en que se alinearon los astros y lo intentaron ella no podía, no lo lograba, no disfrutaba, entonces él comprendiendo que no era capricho, que no era apatía, que no era ser bruja, dio el paso- que estoy segura los catapultó como la fortalecida pareja que son hoy- y le dijo tiernamente ” no te preocupes amor, yo te hago sentir, yo te hago sentir, aunque nos demoremos horas” ¿qué más bella frase de amor y deseo puede nacer de la intimidad de una pareja…

Ahora, si nunca disfrutamos nuestra sexualidad, si no nos renconciliamos con el placer antes de la maternidad, les aseguro que el puerperio puede ser una dolorosa tormenta en donde solo podremos salir airosas si esta vez nos atrevemos a ver qué nos pasa en lo sexual/sensual, qué creencias tenemos arraigadas, qué traumas heredados, qué miedos silenciados, qué bloqueos manifestados en nuestros cuerpos. Necesitaremos una alta dosis de valentía para lograrlo, y mucha pero mucha paciencia, pero les aseguro que el resultado es enriquecedor y reconfortante, y vuelvo a repetir, no lo digo por ellos, que sí es verdad, lo agradecerán, lo dig por nosotras, que el placer sexual es tan masculino como femenino, y que más allá de cuidar la pareja, lo importante es cuidarnos a nosotras, aceptar que también deseamos, que es normal, que es sano, y que si no queremos sexo por un largo periodo de tiempo quizás sea momento de tomar un buen libro erótico (ojalá, por favor, no las 50 Sombras de Grey), de comprarnos algún juguete, de darnos un tiempo para re descubrir el placer, y también de decirle a ellos que necesitamos de su ayuda para volver a sentir, no creo que ningún hijo libre rechace el desafío de devolverle el libido a la madre de sus hijos.

 

Abrazos de luz y lluvia se sensualidad para ustedes MUJERES madres

Acerca del autor

Tara es la diosa de la fertilidad en la civilización guanche, la diosa madre por excelencia... Hoy Tara es madre de uno y de muchos, una mamá que quiere que todas más mujeres seamos felices con nuestra maternidad, sin culpas, sin exigencias, que nos amemos a nosotras para enseñarles a los pequeños a amar sin límites a los demás.

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