Mastitis: cómo combatir al peor enemigo de la lactancia

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Por: Sara Montero

La mastitis es uno de los principales motivos que hacen que las madres recientes decidan abandonar la lactancia antes de lo que tenían pensado. Ya sea por el propio dolor que produce la enfermedad o por los medicamentos que se recetan contra ella, muchas mujeres deciden dejar de dar el pecho a su hijo/a y no lo retoman tras el tratamiento.

“Durante el embarazo y la lactancia cambia la estructura de las glándulas mamarias (aumenta notablemente el número y tamaño de los conductos galactóforos y la vascularización mamaria). Además, se produce pre-calostro, calostro o leche. Estos fluidos biológicos son ricos en lactosa y oligosacáridos, sustratos que pueden usar ciertas bacterias para su crecimiento”, explica el doctor Juan Miguel Rodríguez, el único ponente español del pasado el XI Simposio Internacional de Lactancia Materna, promovido por Medela, que se celebró el pasado abril en Berlín (Alemania). Y es que el primer síntoma de esta patología es la inflamación de la glándula mamaria que se produce como consecuencia de una infección. Ante señales como los pinchazos, los calambres o la sensación de quemazón las madres deben acudir al médico.

Y es que, según el doctor, esta enfermedad ha sido muchas veces ignorada o infravalorada por la medicina. Hasta hace unos años, el diagnóstico se realizaba de forma visual (sin cultivo biológico). “La glándula mamaria durante la lactancia es posiblemente el único órgano que no está contemplado por ninguna disciplina médica”, argumenta Rodríguez. Si se compara la mastitis con enfermedades masculinas como la disfunción erectil, la desigualdad es abrumadora: “Hace dos o tres años, un artículo de la revista Time comparaba esta situación (ausencia de pruebas específicas para mujeres con mastitis o dolor durante la lactancia) con la de la disfunción eréctil (con numerosas pruebas, numerosos tratamientos, incluso clínicas dedicadas específicamente a este problema)”, recalca el doctor.

El test microbiológico

Aunque es una enfermedad frecuente, hasta hace pocos años había bastante desconocimiento sobre los diferentes grados de la mastitis. Las agudas (enrojecimiento del pecho y síntomas similares a los de una gripe) eran las únicas que trataba el médico, recetando a la paciente antibióticos y antiinflamatorios (paracetamol para bajar la fiebre, ibuprofeno para bajar la inflamación), según cuenta el doctor. Pero hay un tipo menos grave que hasta hace poco eran infradiagnosticado: las mastitis subagudas, que también presentan dolor punzante pero cuyos síntomas no llaman tanto la atención como el enrojecimiento y la fiebre. Se suele tratar con una combinación de antiinflamatorios (ibuprofeno) y bien un probiótico específicamente dirigido a este problema o bien un antibiótico (en este caso tras cultivo y antibiograma).

El Departamento de Nutrición, Bromatología y Tecnología de los alimentos de la Universidad Complutense de Madrid que lidera el doctor Juan Miguel Rodríguez ha analizado la leche de más de 4.000 madres lactantes con síntomas de mastitis (en concentro una bacteriana denominada Staphylococcus aureus que se asocia con las agudas). Sus estudios concluyeron que las bacterias causantes de más del 50% de los casos se habían vuelto resistentes a los antibióticos que se suelen prescribir por defecto, como la amoxicilina.

Por eso, el especialista pide que se preste más atención a esta patología. Él apuesta por que los análisis microbiológicos se vuelvan tan frecuentes como en el caso de las infecciones de orina: “Consiste en cultivar muestras de leche humana en medios de cultivo adecuados para el crecimiento de las bacterias que causan mastitis. De forma similar (aunque con sus propias peculiaridades) a los cultivos de heces, orina, sangre, exudado vaginal, frotis faríngeo…que se hacen rutinariamente desde hace muchísimas décadas”.

Fuente. elmundo.es

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