María Montessori: respetar los ritmos de los niños

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Mucho se habla hoy de la educación Montessori y aunque varios se esmeran en adornar habitaciones con el estilo, muchas veces pasamos por alto la principal premisa de María Montessori: respetar el ritmo de los niños.

A propósito de los ritmos es que compartimos con ustedes la reflexión de la creadora de una de las metodologías educativas más revolucionaria de los últimos tiempos.

Esta reflexión nos recuerda que suelen ser los adultos en su agitada vida quienes en nombre de la inmediatez coartamos las experiencias de los niños y niñas como seres autónomos, retándolos o castigándolos cuando no hacen las cosas a nuestro propio ritmo, arruinando así la maravilla del aprendizaje.

DOS RITMOS por María Montessori

El adulto que no ha comprendido todavía la actividad de la mano infantil como una necesidad vital, y no reconoce en ella la primera manifestación de un instinto de trabajo, impide el trabajo del niño.

Si el pequeñuelo intenta peinarse, el adulto en lugar de llenarse de admiración por esta tentativa maravillosa, siente asaltadas sus prerrogativas, viendo únicamente que el niño no se peina bien, ni de prisa, y no llegará a efectuarlo, mientras que el adulto puede realizarlo mucho mejor. Entonces el niño, que está efectuando con entusiasmo aquella acción constructiva de su propia personalidad, ve al adulto, a este ser tan alto que parece llegar hasta el techo, poderoso hasta límites inconcebibles para su mente infantil, y contra el cual no es posible la resistencia, que le arranca el peine de las manos, diciéndole que él le peinará. Lo mismo ocurre cuando el pequeñuelo se fatiga procurando vestirse y calzarse. Cualquier tentativa está prohibida. El adulto se irrita, no sólo porque el niño intenta realizar inútilmente una acción, sino también por aquel ritmo, por la manera de moverse, tan distinta de la suya.

 

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl

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