Mamá permíteme tener a mi papá

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Muchas mamás vienen a mi consulta y me dicen… “el papá de mi hijo es un padre ausente”, “no es aporte”, “es peligroso”, “no sirve para nada”, “no tiene nada bueno”, “jamás le he hablado mal de su papá a mi hijo”, pero es un tal por cual”. Especialmente mujeres valientes que han tenido que afrontar gestación, parto y puerperio solas. Que se han acostumbrado a salir solas adelante con sus hijos, teniendo que prescindir del apoyo del padre de su hijo. O madres que han tenido que afrontar cosas como violencia intrafamiliar y abusos. Lo que quiere mamá es evitar a toda costa el sufrimiento del hijo y la reacción primitiva, es alejar al padre del hijo.
También hay mujeres que por uno u otro motivo excluyen al padre, de la crianza de los hijos. O desvalorizan la figura paterna ante los ojos de sus retoños estén estos presentes o no.

“La madre, es la que escoge el padre, sea biológico o no, la que escoge la cabeza del clan o no. Es la que en su inconsciente acepta que este hombre sea el protector o cuidador del clan.” (Enric Corvera)

Aunque comprensible y dolorosa, esta situación, vista desde las “Constelaciones Familiares” y la “Ancestrología”, es una situación que puede causar muchas dificultades a los hijos tanto en el presente, como en el futuro. Especialmente a los hijos varones. Sin palabras estamos condicionando al hijo a no poder “tener” a su padre en el corazón, a no poder amarlo a “tener” que rechazarlo. Desarrollando un sinfín de enfermedades, y problemas para nuestros hijos.
De esta manera el hijo varón queda sin permiso de crecer y hacerse hombre, como un niño eterno, ya que crecer, significaría convertirse en hombre y ser como su padre. Y recordemos que papá ante los ojos de mamá y según mamá… es un “hombre malo”, deficiente, peligroso, ausente, incompleto, etc.
Por otro lado, si es mujer, la hija queda sin permiso de crecer y/o tener hombres en su vida, ya que la imagen masculina está dada por el primer hombre. Cuando mamá le enseña a su hija, una imagen de hombres débiles y desestructurados, esta hija crece buscando “niños” o “parejas abusivas o distantes”, para mantener relaciones emocionales inestables, ya que la programación de mamá es que papá es un niño, o un hombre lejano, con la consecuencia de tener relaciones que no se concretan, fracasos emocionales o relaciones adictivas
En todas las tribus ancestrales, el que lleva los hijos al mundo del adulto es el padre. Es el padre o el abuelo el que lleva a los hijos a cazar, a luchar. A la vida, al exterior. Mientras mamá se queda en casa cuidando el fuego del hogar. Estamos programados de esa manera, en nuestro cerebro más rudimentario, que es el cerebro reptiliano. Es ese cerebro, el que necesita tener la presencia de “lo masculino” para tener seguridad y presencia en la vida.
Y es que según Bert Hellinger, el creador de las “Constelaciones Familiares”, todo lo que rechazamos, lo que excluímos, lo que enjuiciamos duramente… hace un síntoma en el sistema familiar, en nuestros propios cuerpos y destinos. Ya que cuando no vemos estas sombras, los más pequeños del sistema (en este caso los hijos) hacen los síntomas para sacarlo a la luz y sanarlo e integrarlo. Cuando abrazamos sin juicio, todo lo que ES… entonces, solo entonces tenemos PERMISO, de ser LIBRES.
Es decir, cuando rechazamos el padre que es y lo sacamos de la vida del hijo, inmediatamente estamos provocando que los hijos hagan lo que sea por tener a papá en el alma. Tomando lo más difícil y doloroso de su padre biológico, repitiendo esquemas de enfermedad, dolor y sufrimiento. Ya sea enfermarse, gravemente, caer en drogas, depresiones, agresividad, etc. Ya que todos los niños sin excepción aman a su padre, independiente como este sea o haya sido. El niño, desde las constelaciones familiares y desde su infancia, no odia a su padre, el rechazo de un niño(a) a papá es el rechazo de la madre del niño hacia el hombre. Incluso, los niños más vulnerados por su padre, en el alma sienten una fidelidad y un amor que puede llegar a ser muy tóxico y peligroso en su vida adulta, si no es tratado de forma adecuada.
Entonces cuando una mujer consciente o inconscientemente aleja o se interpone entre el hijo y el padre pone al hijo en una situación dolorosa y conflictiva. Si el niño expresa sus sentimientos de amor a papá, está dando la espalda a mamá y si ama y es fiel a mamá, entonces debe rechazar a mamá.
El problema es que el 50% genético que lo que el niño es … es su padre y el otro 50% es su madre. Lleva la carga genética de ambos y es fiel a ambas programaciones inconscientes. Por lo tanto es como si la mano derecha, odiara a su mano izquierda o viceversa. Esto conflictúa al niño de tal manera que es posible que un pequeño pueda enfermar físicamente o al menos hacer síntomas físicos como estreñimiento, problemas para dormir, terrores nocturnos, etc. Y ya más grande anorexias, bulimias, adicciones, violencia y agresividad, trastornos del aprendizaje, déficit atencional, etc.
La verdad es que, la única manera de que un niño pueda tener en el corazón a su padre. Sea este presente o ausente y no guarde rencor, teniendo así un equilibrio mental y emocional. Con la posibilidad de dejar fuera aquello tóxico de su padre y tomar lo bueno de este ser. Es que la madre, alimente el amor, respeto hacia el padre. En casos de agresión y vulneración, es posible dar las gracias por la vida que el padre le dio y poner una distancia saludable entre el niño y el padre biológico. Y aquí tenemos un problema ya que el 90% de las mujeres venimos de linajes ancestrales donde el hombre ha tenido un rol lejano, violento o ha sido excluído del sistema familiar parcialmente o por completo. Convirtiéndolos en niños de mamá, mamones, inmaduros incapaces de relacionarse sanamente con una pareja.
La herida de la relación padre-hijo está dada por la relación entre la propia madre y los hombres en su vida.

“El camino al padre, es a través de mamá.”  (Bert Hellinger)

Si queremos criar Hijos equilibrados, felices y completos, sanos y exitosos. Es necesario que como mujeres aprendamos a darle el espacio a lo masculino en nuestras vidas. A nuestras parejas. Es imprescindible sanar la herida femenina. Para poder mirar a nuestros compañeros, padres y hermanos con ojos nuevos. No nos sirve que solo “no hablemos mal de ellos”. Debemos comenzar a mirar la contención, la fuerza y el aporte que ellos representan en nuestra vida y especialmente en la crianza de los hijos. Aprender cuando debemos dar un paso al lado, evitando la sobreprotección que es una violencia tan dura como el abandono, para que papá se relacione desde su propia individualidad con cada uno de los hijos, esto es entre los 6 y 7 años, estructurando al niño para que sea autónomo. La sobreprotección crea hijos varones castrados e hijas destinadas al fracaso en sus relaciones amorosas.
Ellos, jamás serán una mamá. Comerán pizza y se acostarán tarde, jugarán a la pelota, y se ensuciarán. Saltarán de lugares altos y correrán riesgos. Jugarán videojuegos y serán rudos o mimarán a las hijas y les enseñarán a andar en bicicleta, ser valientes y audaces. Los tomarán de la mano y los llevarán a la vida. Sin miedos.
Nosotras debemos apoyar estos espacios, estos vínculos. Pues significan equilibrio y éxito en la vida adulta de nuestros hijos. Aprendiendo a respetar, valorar lo que ellos nos aportan. Aunque solo haya sido la vida de nuestros retoños.
Cuando rechazamos lo masculino en nuestra propia vida, hacemos un agujero en el alma de nuestros hijos. Los dejamos eternamente amarrados a nuestras faldas. Creando hombres y mujeres inmaduros que repetirán la historia de violencia, abandono y machismo.

“Todo hijo tiene padre, el padre está presente en el corazón del hijo a través de la madre. Es mamá quien permite o no, a sus hijos, tener papá.”

Náyade Quiñones Li

Acerca del autor

Mujer, Bruja Urbana, enfermera del alma, mamá en entrenamiento. Enfermera de la Universidad de Chile, Consteladora Familiar Sistémica, Maestra de Reiki (Gran Maestría), Maestra de Lectura de Registros Akáshicos, canalizadora, Terapias Complementarias Integradas.