Madres que no aceptan su cuerpo podrían influir en trastornos alimentarios de sus hijas

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Para la mayor parte de las mujeres el tema del peso, de las dietas y de la preocupación por el cuerpo es algo que forma parte de nuestra cotidianidad y está absolutamente normalizado.

Con frecuencia podemos escuchar a chicas comentando en el metro acerca de la nueva dieta que promete hacerlas bajar de peso en 1 o 2 semanas, o la última moda de las dietas detox, que no tengo tan claro que tan detox son en verdad, se compran productos light sin azúcar, sin gluten sin ser celiacas ni diabéticas, tan solo porque lo leyeron en tal revista o libro del momento, otras comentan en el pasillo lo gorda que llegó de sus vacaciones fulana y lo mal que se ve la pobre, otras publican orgullosas en el Instagram o Facebook fotos con cuerpos famélicos donde otras varias más le comentan lo regia y estupenda que se ve.

A todas nos gustaría tener hijas seguras de sí mismas, felices, creativas, audaces, con una imagen corporal sana, independiente de la estructura física que esta tenga, que puede calzar o no con los reduccionistas cánones de belleza que tenemos hoy día en nuestra sociedad.

¿Pero qué pasa en la práctica? Me atrevería a decir que más del 80% de las mujeres no estamos del todo conformes con nuestros cuerpos. Algunas porque no somos los suficientemente altas, otras porque no somos lo delgada que quisiéramos, otras porque nos gustaría tener más o menos busto, otras porque no nos gustan nuestras anchas caderas, otras quisiéramos tener más trasero y otras quisiéramos tener muslos más delgados. En fin, podría estar toda una tarde enumerando detalles que cada mujer cambiaría de su cuerpo.

Pero cuántos de estos detalles se deben realmente a que comemos demasiadas golosinas, productos con mucha grasa o azúcar, o a que no tenemos un estilo de vida saludable. Según la Dra Clarissa Pínkola lo más probable es que estas formas de nuestro cuerpo que tanto detestamos no sean más que la configuración corporal heredada de nuestros antepasados, madres, abuelas o tátara abuelas. Y desde aquí, plantea que despreciar o juzgar negativamente el aspecto físico heredado de una mujer, es crear una generación tras otra de mujeres angustiadas y neuróticas, despojadas del orgullo de tipo corporal que ha recibido de su linaje ancestral. O sea, mujeres huérfanas, con falta de arraigo y amor a aquello que las sostiene en este mundo, a la casa que alberga su alma y sus más íntimos secretos.

Muy por sobre todo lo que podamos predicar, el ejemplo de nosotras las mujeres madres es elemental para el futuro bienestar de nuestras retoñas. Si nosotras no queremos nuestro cuerpo, cómo podríamos esperar que nuestra hija lo hiciera. Si vivimos quejándonos de los kilos demás, haciendo dietas varias, tomando unos batido desabridos , preocupadas de las calorías  y haciendo comentarios a nuestras hijas acerca de que el chocolate o el pan es malo porque engorda, qué esperamos?. El “fat talk” esta instaurado en nuestra cultura y requiere de un trabajo a consciencia, un esfuerzo personal para poder extirparlo de nuestro guion.

 

Qué hacer

1-. Evitemos hacer comentarios acerca de la apariencia física de los demás, ejemplo que delgada que esta ella o te fijaste lo gorda que esta fulana.

2-.Evitemos asociar la palabra engordar o subir de peso con algo malo, subir de peso no es negativo en sí, sólo cuando está asociado a nuestra salud.

3-.Evitemos las dietas orientadas a adelgazar, a no ser que haya una razón de salud de por medio. En general las dietas no tienen ninguna utilidad en la vida de una persona a largo plazo, si alguien tiene sobre peso deberá cambiar de estilo de vida. Recordemos que hacer una dieta en la adolescencia es un factor de riesgo para desarrollar trastornos alimentarios más adelantes.

4-.Evitemos alabar a alguien por su delgadez o sugerir dietas por el peso. Este es un hábito que tenemos bastante incorporado es nuestra cultura, sugerimos a cualquier persona una dieta que nos funcionó o que hizo un famoso. Además entre las mujeres es muy común alabar a personas por su delgadez o por haber bajado de peso, he tenido pacientes anoréxicas en estado de desnutrición a la cual amigas y familiares la alaban en sus fotos de Facebook o Instagram.

5-. Evitemos quejarnos o referirse negativamente en relación a nuestro propio cuerpo. Sobre todo en esta época es común escuchar comentarios tales como tengo que bajar este rollo de aquí, o me cargan mis piernas tan gruesas o delgadas, etc.

Incorporemos la idea de que nuestro cuerpo es el más valioso presente que tenemos en esta vida. Gracias a él podemos explorar y contactarnos con los demás. Valorémonos tal como somos, chicas, altas, patilargas, paticortas, caderonas, enjutas. Hagamos el ejercicio de mirarnos al espejo y ver como nuestros padres y abuelos están presentes ahí, cuando salgamos a la calle sintámonos afortunadas de cada parte de nuestro cuerpo que nos heredaron las generaciones anteriores y transmitámosle esto a nuestras hijas e hijos.

 

 

Acerca del autor

Ps. Alejandra Silva Arenas, mamá múltiple. Psicóloga Clínica Terapeuta Familiar y de Pareja.

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