¿Madres arrepentidas?

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Madres arrepentidas es el título de un libro publicado por una socióloga israelí y que abrió el debate en todo el mundo sobre un tema tabú ¿pueden arrepentirse las madres de tener hijos? ¿Se arrepienten de verdad de ejercer la maternidad por los niños o es que se sienten sobreexijidas?  ¿Por qué las mujeres rechazan ser madres, y es más, por qué quienes ya son madres la pensarían dos veces antes de volver a embarazarse?

Hoy son cada vez más las madres que se han atrevido a hablar de la maternidad como realmente la viven y no como la pintan los comerciales, sobreabundan los blogs y grupos de Facebook donde se reúnen las madres con el fin de desahogarse y contar su cansancio, su rabia, su pena, su colapso, sus ganas de salir corriendo, malas madres, madres imperfectas, madres gritonas, son solo algunos de los nombres que estos grupos adoptan con el fin de visibilizar la “verdadera maternidad” autoasumiendo que la sociedad las tachará de malas madres por no mostrarse realizadas en su rol.

Pero ¿qué es lo que esconde este fenómeno que pareciera ir in crescendo? Para la psiquiatra especialista en salud mental de la mujer del Centro Ser Mujer, Soledad Ramírez, este fenómeno podría deberse a que “la maternidad en muchos círculos está desprestigiada y teñida de prejuicios, a la vez que poco valorada y francamente invisibilizada en el sistema socioeconómico actual (…) Pasamos de una visión de maternidad idílica que vemos en las revistas, con madres felices y en una especie de realización personal absoluta a una visión devaluada, de que es casi el fin de tu posibilidad de realizarte, que asusta, que somete, que nos hace retroceder y esclaviza“.

Y es que en un mundo donde las mujeres parecen estar conquistando todas las veredas fuera de casa, la maternidad se erige como un fantasma del machismo y el patriarcado ya que de cierta forma las vuelve a relegar al rol de la casa y el cuidado de los niños. En este sentido Ramírez enfatiza que más allá de los extremos de “súper madres” v/s “malas madres”  la razón por la que  las mujeres se arrepentirían de ser madres es porque viven la maternidad profundamente solas. “No es la maternidad la que está esclavizando sino la manera de afrontarla en el modelo social imperante actual. Es el esfuerzo de mantenernos en todos los roles y cumplir todas las expectativas lo que termina agobiando. Hay poco espacio para la falla, para hablar de lo difícil y esto en parte se relaciona con la falta de tribu, pero también con las expectativas culturalmente impuestas. Se está midiendo el ejercicio de la maternidad con estándares casi empresariales, esto amenaza la experiencia placentera de esta. Y hace vivirlo más como una condena”.

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No odio a mis hijos odio lo que implica ser en madre en esta sociedad 

Gabriela tenía una carrera profesional en franco ascenso en el área de la salud hasta que quedó embarazada  “ya no era la directora brillante, era el cacho que no pueden sacar porque está embarazada, más encima mi hijo nació enfermo y yo no podía hacer nada más que cuidarlo, sentí que la maternidad lejos de ser ese sentimiento mágico había llegado a cagarme la vida (…) Pasó el tiempo y mi hijo se estabilizó, me gano una beca, la mejor en mi profesión para estudiar en una de las mejores universidades del país , mi hijo se descompensa, empecé a faltar, delante de mis colegas me señalan que soy un cacho porque tengo un hijo y más encima enfermizo (…) al tiempo me entero que estoy embarazada, trato de ocultarlo lo que más puedo, pero mi panza se empezó a notar y cuando mis profes se dieron cuenta no me permitieron seguir, fue duro, porque me dijeron ‘así no sirves’, entonces por eso siento que la maternidad me cagó la vida, pero no por mis hjos que los amo, odio  lo que implica la maternidad en este mundo, a las mujeres se nos cortan las alas como a las gallinas“.

Mismo sentimiento comparte Carolina quien a los 28 años quedo embarazada sin desearlo de una relación pasajera “nunca quise ser mamá  porque no quería ser madre como la mía que solo vivía para sus hijos y nunca fue feliz. Pero fui mamá y aunque amo a mi hijo con todo mi ser, la maternidad ha sido lo más doloroso que me ha tocado vivir, nunca me sentí tan sola, tan criticada, tan ninguneada. A veces miro al papá de mi hijo que lo ve dos fines de semana al mes y digo por la cresta que es fácil ser papá, te llenas la boca con lindas fotos en Facebook y pasas unas lukas y listo ya eres padre, pero ellos siguen haciendo su vida como siempre, como si nada, siguen siendo libres, él pudo encontrar pareja a los meses de nacido nuestro hijo porque era YO la que estaba en casa cuidándolo. Y fui yo quien perdió libertad, perdió su trabajo, la que para poder salir por un trago debe esperar que los astros se alineen, la que nunca descansa, la que tuvo que congelar su magister, la que se mata  trabajando, la que no encuentra pareja porque no tiene tiempo. El sistema castiga a las mujeres por ser madres y te lo hacen sentir, porque ser mamá hoy en día es una traición a las demás mujeres y al sistema, y eso lo pagamos demasiado caro “.

 

El Estado ha abandonado a las madres 

En un controvertido ensayo llamado Contra los Hijos la escritora Chilena Lina Meruane explica en entrevista con The Clínic que “todas esas madres están muy abandonadas por el Estado, deben resolver todos sus conflictos de manera solitaria e incluso en oposición a las otras madres, a las que eligieron un modelo distinto. Hay que preguntarse si al mismo tiempo que el Estado promueve la maternidad, le asegura a todas las madres el espacio para que puedan ser profesionales, artistas, trabajadoras, para que puedan elegir. La lucha no debiera ser entre las mujeres –las que están en la casa y las que trabajan– sino que con el Estado: que este distribuya recursos y oportunidades de forma igualitaria”.

Nuevamente parece ser que el problema no son los niños y tampoc la maternidad misma sino la soledad y la falta de apoyo, e Chile no existen políticas públicas destinadas a apoyar de manera permanente y ampliamentente la maternidad, sólo a madres solteras y adolescentes, la legislación en tanto, sigue apuntando que la crianza está ligada a la mujer y no existe ningún programa que asegure que las mujeres al ser madres podrán seguir siendo profesionales sin cargar con un doble peso. Entonces visto así es entendible que muchas mujeres se “arrepientan de ser madres” pero no por lo que implican sus hijos sino porque la sociedad las castiga, así los expresa Camila, profesional dedicada a trabajar con las mujeres que confiesa “suena feo pero si yo hubiese sabido lo que era ser madre en términos de pérdida de libertades, de pensarla antes de dejar a su papá para no dañarlos, si pudiera retroceder el tiempo no los tendría, no los conocería así que no me dolería, ahora me muero si les pasa algo”.

La Coach Maternal y doula,  Susana Araya, señala que las mujeres se “sienten agobiadas por los múltiples roles, y por el peso de la sociedad, de esos ojos mirones que  siempre te van a juzgar hagas lo que hagas, nos han hecho creer que solo nosotras sabemos acunar, que solo nosotras podemos contener al niño, y lo hemos creido y así nos vamos cansando  y nos vamos sintiendo solas, y estamos tan centradas en nuestros hijos que nos olvidamos de nosotras, y así vamos pérdidas en busca de certezas, y muchas veces caemos con falsos gurús o grupos extremos de crianza que al final nos hacen más mal que bien, porque si no cumple con todos los requisitos entonces eres mala madre”.

El arrepentimiento de las madres sería entonces pues una presión social, cultural y familiar que vuelve a redundar en que todo el peso de la crianza y pérdida de libertad recae en ellas, donde el hombre/padre sigue siendo un privilegiado para el sistema y ellas ante tanta adversidad no terminan más que culpando a la maternidad de su frustración y cansancio, sin entender que no son los niños, ni sus jefes, ni sus parejas, sino la sociedad toda, el Estado en particular, quienes les merman las posibilidades de conciliar trabajo y maternidad sin culpas ni castigos.

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

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