Madre que vivió violencia intrafamiliar “lo más difícil es lidiar con los NO TE CREO de toda la sociedad”

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Cuatro años me demoré en denunciar por violencia intrafamiliar al padre de mi hijo, cuatro años tardé en comprender que lo que él hacía no estaba bien, cuatro años me demoré en reconocerme víctima y dejar de agachar la cabeza “por mis hijos”.

Cuando veo las noticias con las marchas de las mujeres pidiendo el fin de la violencia no puedo evitar sentirme conmovida, y es que aún las heridas de mi propia historia están abiertas, y me temo lo estarán siempre, porque tendré que estar ligada para siempre a un maltratador… sí, porque mi historia de abusos machista comienza por el sólo hecho de ser madre y tener un hijo.

Uno nunca espera ser víctima de violencia, aunque en realidad todas lo somos desde que nacemos, una nunca espera verse envuelta en esas historias que dan vergüenza y rabia oír, y sin embargo, con el inicio de la etapa más hermosa de mi vida, y también la más vulnerable, comencé a vivir una pesadilla que hoy me atrevo a contar para ver si así, de a poco comienzo a sanar.

Cuatro años me demoré en denunciar por violencia intrafamiliar al padre de mi hijo, cuatro años tardé en comprender que lo que él hacía no estaba bien, cuatro años me demoré en reconocerme víctima y dejar de agachar la cabeza “por mis hijos”.

“Qué haces todo el día que no eres capaz de tener la casa ordenada”, “pero cómo puede ser que seas tan mala madre y se TE enferme el niño”, “mi mamá crió a cuatro y siempre tuvo la casa impecable y la comida servida”, “no vas a salir de casa porque las buenas madres no sacan a sus niños cuando hace frío”, “mejor no te pongas escotes, que las madres no se visten así”, “deberías darme gracias que te mantengo mientras tú no haces nada, eres una privilegiada, tú sólo no podrías”, “no me gusta esa amiga tuya, es muy suelta, ahora eres madre, deja de putear.

Es que es el papá de mis hijos

En medio de esas frases que eran el pan de cada día, me pasé encerrada todo un invierno mirando por la ventana, bebé en brazos, pechos al aire, puerperio que arrasaba, mientras más me hundía yo, más crecía él, parece que saben oler la debilidad, yo que siempre fui mujer dura, de carácter fuerte e independiente, estaba ahí doblegada, incapaz de dejarlo todo y largarme, maldito el día que acepté que el me mantuviera para poder dedicarme a criar.

Cuatro años me demoré en poner la segunda denuncia, y no lo hice por mi, sino por mi hijo, porque estoy criando un hombre y no quiero que él piense que es normal tratar así a una mujer, porque quiero que él sepa que su madre fue valiente y se supo defender. Con el paso tembloroso pero el corazón decidido inicié un camino que sabía sería doloroso, pero jamás imaginé que toda la sociedad se encargaría de volverlo tortuoso.

¿Saben ustedes lo que cuesta mantenerse firme denunciando a un maltratador que es el padre de tus hijos? ¿Saben lo difícil que es cuando él de apellido rimbombante y amigos poderosos te hace sentir que eres una “loca mentirosa” y que deberías ir a un psiquiatra?

Y aunque esta vez la justicia estuvo de mi lado porque eran tantas las pruebas que el juez no dudó ni un segundo en sentenciarlo y obligarlo a reconocer, la orden de alejamiento y la prohibición de llamarme no han servido casi de nada, pues hay un juez que pesa más y que hace más daño de lo que puedes creer, ese juez son los demás, todos ustedes, esos que sin pensarlo dos veces NO TE CREEN, y tienen el descaro de defender a ojos ciegos a un abusador.

Me ha tocado vivir en carne propia el karma del NO TE CREO; me lo dijo mi abuela, me lo hicieron sentir mis amigas, me lo gritó en la cara mi primera abogada, incluso una psicóloga, un no te creo gritado a mares, por gente que no sabe nada, un no te creo acompañado de solidariad de género... pero solidaridad con el abusador machista, porque su apellido inglés y su mirada cautivante los llevan a todos a creer que él es una pobre víctima, a quién le importa una sentencia, si somos las mujeres las locas.

Son las mujeres las locas, y paradójicamente soy yo quien debe cuidarse de no decir que fui víctima de violencia porque “ay que poblacional”, no bastó la sentencia de un juez para que los demás me creyeran, no bastan las heridas abiertas para que los demás te apoyen, mientras más pasan los días más voy teniendo que demostrar que no estoy loca, que estoy siendo aún maltratada y que a quien usted debe criticar es a él y no a mi.

#Yotecreo

Y luego se preguntan por qué apoyamos tanto esta ola feminista que al menos nos permite sostenernos en la tormenta, porque estamos cansadas de los “no te creo”, estamos cansadas de ser juzgadas por tener el coraje de decir “este hombre, ese guapo, bien vestido, galán y de auto caro me maltrató y no lo voy a callar”. Estamos cansadas ¡por Dios! de tener que luchar y luchar, queremos que de una vez la gente esté de lado de las víctimas y no del victimario, queremos mujeres que le crean a otras mujeres aunque el abusador sea el mismo Brad Pit.

Y por último, queremos a madres que le crean a otras madres, porque todas sabemos lo que duelen las pensiones miserables, las visitas esporádicas, el abandono o el maltrato a nuestros propios hijos, porque si ya cuesta ser madre con una vida normal, imagínense lo que cuesta tener calma, pazciencia, prudencia y sabiduría cuando tienes que lidiar todos los días con el prejuicio, el maltrato, los insultos e incluso las amenazas de toda una sociedad que simplemente se cree con el derecho de decirte NO TE CREO, porque tú eres mujer, y si él dice que eres loca y mentirosa, entonces así debe ser, por una sola razón, porque él es hombre, y su palabra es la que gana siempre al final.

A ti, profesora del jardín, a ti vecina, a ti amiga, a ti compañera de trabajo, deja por una vez de ponerte de lado del maltratador y dime YO TE CREO HERMANA, aunque sea hazlo guardando silencio y no cuestionando mis años de dolor y mi valentía de atreverme a sacar la voz.

 

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl