Los padres también sienten culpa

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Todas las mujeres saben que el sentimiento culpa nace justo el día en nace tu hijo y se va acrecentando a medida que crece, sobre todo cuando deben regresar al trabajo o cuando los niños enferman. Y aunque es sabido que la culpa materna está ligada a una sociedad machista que presiona a la mujer como única responsable de la crianza, los padres también pueden llegar a sentir culpa, y aunque no es comparable con la que siente la mujer, sí tiene el mismo origen, un sistema machista que les obliga a cumplir ciertos roles y les castiga si no pueden hacerlo o si deciden hacerlo diferente.

 

La culpa del proveedor económico

En general es muy poco común que un hombre sienta culpa por trabajar, o si su hijo enferma o no llegó a la reunión de curso, dado que aún la gran mayoría vive su paternidad desde el rol machista impuesto por otros del proveedor, y sus sentimientos de culpa en la primera infancia suelen estar asociados a estos.

Si un padre no puede dar la estabilidad económica necesaria a sus hijos la culpa caerá sobre sus hombros, la falta de dinero, el quedar sin empleo, el no poder conseguir un aumento de sueldo, o el no poder dar a sus hijos todos los recursos económicos que les gustaría suele crearles gran ansiedad y culpa a los padres. Y esta culpa ocurre no sólo por su forma de pensar, sino por la presión social que aún cree que el único rol del hombre en cuanto padre, es proveer dinero. Por tanto, si no puede ser el principal pilar económico, el hombre no sólo sentirá culpa, sino que será también juzgado y condenado por todos. No hay que olvidar que las cifras de sucidios de padres de familia sin empleo o en quiebra es alarmantemente alta, ya que el modelo social les hace sentir que sólo valen en relación al dinero, y que sin dinero su autoestima y valía como hombre se ve totalmente mermada.

Pero también hay muchos otros  son  factores que inciden al momento de sentir culpa respecto a la crianza de los hijos. “Se incluye nuestra propia crianza como hijos, la relación de la pareja de padres, las expectativas que tenemos de nuestros hijos y su crianza, el tiempo que pasamos con ellos, la calidad de los momentos, la educación que les entregamos, las posibilidades económicas, etc., así como la percepción de que los hijos estén sufriendo”, señala el coordinador académico de la carrera de Psicología de la Universidad del Pacífico, Felipe Vergara.

La culpa por ser papá presente

Ahora bien, para los padres que han evolucionado y han decidido tomar un rol activo en la crianza y totalmente corresponsable, la culpa está ligada ahora sí a no poder estar, la falta de permiso post natal, de fuero paternal, de derecho a sala cuna, los mantiene completamente alejados de la crianza de sus hijos y lograr la presencia presente se convierte en una verdadera lucha contra el sistema. Lucha que se acrecienta cuando la pareja se separa pues la legislación pocas veces lo favorece y las posibilidades de estar mucho tiempo con sus hijos es mínima, naciendo ahí la culpa del fin de la relación de pareja como base de no poder ser un papá presente.

Y en este punto también hay una culpa no confesada al no encajar con los canones culturales de un padre de familia, la culpa y frustración de no ser entendidos por la sociedad, por el grupo de amigos, por la familia. Culpa por trabajar menos y criar a los hijos, culpa por preferir estar en el parque que viendo fútbol, culpa que otros les hacen sentir por no ser el “macho alfa” esperado y ser un “mandoneado” que realiza las labores que se supone deberían ser de las mujeres. Esta culpa está ligada totalmente a un sistema machista que aún no comprende que la crianza es de a dos y mamá y papá deben tener lo mismos roles y responsabilidades,

Culpa tardía

Este es un tipo de culpa que le llega a los padres que suelen ejercer casi como único rol el ser proveedor, y se manifiesta cuando sus hijos ya están grandes, y al mirar para atrás se cuestionan su presencia o ausencia.

“Los padres tienden a vincularse en forma tardía, a diferencia de la madre que está vinculada desde la concepción con los hijos, por lo tanto, la culpa masculina más bien se manifiesta como frustración respecto de los esfuerzos que han realizado para conseguir tal o cual objetivo en la crianza, a diferencia de lo femenino, en donde la culpa se manifiesta con mayor angustia respecto del vínculo o relación con los hijos y se recrimina por no estar lo suficientemente presente”, aclara.

Y es que muchos padres un tanto ausentes, o que delegaron el rol de la crianza sólo en la madre, se sienten culpables por su falta de presencia activa cuando ven que los hijos no están tomando el camino que ellos desean en sus vidas, aunque, más que culpa este sentir suele estar más ligado a la frustración y el control que a la culpa solamente.

“Principalmente se da cuando los padres no se sienten satisfechos con las decisiones vocacionales de sus hijos, o con la elección de la pareja o con el estilo de vida, cuando hay un corte en lo que hacen los hijos y lo que ellos proveen. Aceptar la diferencia y encontrar los puntos en común en esa diferencia es lo que presenta mayor dificultad a los padres. Y es por esto que en terapia es posible construir puentes para que la comunicación pueda producirse y exista transformación en el vínculo”, indicaVergara.

Culpa de separación

Asimismo, el especialista comenta que cuando la pareja está distanciada o separada, es posible que haya mayor culpa. “Ello, porque el sentimiento de inseguridad y la responsabilidad por sobre el sufrimiento de los hijos se percibe como mucho mayor. Ahora, siempre dependerá de cómo sea abordado el proceso de separación por los padres, porque en procesos de separación la culpa aparece cuando la misma situación de separación y la relación entre los cuidadores o progenitores ha generado sufrimiento para el sistema familiar. Además, cuando el ausente no se hace presente, el presente carga con la rabia por la ausencia del otro y, por tanto, se observa mucho que se establecen dinámicas generadoras de culpa como elemento transaccional”, explica.

La culpa: un castigo social

Tanto para la mujer como para el hombre la culpa es un castigo social, nace del afuera más que del adentro, y generalmente  crece por la necesidad de cumplir con las expectativas ajenas, patriarcales, culturales. Es por ello que tanto para madres como para padres se recomienda siempre analizar si la culpa nace de creer que uno ha cometido un error o si es por cumplir lo que les dicen que deben hacer,

Cuando es por expectativas sociales, por ejemplo, falta de empleo, es vital que intentemos pedir ayuda y comunicar a nuestros familiares y amigos nuestro sentir, también el apoyo psicológico es vital para superar la presión externa e interna y tratar de soltar las expectativas de los demás y vivir como uno lo desee. Conversar con la pareja y llegar a acuerdos, ser un equipo que se apoya y no se critica, es la base para superar la culpa de madre y padre.

Ahora bien, si la culpa viene de sentir que se fue poco presente en la crianza, y que sus hijos toman rumbos no deseados, es importante bajar las expectativas, aceptar la diferencia y ver formas de enmendar los errores, no ejerciendo presiones de ningún tipo hacia los hijos sino que asumiendo que es responsabilidad de los padres el haber decidido ser más o menos presente, y que esas consecuencias deben asumirse, y también pueden trabajarse con psicoterpia y enmendarse si existe la real voluntad.

Foto: Revista Mira

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora. Fundadora de Mamadre, amante de la vida, un buen vino junto a un libro y mi amado Valparaíso. La maternidad me cambió y hoy me siento en el deber de acompañar a otras madres para criar en libertad.