Los niños y la migración una clase de amor

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Hace unos días llegó una niña haitiana al jardín de mi hijo, la pequeña no habla absolutamente nada de español, mientras los adultos hablaban de la negrita, pude ver como NINGÚN niño se fijó en el color de su piel, sólo decían «la niña que no habla español».

Pasaron los días y mi hijo me hablaba de la niña, que no le entiende nada, la llamaba por su nombre como a todos y su mayor preocupación era que aprendiera español para que quisiera compartir. La pequeña tuvo sólo dos horas de adaptación al jardín, sus padres debían irse a trabajar y se quedó ahí sola con personas que no conocía, un idioma que no entendía y con un clima que claramente no le daba la acogida que ella necesitaba.

Entre tanta polémica por la migración y un país que parece volverse cada vez más cercano a las visiones nazis como si la raza pura fuese posible, me pregunté qué pasa con los niños y niñas en las migraciones, cuánto nos detenemos a pensar en lo que significa para un niño con su cerebro en desarrollo dejar su país, su comida, su familia, su clima, todo lo que conocen y llegar a un lugar que no sólo es distinto en la forma sino que los rechaza en el fondo.

Ahí estamos los adultos mirándola como si fuera un ser en exhibición, hablando sin pensar de la negrita, complicándonos por mil cosas, porque llegan a «invadir» nuestro país y a cambiar nuestras costumbres, porque nos van a «quitar» el trabajo, porque nos «quitan» los cupos en los jardines, porque va a cambiar la raza —seguramente nosotros no somos mestizos= Y tantas explicaciones tan racistas como poco humanas.

Las respuestas a mis reflexiones llegan de la mano de los niños, como siempre más sabios que nosotros, ellos han aprendido a integrar a la niña sin hablar el mismo idioma, sin usar palabras hablan el mismo lenguaje, el del amor, el de la humanidad, ella juega con todos como lo que es, sólo una niña que está acostumbrándose a estar sin sus padres y sólo quiere jugar.

No, la discriminación, el racismo no son connaturales al ser humano, los niños no discriminan, lo aprenden de nosotros, por simple y pura imitación, y quizás sea tiempo de por una vez los adultos dejemos nuestros egos y tengamos la disposición de aprender de nuestros hijos y dejarnos invadir por su bondad y empatía olvidando el color, el país o la clase social y tratándonos unos a otros como legítimos otros, iguales en nuestras diferencias.

Unos días después y ante la petición de todos los niños en la sala de clases de mi hijo está impreso un diccionario en Creoles con las palabras básicas para comunicarse, mi hijo y yo practicamos en casa el creoles, los padres nos organizamos y uno de ellos traducirá en francés la reunión de apoderados para los padres haitianos que poco entienden de español. Sí es cierto me dirán que mejor aprendan español ellos y no creoles nosotros, pero mientras la niña aprende urge hacerla sentir acogida.

Y así van jugando y cantando supié (por favor) le dicen a la niña mientras ella ríe y un dinosaurio de cabello rizado la persigue por el patio del jardín. Si lo piensan siempre será más fácil integrar que discriminar sólo es cosa de hablar con el corazón.

 

Abrazos de luz a todas las familias migrantes en nuestro país. La maternidad no tiene colores ni fronteras,todas somos madres.

 

Tara

 

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl

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