¡Los niños también lloran!

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Cuando quedé embarazada tenía absolutamente claro cómo criaría a mi bebé si era niñita. Sabía que no la vestirá de rosado ni con vuelitos, que dejaría que ella eligiera sus colores, sabía que la educaría segura y empoderada, que le diría que los cuentos de hadas no existen y que el amor más importante de la vida siempre es ella, en fin sabía cómo criarla en igualdad de género y darle herramientas para que no fuera discriminada en un mundo machista.

Pero, no tuve a una niña, sino un exquisito niño que me ha llevado a tener que aprender en el camino como cortar el machismo permitiendo que él pueda ser libre y no tenga porque ser juzgado desde el rol de macho alfa proveedor, duro y todopoderoso, y aunque el baby shower lo hice de amarillo y su ropita de bebé varió en colores, las cosas comenzaron a cambiar cuando fue creciendo, fue cerca de los dos años cuando sus abuelas armaron un escándalo porque le compré una cocina de juegos, vamos que esas cosas no son de niñitos, ni les digo cuando se enteraron que su color favorito era el rosado.

Fue también cerca de los dos años cuando empezaron a sugerir que no fuera tan tierna, contenedora y cercana con él porque iba a criar a un niño mamón, que no lo abrazara si lloraba, que no lo cargara tanto, que lo dejara hacerse hombre, porque tiene que aprender solito, como si por ser hombre su cerebro se desarrollara antes o no tuviera emociones.

Así fue como por 5 años fui su chaleco antibalas, él paseaba con su coche rosado y tenía su pieza adornada con hadas mientras amaba los autos y la pelota, hasta que se escolarizó, y fue ahí cuando niñas no lo dejaron ser parte de sus juegos porque eran cosas de niñas, fue ahí cuando las mimas niñas no lo dejaron jugar a alisarse el pelo o no quisieron jugar con él a los dinosaurios porque ellas no juegan a esas cosas… Fue en el jardín cuando le tocó enfrentarse con un mundo aún profundamente violento.

Y es que aunque lo cambié de colegio, hemos tenido que ir matizando para evitar que sufra, desde pedir al viejo pascuero que mande patines rojos y no rosados para que no lo discriminen, hasta las peleas eternas de mi hijo cuando le toca dormir con su papá porque no le permite darse baños de tina, que esas son cosas de mujeres, o porque le obliga a andar siempre feliz porque los hombres no extrañan, no tienen pena y no se enojan.

Entonces, mamá de niño me pregunté ok estamos todos claros que tenemos que criar a niñas seguras y empoderadas que no se dejen humillar y sepan que no tienen porque ser princesas, pero ¿qué pasa con los niños? ¿Acaso no tenemos también un gran trabajo en poner fin a los estereotipos y dejar de educarlos en un modelo de hombre obsoleto y dañino?

Tiene seis años y ya alguien le ha dicho «obvio que hizo eso mal, es hombre», tiene seis años y cuando quiso pintarse las uñas rosadas como yo tuve que prepararlo antes de salir a la calle para que fuera capaz de responder a las críticas, tiene solo seis años y ya la sociedad no le permite ser sensible, tiene sólo seis años y estamos generando un tremendo abandono emocional sólo porque es niño.

Me preocupa que sigamos encasillando a los niños, tanto como a las niñas, porque para colmo mi hijo es un niño deliciosamente sensible, algo así como una mujer en sus días, pero de manera constante y así es un ser con un alma noble y empática. Pero me asusta, me asusta que aún se crea que los niños no lloran, que si se da baños de tina es raro o que si llora cuando se entera que el asado que come es una vaca muerta sea criticado. Y me asusta porque siento que el mundo, afortunadamente, está evolucionando un poco con las mujeres, pero seguimos obsesionados en criar machitos duros y violentos, ninguneando al sensible y respetuoso.

Y sí, ya sé que no hay más remedio que llenarlo de herramientas emocionales para que sobreviva a los amigos trogloditas que quizás tendrá y a todas las críticas que se le vendrán, ya sé que solo me queda darle tanta seguridad que este machimo le afecte lo menos posible para que pueda ser él libremente.

Pero no por eso voy a dejar de rebelarme. Me rebelo porque como mamá de un niño quiero que se sepa y se internalice que los niños también lloran, y que los varones necesitan de abrazos, besos, contención y emoción ya sea tengan 2 o 12 años, me rebelo al mandato social de que si es hombre no sabe cocinar o que si es hombre será un bueno para nada. Me rebelo a anular sus emociones, y hago un llamado como madre a también pensar en nuestros niños, y que así como estamos llenando de campañas necesarias para hacer que las niñas crezcan seguras y libres, también debemos llenar de campañas que nos digan que los niños son sensibles, cocinan rico y que no tienen porque ser super héroes.


Tengo un niño de 6 años de cabello largo, que adora los dinosaurios, ama el color azul, es un poco bruto en sus juegos, cocina mejor que yo jaja, limpia la tasa del baño, adora los baños de tina y llora con las películas más sencillas, soy madre de un niño, un niño que al igual que tu niña, llora, juega, salta, grita y necesita ser incluido en sus emociones sin que tenga que pagar la culpa por ser hombre. Porque los niños también lloran, porque las mujeres también mienten, porque el hombre no siempre es el malo de la película, porque los hombres y los niños también quieren un abrazo apretado y mucho mucho cariño al menos unas 100 veces por día, y eso no los hace ni menos hombres ni más capaces. Porque es vital que de una vez dejemos de dividir a nuestros hijos en niños y niñas y los miremos como personas.


Vamos por cambiar el mundo para los dos lados, por niñas seguras y empoderadas y niños sensibles y tiernos, sin críticas, sin juicios, solo con amor y respeto. 

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl