Los hijos o el trabajo: el dilema de conciliar trabajo y maternidad

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Mucho se habla actualmente de conciliar trabajo y maternidad. Harta opinión anda dando vuelta, ciertos tintes de crítica hacia las distintas opciones, pero percibo poco proceso reflexivo profundo al respecto. Este parece ser un desafío que en algún momento enfrentamos todas las mujeres madres con mayor o menor intensidad, con múltiples o mínimos recursos, con más o menos consciencia.

¿Es posible lograr un equilibrio entre estas dos dimensiones de nosotras mismas? La respuesta es tan difícil como individual.

Hay diversas posturas y propuestas a la hora de sincronizar ambas opciones, a veces incluso se presentan como si fueran polaridades opuestas de nuestro desarrollo personal. Y es que lamentablemente en muchos aspectos el sistema te obliga a elegir…

El pediatra Carlos González es enfático al señalar “la conciliación de la vida familiar y laboral no existe. Sencillamente, mientras estás haciendo una cosa no estás haciendo la otra. Y por tanto la famosa conciliación a fin de cuentas se reduce a Elige: familia o trabajo”.

Pero más allá de la crítica al sistema actual, si hablamos de conciliar habría que pensar que el esfuerzo por hacerlo implica no sólo equilibrar estas dos actividades en la agenda, sino también conciliar posturas dentro de uno misma, posturas muchas veces en conflicto, que hacen más vigente su tensión en períodos en que nuestros hijos ejercen una mayor demanda emocional, de tiempo, de energía, de espacio en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

Lo que quiero invitar es a reflexionar que el conflicto no está sólo afuera en las circunstancias sino también dentro de uno misma, y que este puede ser un buen momento  para pensar y elegir en libertad y con todos nuestros sentidos hacia dónde deseamos distribuir nuestros propósitos e intenciones.

Desde mi visión, conciliar trabajo y crianza implica hacer un balance lo más armónico posible de nuestros recursos y fragilidades, y si bien conlleva renuncias, no necesariamente significa enfrentar en polos antagónicos nuestros deseos de maternar versus nuestras aspiraciones laborales.

 

¿Qué intentamos conciliar realmente en nuestro interior cuando hablamos de conciliar trabajo y crianza?

¿Qué equilibrios están por debajo de ese ansiado balance? Les propongo hacer el ejercicio y pensar cuál es el equilibrio en juego para cada una a la hora de establecer sus modos de conciliar su tiempo de trabajo con el tiempo con sus hijos. Es cierto que no siempre todas las mujeres podemos elegir, la necesidad económica es un factor real, concreto y que ejerce una presión que muchas veces no se puede transar, pero mi visión es que generalmente hay más opciones de las que a veces vemos.

¿Qué estamos intentando equilibrar entonces a la hora de elegir?

Nuestro desarrollo profesional v/s desarrollo personal y familiar: Nuestra energía es limitada, y más allá de nuestros deseos omnipotentes de querer “hacerlas todas” y además hacerlo perfecto, en algún momento la situación nos obliga a pensar en qué área deseamos crecer más en esta fase de la vida y debemos priorizar nuestra energía en uno u otro plano. Si deseamos mayor presencia en la vida de nuestros hijos, debemos asumir una productividad laboral menor por un tiempo, en todo sentido, no sólo en el económico. Cuando nuestra identidad o autoestima ha estado en gran parte basada en nuestros logros profesionales, puede ser difícil restar inversiones de esfuerzo en éstos. Lamentablemente muchas veces en el trabajo obtenemos mayor reconocimiento de nuestro desempeño que en la labor maternal, más allá del pago económico que recibimos.

Por otro lado vivimos en una sociedad competitiva y que valora los procesos de rápidos resultados, por lo que es una decisión difícil y en general poco validada socialmente el tomarse tiempos largos de pausa al llegar la maternidad, y de cierta manera podemos sentirnos amenazadas en nuestra reputación por salirnos de la senda del progreso laboral. Además debemos considerar que para la mayoría de las mujeres el trabajar remuneradamente es una necesidad, más allá de que pueda ser un deseo, por lo que es comprensible que nos sintamos intranquilas de estar arriesgando nuestros ingresos y esto puede hacer que consideremos priorizar dedicación de tiempo en este ítem. Y si esto no es así también hay que considerar a quienes trabajan no por necesidades económicas, sino por otro tipo de gratificaciones válidas y que desean mantenerse vigentes y en contacto con su trabajo. En este caso, la renuncia es en relación a perderse cosas cotidianas de la vida de nuestros hijos. Es una ilusión pensar que basta con tiempo de calidad. Claro que importa la calidad, pero en los primeros años, es lejos más importante la cantidad, aunque no nos guste saberlo… Criar y acompañar a nuestros niños requiere mucho más tiempo que el de nuestros ratos libres!

Necesidades e intereses propios v/s necesidades e intereses de los demás: Este es un tema que va mucho más allá de lograr una buena conciliación maternal/laboral, pero que se relaciona bastante. La nueva organización de nuestros tiempos debiera llevarnos a reflexionar acerca de cómo hemos equilibrado en la vida la satisfacción de necesidades y deseos de nuestros hijos, pareja, amigos, en relación a las propias. Cuánto nos autocuidamos y autoabastecemos para luego desde ahí nutrir a otros. A la hora de decidir cuánto debemos y queremos trabajar, nuestra salud emocional y bienestar también debe ponerse en la balanza!

Vínculos familiares v/s otros vínculos: La dinámica de nuestras familias de origen y el rol que jugamos en ellas también será un elemento que condicionará de alguna manera la toma de decisión a la hora de conciliar. Los mandatos heredados, los ejemplos que nos tocó ver en nuestra niñez están en cada uno dando vuelta. Y a la hora de formar nuestra propia familia sin duda se movilizarán a modo de guiones inconscientes. El priorizar tiempo en este nuevo nido que estamos armando significará retirarse en parte, al menos transitoriamente, de otros roles que teníamos asignados, en nuestra familia extendida, en nuestro grupo de amigos, en nuestras relaciones profesionales. Y esto conlleva renuncias, pero también tolerar frustrar expectativas ajenas, en pro de destinar el tiempo que sintamos necesario a rearmarnos como mujeres madres y/o trabajadoras.

Nuestra historia pasada y carencias infantiles propias v/s historia familiar actual y lo que queremos dar a nuestros hijos: Esto es un punto importante que puede condicionar de manera evidente u oculta el balance que hagamos de nuestros tiempos. La historia de niñez de cada madre/padre aparece a la hora de criar como nunca antes y en este revivir de nuestra biografía pueden imponerse deseos de revertir o reparar nuestra propia crianza a través de la relación con nuestros niños. Esto supone querer hacer mejor las cosas de lo que hicieron nuestros padres, pero es importante mantenerse atentos, ya que caer en medidas de cuidado del todo contrarias a las que recibimos a veces tampoco es lo más equilibrado. Recordemos que nuestros hijos son personas diferentes a nosotros y puede ser que sus necesidades actuales no sean exactamente las mismas que no fueron satisfechas en nosotros de niños. Esto podría verse por ejemplo en una madre que busca volver lo más rápido posible al trabajo luego de haber parido, por miedo a la semejanza con una madre sumisa, dependiente de su marido y sin vida más allá de los hijos. O también en una mujer que decide no volver nunca más al trabajo y dedicarse para siempre de manera exclusiva a la maternidad por miedo a que sus hijos se sientan abandonados tal como fue dejada ella por una madre poco disponible. Acá se hace importante revisar la propia historia, para hacer más conscientes nuestras decisiones.

Ambiciones juveniles o infantiles v/s recursos y limitaciones reales de esta etapa: “Todas íbamos a ser reinas”, dice un poema de Gabriela Mistral, versos que para mí aluden a esos sueños e ilusiones infantiles de querer tenerlo y lograrlo todo. En algún momento debemos renunciar a parte de nuestros deseos o diferirlos por un plazo indefinido. Si decido estar más tiempo con mis hijos y eso implica recibir menos sueldo, se hace importante poder flexibilizar expectativas con respecto a lo que podemos comprar, a lo que podemos salir, a las vacaciones “soñadas”, etc. Cada una tendrá que renegociar consigo misma lo que está dispuesta a perder y lo que no.

Nuestros proyectos futuros v/s quedarse en el presente: Creo que el mejor secreto que he escuchado para disfrutar de la etapa de crianza es mantenerse en el aquí y el ahora. Si la cabeza se nos escapa siempre hacia más adelante, hacia proyectos a largo plazo, hacia metas posteriores, se hace difícil decidir libremente y desde nuestra esencia. El tiempo que no demos a nuestros niños los primeros años no es recuperable después con ellos, nunca más volverán a tener las necesidades que tienen en este crítico periodo, por lo que si decidimos quedarnos de cuerpo con ellos lo ideal es poder mantenerse presente de mente también, en el ahora con ellos y confiar en que más adelante vendrán otros escenarios en que podamos invertir en otras cosechas. Tal cual el campesino programa sus épocas de cultivo para los distintos tipos de semilla, podría ser bueno pensar qué frutos deseamos sembrar esta temporada y cuáles será mejor dejar para después y mantener esos en pausa, quizá sólo con la tierra preparada.

Este es un tema que da para mucha reflexión y discusión. En un próximo artículo comentaremos acerca de otros factores que influyen en nuestra toma de decisión.

Por ahora te llamamos a pensar cómo te sientes en tus equilibrios al ser una mujer con múltiples roles y te invitamos a seguirte queriendo y por sobretodo cuidando. Por ahí se te puede hacer más fácil ir conciliando tiempos y energías…

www.finagro.com

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Acerca del autor

Dra. Soledad Ramírez G. Mujer en crecimiento-Mamá de dos niñas. Psiquiatra-Psicoterapeuta-Círculos de Maternidad (Maternidad Antuyoga) Atención de adultos. Dedicación a mujeres en etapa de gestación, puerperio y crianza. www.centrosermujer.cl soledadramirezg@gmail.com

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