Los hijos no nos pertenecen

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Cuando yo era chica, mi mama me quería enseñar a leer… hizo unos bellos papelógrafos con las letras M A – P A … y ella me decía “la M con la A???”…. y yo le respondía “no sé”…

Al tercer o cuarto “no sé”…. venía coscacho… y yo lloraba… obvio… y ella mas gritaba…. y ams coscachos…obvio. A la hora de llantos, mocos… M con A’s y coscachos, creo que desistió. Lo mismo con todas las demás cosas que ella me quizo enseñar… con el paso del tiempo… los llantos se volvieron peleas… y esas peleas se volvieron discursos interminables desde ella… y silencios aterradores desde mí.
Lo que ella no sabía en ese entonces, era que yo… ya sabía leer, cuando ella me intentaba enseñar… pero simplemente “no quería hacerlo”. Lo que yo no sabía, era que… el cuerpo de un niño estresado, no va a reaccionar, no está dispuesto a “recibir nada”. Solo está en guardia. Como un animalito, listo para salir corriendo por su vida.
Ya grande un día le conté esto (de que yo… sabía leer, pero no quería)…. y ella se indignó, creo que hasta se enojó.

Ahora a los 40 años, cuando he encontrado respuestas a tantas cosas de mi historia, miro hacia atrás y pienso…. en si mi mamá hubiese sabido tantas cosas que hoy sabemos, quizás, indudablemente las cosas hubiesen sido tan diferentes. Yo misma como mamá, hubiese hecho tantas cosas diferentes.
Y es que muchas veces, olvidamos que ser mamá, es acompañar al ser que se nos dió en custodia… y para eso hay que mirarlo… conocerlo… observarlo… respetarlo. Pero proyectamos todos nuestros miedos, ansiedades y esperanzas en ellos… y olvidamos preguntarles ¿que es lo que necesitas?. Solo somos acompañantes de estos hermosos seres que son nuestros hijos…. nuestros niños.
La infancia es un periodo tan lindo… yo no se porqué los adultos no la cuidamos mas. Creo que es porque nosotros mismos somos niños heridos, golpeados, abandonados y maltratados. Cuando miro un niño, miro su sabiduría, su vulnerabilidad, su inocencia, su belleza… y me emociona, me gusta. me gustan esas manitos regordetas y curiosas, esos pies alados, esos ojos asombrados.
Ayer, en mis consultas recordé esto…
Siempre estamos mirando als cosas desde el prisma de mamá. De los adultos. Pero pocas veces, validamos y miramos al niño o niña que somos/fuimos.
Creo que es fundamental mirar a nuestro infante, recuperar esa inocencia, esa belleza…. esa fé. Desde ahí puedo ser mas amable, mas relajada, mas amorosa.
Desde ahí, pude tomar a la Nayita de la mano y decirle…. “vamos a jugar, ya leerás cuando estés mas tranquila. Deja tranquila a mamá, no sabe hacerlo de otra manera. Hoy vamos a pensar en Nayita, no en mamá… ella tiene su propio cuento. pero este es tú momento. No es tu culpa, no es tu tema… vamos”… y la tomé…. y salimos al sol con los gatos y el perro (los animales siempre saben la mejor medicina del alma)…. y mamá se quedó ahí… con sus letras y sus números (ya no es cosa de Nayita)…
Y fué un alivio…. para Nayita y para mamá…

Nayi Náyade Wang Quiñones Li

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

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