La valentía y el coraje de las madres emprendedoras

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Cuatro meses tenía mi hijo cuando mi hermana me preguntó y cuándo vas a volver a ser tú, supongo que su pregunta iba dirigida a cuándo iba a retomar mis sueños y proyectos profesionales, los mismos cuatro meses tenía cuando recibí ofertas laborales increíbles, que me darían una tranquilidad económica inimaginable y que además eran un sueño hecho realidad… Pero eran mi sueño antes de ser madre, eran el sueño de la mujer que fui antes de parir. A los mismos cuatro meses lo decidí, no voy a volver a trabajar, no fuera de casa al menos, hasta que él tenga dos años, me creyeron loca, mi familia y buena parte de mis amigos, ni que hablar del mundo laboral, pero lo hice, no volví a trabajar, no formalmente, pero con el paso de los meses decidí hacer algo más valiente y desafiante que marcar tarjeta y sacrificarme para volver ricos a otros, decidí emprender, desde casa y con mi hijo, y ver así mi nuevo sueño hecho real, conciliar trabajo y maternidad.

Lo primero que quiero decirles es que no, no me arrepiento, volvería a recorrer todo el camino andado con sus altos y bajos con tal de disfrutar a mi hijo como lo he hecho, y con tal de verme a mí siendo capaz de crear cosas que nunca habría hecho tras un escritorio, nunca fui mejor profesional, nunca dediqué más tiempo a mi trabajo, nunca fui tan eficiente y eficaz como ahora que decidí emprender siendo madre… Estoy orgullosa de mí y de lo que he logrado, de mis socias, y nuestro equipo, de los altos y esos errores que son de pura falta de experiencia, jamás imaginé que trabajar de noche fuese algo a lo que me acostumbraría de esta manera, aprovechar sus siestas para armar modelo de negocios y cocinar galletas mientras coordino entregas con un cliente, mil, dos mil cosas en la cabeza entre mi hijo y mi empresa que es también mi otra hija… Es maravilloso sí, pero… Porque sí, esto tiene un pero, es a veces tremendamente duro, frustrante agotador y desgastante, y es que hay que tener las faldas bien puestas para emprender siendo madre, para tratar con el mundo laboral de allá afuera que es como siempre, que no cambia, cuando tú por dentro eres totalmente nueva, con prioridades claras, con energías certeras…

 

Es duro por muchas razones, la primera de ella, quizás les resulte muy vanal, pero es duro porque renuncias al dinero, renuncias al estatus de vida que antes tuviste, a un sueldo seguro, estable y siempre el mismo a fin de mes, ese que dividías en sobres por cada ítem de gastos, el mismo con el que ahora debes hacer maravillas, que de seguro no tiene nada, y que si se te ocurre enfermarte es muy probable que a fin de mes en la suma y en la resta veas cero. Es duro porque de seguro más de alguna vez pasas de largo por una tienda cuando ves esas botas maravillosas que antes habrías comprado sin pensar y que hoy no piensas en comprar, es duro porque sacas cuenta hasta del café de más o de menos que vas a tomar, es duro porque no quieres que allá afuera noten que tienes menos, sería un triunfo para ellos que te han creído loca por no trabajar igual que los demás (de hecho de seguro trabajas más), y es duro también porque a veces sientes que tu pareja pone mucho más, y siglos de patriarcado te hacen querer compensar con casa más limpia y rica comida, olvidando que además crías a un hijo sin parar.

 

Es duro también porque emprender no es tan reconocido por los demás, y en esto como en la maternidad tenemos que empezar a explicar, es duro amigas, porque nadie ve lo que hacemos en verdad, como muy de seguro no nos movemos demasiado de casa nadie comprende nuestro real cansancio, es duro pero por sobre todo increíble porque emprender siendo madre te da un maravilloso poder de aprender y aprender millones de cosas por segundo… Y entonces pasa, pasa que te das cuenta que sin querer has construido algo grande entre tus manos, que este emprendimiento  podría ser de verdad una empresa, y si eres como yo que tu mente nunca para de crear, se te ocurrirán millones de cosas nuevas para agregar… Entonces necesitas más tiempo, entonces él te mira y dice “no trabajes mamá” entonces te encuentras pidiendo permiso a tu hijo para trabajar, y quisieras tener un poco más de tiempo para crear y crear, y así sin más estamos a punto de sumergirnos en la misma vorágine de trabajar y trabajar como todos los demás, cuando un refrío, una noche de fiebre, una pataleta  de él o un colapso tuyo te traen a tierra, ¿acaso criar no es también crear? Me quedé en casa para estar con él y darle tiempo de calidad, esto no puede ser así… Y te frustras, y lloras, y protestas contra ti misma, porque quisieras hacer más, pero no quieres dejarlo a él…

Entonces sus sonrisas y abrazos nos vuelven a conectar, nos bajamos un poco del mundo, sacamos el pie del acelerador y volvemos otra vez, mas juegos, plazas y parques, más regaloneo y risas, todo parece volver a su lugar, excepto que tu mente no para y vas a volver a querer crear, y está bien, no sólo somos madres sino también mujeres creativas, profesionales, hay cosas que es imposible dejar de hacer, y los niños también necesitan ver feliz y realizada a mamá, pero quizás sea tiempo de tomar decisiones, de contratar a alguien que te ayude, o que vaya al jardín medio día, o a algún taller especial, para que de a poco puedas crear tranquila sin dejar de estar, a medida que crecen también ellos aprenden a esperar, es un trabajo arduo, lo sé, pero lo más importante es la constancia, hoy mi hijo me espera cuando debo terminar algo urgente y sabe que después vamos a jugar, cada cosa a su tiempo le digo, cada cosa a su tiempo repite él.

 

La vida en general es un eterno negociar, relacionarse es negocia, llegar a acuerdos, construir realidades desde un nosotros, lo que más nos acomode, no hay un único secreto, pero si es claro que debemos hacer aquello que nos haga felices, y sí ocurre que muchas veces nos hacen felices muchas cosas, una canción dice mi amor por vos es único pero no es mi único amor, y aunque no es ese su sentido, a mí me hace sentido la necesidad de buscar dentro de mi aquello que realmente me dará paz, hoy he decidido que necesito dedicar más tiempo a mi emprendimiento porque crece mucho  y porque así también lo requiero yo para sentirme más plena como mujer, eso ha implicado decisiones un poco difíciles, pero más sanas para mí y mi hijo, pero también sé que quiero seguir estando para él en las tardes, entonces, aunque le dedico más tiempo hoy a MI trabajo, también he aceptado que éste no crecerá al ritmo que podría crecer si le dedicará el equivalente a una jornada laboral normal. y así es, así será, ni bueno ni malo, ni mejor ni peor… Es lo que a mí y mi familia nos hace mejor.

 

Amo ser emprendedora, amo poder decidir no trabajar cuando enferma sin el estrés de avisar al jefe, o de bajar el ritmo cuando el puerperio se me vuelve difícil a mi, y amo también trabajar de noche muchas veces, o los fines de semana, cuando el resto deja la oficina para el lunes y yo llevo mi oficina junto a mí… Hoy quiero felicitarme a mi, abrazarme a mi, honrarme a mi, a mis socias y a mi equipo, a mí valentía, a mi capacidad, a mis errores, mis culpas, a las ojeras de mis trasnoches, y también a ti, mamá, mujer valiente que te atreviste a ser emprendedora, quiero abrazarte y decirte que no desesperes, que eres grandiosa, que vale la pena, que no importa que otros te ignoren, que ya podrás comprar esas botas, decirte que lo que haces, lo que hago, lo que hacemos de tomar las riendas de nuestra vida en nuestras manos es el acto más maravilloso del mundo, el mejor ejemplo que le damos a nuestros hijos e hijas, aprender a hacer y SER lo que dicta tu corazón y no lo que dice la norma… Pero no olvides una cosa, no eres súper woman, no eres súper mamá, no eres súper nada, eres mujer, y para que todo esto funcione debes amarte y cuidarte, descansa también, pasea, también, haz nada también y pide ayuda también… La valentía de emprender siendo madre es aún más magnífica cuando tenemos el coraje de decir lo vulnerables que somos y pedir a quienes estén dispuestos a hacerlo, que nos tiendan la mano y nos sostengan también.

Como siempre para todas mucha luz, mucho amor mis queridas hermanas, madres emprendedoras

 

Tara

 

 

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