La trampa de la maternidad: no todas somos amorosas y dulces

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El otro día mientras andaba en bici de vuelta de la consulta pensaba en cómo muchas veces la maternidad era puesta en un lugar tramposo, casi tan peligroso como el de su negación: el mandato de que las madres/mujeres llevamos con nosotras la semilla del amor natural.

Algo así como que las mujeres somos las encargadas de los sentimientos y las emociones, conectadas con la tierra, con lo natural, con la luna. Y que cuando tenemos hijos se nos dice que si no fluimos es porque no estamos suficientemente conectadas. Porque algo nos ha pasado que nos hemos olvidado de ese rol, de ser las portadoras eternas de la semilla del amor. Porque estamos fallándole a nuestra misión en la tierra. Y creo que es un mandato potente. Una mochila pesada de llevar. Porque sostener emocionalmente a una familia es una tarea titánica, sobre todo cuando no estamos solas en el proyecto.

He escuchado muchas veces eso de “tu tienes que estar bien para que tus hijos estén bien” o “tus hijos se angustian porque tu estás angustiada”. Entonces ahí estamos las madres aguantando, haciendo malabares para mantener el equilibrio familiar. Regulando cuando estamos des-reguladas, cuidando cuando estamos enfermas, funcionando cuando estamos cansadas.

Yo tengo dos hijos hombres y no quiero que sientan que lo emocional es de las mujeres, que ellas son las que aman, que ellas son las que están conectadas con la tierra y la luna, que ellas son el pilar emocional de la familia. Quiero que mis hombrecitos corran con los lobos también! Que le aullen a la luna, que sientan que llevan el poder de la tierra en ellos, que compartan con su compañera la responsabilidad de sostener emocionalmente a la familia. No quiero que sientan que sirven solo para traer el mamut a la casa. Y que tienen el derecho a comerse la mejor parte. Quiero que ojalá puedan sostener y ser sostenidos, que miren sus lados vulnerables.

Porque si bien a las mujeres nos debieran liberar del mandato de ser las portadoras del poder del amor, también a los hombres se les debiera otorgar ese poder. Y esa responsabilidad.

Quizá esta fantasía de ser nosotras las que amamos con mas fuerza, de ser las que intuimos, las que sanamos con la caricia, nos haya hecho sentir mas fuertes en algún momento. Sin embargo, es una trampa, porque el privilegio trae un mandato escondido, que si nos apartamos de esto, nos apartamos de nuestra naturaleza, nos corremos del rol. Y así perdemos nuestra libertad.

Tal vez si asumimos que la mayor parte de las veces nos sentiremos desorientadas, que el amor irá mutando y creciendo, que no sabremos que hacer y que será complicado. A lo mejor si asumimos que se trata de aprender y de probar, que no tenemos todas las respuestas, que no están escondidas en algún lugar de nuestra naturaleza. Quizá asi las madres nos sintamos menos culpables por no fluir y paradógicamente, fluyamos mejor en un proceso que es mucho mas aprendizaje que memoria ancestral.

(Mención especial a mi compañero que siente con la fuerza de mil huracanes, llora mil mares y ríe todos los soles)”

Acerca del autor

Mamá de dos cachorros, psicóloga y bloggera. Extranjera viviendo en Chile, en pareja con Sebastián. Niña de pueblo viviendo en una ciudad, encontrando y desencontrándose con la mujer que hoy es.

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