La soledad extraña del puerperio

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Lo complejo es que es un “sola” a medias, que en realidad es: sola con tu mente que no te da tregua, que te muestra tus luces y tus sombras, o más bien dicho te muestras tus sombras, sombrías, sombritas, sombrotas y tus luces, y es a la vez una sola con tu hijo/a, que no te habla pero ahí está comunicando todas sus necesidades y vaya que las cumplimos, porque podemos estar a oscuras de tanta sombra pero el hijo/a es cuidado, es amado tanto como podemos.

Por Nicole Suazo

Matrona y mamá de dos 

Antes de empezar esta escritura, me he quedado diez minutos mirando a mi hijo y a su padre dormir. Tengo la idea en la cabeza, sigue aquí, yo lo sé. En estos últimos diez minutos me he dado cuenta de que son las 00:28, debo levantarme a las 07:30 y yo aún no duermo, y ni luces de eso porque voy a escribir. Me acordé de que hoy a las 08 y pico, cuando mi hija mayor y mi pareja salían de casa al colegio y trabajo respectivos, yo me prometí dormir temprano esta noche, ahora estoy intentando asumir las consecuencias de otra contradicción. Y es que en estos últimos cuatro meses la palabra CONTRADICCIÓN es casi un comodín válido para todos los sentires y los pensares.
¡Que fuerte y que revelador puerperio!

No quiero ser dramática, pero la verdad es que después de ser “un chiche” durante la gestación (a las embarazadas todos nos quieren) después de recibir muchas visitas durante las primeras semanas postparto, quedarte sola es duro.
Estoy redactando esto con la intención de publicarlo para ver si existen mujeres que viviendo lo mismo se animen a expresarlo, sé que puede que haya justo en este minuto otra mujer sintiendo que su lucidez se pierde por algunos días entre la influencia hormonal, la demanda constante de cuidados por parte de sus hijos y la soledad; esa soledad que no se ajusta a la definición del diccionario.
Quizás alguien recuerde que soy Matrona (en la primera columna eso quedaba claro) hoy ese título está anulado casi por completo, no hay conocimiento riguroso de la bioquímica que me acompañe, ni tipificación científica que me consuele. Me voy al fondo y subo igual que todas las mujeres, el conocimiento que durante un tiempo de mi vida veneré, esta vez no me ha salvado.
Soy Madre por segunda vez, hace 4 meses que vivo sumergida, atrincherada y apartada involuntariamente del vertiginoso mundo, yo, ya sabia del dormir poco, de lo duro que se hace a veces que otro dependa 100% de ti, de las horas sin comer… Lo nuevo es el aislamiento.

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No quiero ser dramática, pero la verdad es que después de ser “un chiche” durante la gestación (a las embarazadas todos nos quieren) después de recibir muchas visitas durante las primeras semanas postparto, quedarte sola es duro. Lo complejo es que es un “sola” a medias, que en realidad es: sola con tu mente que no te da tregua, que te muestra tus luces y tus sombras, o más bien dicho te muestras tus sombras, sombrías, sombritas, sombrotas y tus luces, y es a la vez una sola con tu hijo/a, que no te habla pero ahí está comunicando todas sus necesidades y vaya que las cumplimos, porque podemos estar a oscuras de tanta sombra pero el hijo/a es cuidado, es amado tanto como podemos.

En fin, qué soledad más extraña.
Los primeros meses yo no sabía qué era esto, me sentía mal solamente y me repetía que la culpa no era un sentimiento apropiado, que debía alejarla si se aparecía pero siempre llega igual, si no eres tú es otro el que te ayuda a echártela encima, y nos volvemos a sentir culposas… En mi caso, sintiendo que amo a mis hijos, que me gusta cuidarlos pero que no me estoy cuidando yo, y un día de repente apareció el concepto. Me sentía sola, pero sola sin adultos, esa es la soledad que vivo hoy. Hay días en que quiero llorar cuando mi compañero se va y yo me quedo con mis pensamientos, con esas ganas de conversar tanto, hay momentos en los que creo que si no digo todo lo que siento, pienso y quiero: enloqueceré.

Este puerperio me ha enseñado que quedarse en la casa a cuidar de los hijos es lo más difícil que he hecho en mi vida. Después de años de vida profesional muy activa, con un trabajo en el que me siento validada y reconocida, llena de actividades… Siento que parí y me pusieron de golpe en una isla, un mundo alterno sin vida social, sin visitas, sin tantos amigos, con escasos panoramas. Y en ese escenario, busco soluciones; y aparezco anclada al teléfono, algunos días comentándolo todo en las redes sociales, respondiendo mensajes, correos atrasados, queriendo ser parte del mundo que parece que siguió sin mí, sin nosotras. Hay días en que le pido a mi mamá que venga lo más que pueda, que nadie la detenga, (…) invitándome sola a toda once y almuerzo posible en la casa de mis viejos, y es gracioso porque para la mujer que se jactaba de su independiente vida y del amor a la soledad es una medida desesperada tener que “invitarse sola”.
He aprendido también a cerrar la boca con quienes no estén interesados en mis procesos, o sea, la gran mayoría, si uno no quiere ser tildada de alaraca, quejona y adjetivos varios hay que saber a quién exponer la novela personal. Por otro lado ha surgido el hallazgo de qué decir que me canso por “solo” cuidar a mis hijos es muy mal visto, y es también un pecado considerando que antes el postnatal era corto y las mujeres no podían disfrutar de esta maravilla. Además hay mujeres que tampoco pueden “descansar” en la casa como yo.
Y vuelta la culpa: Seré yo la madre deficiente, la que se cansa, la que se siente sola teniendo tanto contacto en Whatsapp… Y no, hoy estoy segura de que no. La sociedad anula sentimientos válidos en las mujeres que maternamos, nos considera “cachos” solo por ser mujeres y embarazarnos (tiempo perdido laboralmente) desmerece el cuidado de los hijos, desvaloriza el trabajo que significa estar en la casa cuidando de otros, y lo más triste es que a veces son otras mujeres las que lapidan con un “siempre ha sido así” y las que estuvieron antes que tú no se cansaron. Creo muy personalmente que generaciones de mujeres callaron estas cosas, para vivir las consecuencias hoy con sentimientos de desvalorizacion, y a veces esas frustraciones por haber aguantado cargas tan pesadas sin chistar hace que arremetan furiosas cuando hay alguna que resista el mandato de madre abnegada casi con aura de santidad. Maternar sola no es sano, ni bonito, ni óptimo.

Si pudiera dar algún tip, sería este: ¡Griten a tiempo! No nos volvamos locas de tanto pensar solas. En estos meses para mi el tener amigas con hijos pequeños como el mío ha sido un salvavidas tremendamente necesario para volver a la superficie cuando los días se volvían muy grises. “Las puerperas no debemos estar solas” me dijo una de ellas y cuánta razón tiene, otra me dijo que si yo estaba loca, ella también porque sentía lo mismo que yo, y es muy raro que existan 2 locuras identicas verdad? (creo que esa pregunta fue un poco riesgosa… Jajaja)
Gracias amigas! El ciber mundo con las ciber tribus también ha sido un gran aliado.

Ciertamente esto pasará, como todo proceso, como toda etapa, pasará; y yo volveré a bañarme como de costumbre, a vestirme decentemente todas las mañanas, quizás tenga suerte y alcance a maquillarme, voy a poder ir al centro sin susto de que mi hijo se agarre los bichos del invierno y podré seguro tomar todos los cafés que durante estos meses he postergado. Mientras tanto me sigo colgando de cuánto almuerzo dominguero exista para que esta soledad rara cada vez se sienta menos.

 

Fuente: El quinto poder 

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl