La razón de por qué las mujeres no quieren ser madres

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Crecí creyendo que era libre, pero de verdad libre, que podía hacerlo todo si me lo proponía, y aunque no me arrepiento de creerlo, lo cierto es que mis sueños de libertad se toparon con la libertad que otros disponían para mí, un sueño de libertad ajustada a los cánones y expectativas de los demás, pero no me importó, igual fui moviéndome en mi pseudo libertad hasta que el test dio positivo, en ese momento las alas se me cortaron y las amarraron a amplios pilares para darme la ilusión de volar pero siempre atada a tierra para no volverme peligrosa.

Hoy casi seis años después de ese primer día donde supe que sería madre me pregunto ¿realmente tenemos libertad las mujeres para elegir ser madres? Y nuevamente me veo atada a los pilares, atada cuando era soltera, profesional, viajera e independiente con un pavor descomunal a ser madre ¿cuál era mi miedo? Perder la libertad, tal como la perdió mi madre, y aunque volvería a recorrer cada recoveco del camino y volvería a llorar cada lágrima solo por sus sonrisas cada mañana, lo cierto es que no me equivoqué, perdemos toda la libertad cuando somos madres, o quizás no perdemos nada porque nunca la hemos tenido.

Y es que ¿cómo podemos elegir libremente si sabemos a conciencia que la maternidad implicará inevitablemente una renuncia colosal, una encrucijada vital? ¿cómo podemos elegir de hecho tener el hijo o abortarlo si todas estas decisiones están mediadas por un contexto que nos obliga a tomar un solo camino, un camino que sea como sea resultará doloroso? Porque si no tenemos el hijo, si abortamos el dolor del corazón y la culpa no lo borrará nadie nunca, en cambio, si lo tenemos, incluso si somos madres deseándolo profundamente, igual en algún momento deberemos renunciar a algo, renunciar quizás a vivir y disfrutar nuestra maternidad porque el sistema nos exige ser mano de obra, o porque la sociedad nos obliga a desvincularnos de nuestros hijos para poder seguir siendo mujeres y no volvernos locas con la soledad de la crianza.

Debemos renunciar también cuando todo nuestro ser nos pide, nos exige que seamos madres en el sentido más mamífero de la palabra, prestando cuerpo, alma, corazón y vida a nutrir a esa nueva y hermosa criatura, renunciamos, y no no elegimos porque no existe la posibiiidad de elegir, porque la sociedad, las políticas públicas, el Estado, el sistema están conformados para que las cosas sean de una forma y no de otra, siempre renunciando.

Y no, no tomen esto a modo de victimización o dramatismo, porque sí es cierto que la vida es una dicotomía, una constante paradoja, un constante elegir, costo y beneficio dirían los economistas, y estoy de acuerdo con que muchas de nosotras elegimos no tener hijos, o tenerlos y vivir de tal o cual forma nuestra maternidad desde el fondo de nuestro corazón, tratando de ser lo más conscientes posibles y sin querer ir por la vida con el atuendo de pobre mujer o madre abnegada, pero para que nuestras decisiones sean realmente una elección libre deben darse condiciones especiales que en Chile al menos no se dan.

Y es que si el Estado propiciara espacios de apoyo y contención a las madres, si existiera la posibilidad de espacios para los bebés en los trabajos, si tener un hijo no fuera un cacho para las empresas, si las salas cunas fueran realmente para las que quieren por opción ir a trabajar entonces bien, si tuviésemos un post natal extendido que permitiera que mamá o papá o ambos se queden en casa y cuiden de sus hijos sin pasar apuros económicos, ahí sí estamos eligiendo, pero no, acá no se da ninguna de esas condiciones y muchas madres salen a trabajar cuando no quieren o trabajan más de lo que quieren, y muchas madres se quedan en casa soñando con poder ser también profesionales pero con las manos atadas, y muchos padres salen a trabajar cuando quieren cuidar a sus bebés y muchas mujeres postergan su maternidad para poder ser profesionales, y muchas la descartan simplemente porque ven a su alrededor y no están dispuestas a mamarse la discriminación.
Entonces no, no me digan que las mujeres podemos elegir ser o no madres, no me digan que las madres elegimos cómo vivir nuestra maternidad, porque nos tienen con las alas atadas en la ilusoria idea de libertad, porque la falta de un plan estructural enfocado a la crianza y a la corresponsabilidad parental nos arrincona y nos obliga a tener que vivir así como la madre “abnegada o la “profesional despreocupada”, porque no nos queda otra, porque criar sigue siendo cosa de mujeres y porque por muchas elecciones que nosotras tomemos las políticas públicas en Chile son vergonzosamente deficientes.

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

5 comentarios

  1. Gracias que buen texto, yo aveces creo que no quiero ser nunca madre por las razones que tan bien enmarcas. Pero sí, tengo ese instinto mamífero que me dice que si quiero.
    ¿ Dónde puedo conseguir tu libro ?

  2. Comparto profundamente tu mirada. Justamente así es. Y es imperioso un cambio!
    Porque NO tenemos derecho sobre nuestros cuerpos ni nuestras vidas. Es necesario que evidenciemos eso y luchemos por cambiarlo.
    Gracias!
    Un abrazo

  3. Me parece un artículo conservador y machista, que asume que la mujer por defecto desea parir o que la maternidad necesariamente se vive desde la abnegación. Sin contar con que presenta opiniones y prejuicios como hechos.

    Ejemplo: Te cuento que todos los estudios apuntan a que la inmensa mayoría de las mujeres que abortamos no sólo no sentimos culpa, si no que sentimos alivio.

    • Gracias Rosario, por tu comentario, que es la voz de la razón en este artículo. Justamente, pensé lo mismo cuando lo leí, muy conservadora su postura! Lo que conlleva a la culpa y el trauma en el aborto es la criminalización de la práctica, no la práctica en si. Pensé “como le aflora el catolicismo hasta por los poros a la autora”.

  4. Me parece una generalizacion importante y claramente carente de libertad. Yo soy madre y profesional, mis hijas admiran que trabaje y disfrutan cuando estoy en casa, yo eleji trabajar media jornada y el resto del tiempo comparto con mis hijas.

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