La penita: el dolor de la separación, una nueva forma de ser familia

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“La penita, la penita”, me dijo de pronto mientras jugaba, me agaché, le tomé la mano y le dije, ¿qué pasa mi amor, tienes penita? Bajó la cabeza, hizo un sonido de queja y me dijo “tiene penita, quiere ver a papá”… Se me quebró el corazón, mi útero reaccionó, un intenso dolor se apoderó de él, un nudo en mi garganta y las lágrimas que luchaban por salir, respiré profundo, y le dije “yo te entiendo mi amor, es normal que tengas penita y quieras estar más tiempo con papá, mamá y papá van a buscar la forma para que estén más juntos los dos”… Le canté una canción para que se fuera la penita, lo abracé fuerte, lágrimas rodaban por mis ojos… ¿Un niño de 3 años no debería sentir pena no? Hace poco más de 6 meses que nos separamos, creí que le estábamos tomando el pulso a esta nueva vida, lejos de la que fue nuestra casa, lejos de su padre y el jardín… Pero la presencia de una mujer en la vida de su padre gatilló lo que ninguno quería vivir… La penita de mi hijo, la confusión, la añoranza, el no comprender porque papá y mamá ya no pueden sentarse juntos a una mesa a comer…  ¿Estás separada, pues de seguro sabrás de lo que hablo?

 

Soy hija de padres separados y nunca en mi vida me imaginé lo que sería separarme y ver sufrir a mi hijo, no hay dolor más grande, y hablo esta vez del dolor de madre, no de pareja, no de los sentimientos que uno como mujer  pueda tener a ese hombre, sino del quiebre de una familia, de su ausencia, del hecho de saber que nunca más nuestro hijo estará acostado con papá y mamá en una misma cama viendo películas, que las navidades serán divididas y que en un tiempo  más, las vacaciones también… Nunca he creído en el ideal de familia, es decir, creo que uno puede hacer las cosas de manera diferente, y que se puede ser familia sin ser pareja, no hay por qué dejar de compartir los tres sólo porque lo nuestro no resultó… Bueno, nuevamente, se derrumban las certezas, una cosa es decirlo, otra vivirlo, y otra muy distinta tratar de ponerlo en práctica… Cómo es posible que  todo el amor  que existió en algún momento para decidir tener a un hijo hoy sean solamente un “eres mala persona, no te quiero volver a ver”, o peor aún en un “bueno, sino cedes no te paso plata, y no voy a ver al niño estas fiestas porque no quiero verte la cara, tú me alejas de él”…

Cae la noche y lloro, mi niña, la misma que vio a su padre marchar, llora otra vez, un vacío inmenso en el corazón, la mujer/madre de hoy llora también, llora cada vez que se llevan a mi pequeño y lo veo caminar de la mano de papá, cierro la puerta y lloro, lloro por lo que no fue, por lo que no tendrá, por lo que no será… Y entonces recuerdo haber leído por ahí “la separación es algo catastrófico para los niños pequeños, hay que evitarla por todos los medios”, y recuerdo que no, no es así, mis padres demoraron 12 años en separarse, y he pasado cada día de mi vida adulta, y de mis terapias para sanar, deseando que lo hubieran hecho mucho antes, vivir con dos personas que discuten todo el día, que se odian, que se amenazan, es algo que ningún hijo debe ver… disfruté mucho más a mis padres cuando se separaron, pues pude ver  lo mejor de ellos… los vi libres y felices… me amaron más, los amé más.

Entonces, sé que tomamos la mejor decisión, lo intentamos todo, todo, pero el amor simplemente desapareció y nuestra maternidad y paternidad vinieron a mostrarnos lo que ambos habíamos querido ocultar, francamente éramos demasiado diferentes… Yo como mujer, quisiera tenerlo lo más lejos de mi vida, es la única forma de sanar, más eso no pasará nunca, pues padre e hijo se necesitan cada día más, y yo no puedo obstaculizar su amor… Estar vinculada hasta el día de tu muerte con el padre de tu hijo, a quien no quieres ver, quien te dañó y a quien dañaste es un desafío supremo, más aún cuando los efectos de una crianza autoritaria y  poco respetuosa se reflejan en adultos con cero tolerancia a la frustración, adultos que desaparecen bajo el velo de los niños que reclaman atención, “tú no me valoras, no valgo nada para ti”, “nunca estuviste realmente para mi, nunca me aceptaste de verdad”… ¿Somos nosotros los adultos hablando, o nuestros niños exigiendo al otro lo que nuestros padres nunca nos dieron?

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Miro la luna, tengo la mano en mi útero que por alguna razón duele tanto como mi corazón, veo a mi hijo dormir y me digo, el problema es que habemos tres niños reclamando atención, cariño, amor, cuidados… pero de esos tres sólo uno es quien no tiene ninguna responsabilidad más que ser contenido y acunado… Entonces comprendo, a pesar de mi rabia contra su padre, a pesar de mi deseo de no verlo nunca más, a pesar de todo el daño que me hizo y me hace – y que por cierto yo también le hago- hay un solo niño acá, y si  las historias se repiten, si nos separamos igual que lo hicieron nuestros padres, es porque hay una lección que aprender, tenemos la posibilidad de  tomar un camino diferente, de hacer las cosas diferentes, yo no lo he hecho, lo intento a veces, pero su reacción me desregula, me desborda y me convierto en algo que no quiero ser, sé que a él le pasa lo mismo… El punto es que no tenemos tiempo que perder, ambos cargamos con una mochila demasiado pesada, y estamos a tiempo para lograr que nuestro hijo no la herede, no, no me mal entiendan, no digo que volvamos a ser pareja, eso, al menos en mi caso, no es opción… Menos ahora que él ya tiene compañera… me refiero a que, podemos vivir como padres separados en armonía, sin guerras de guerrillas, sin  manipulación, si amenazas, sin que el ver al hijo o el pasar la plata se transformen en armas para dañar al otro.

¿Cómo hacerlo? Pues  soltando, creo que es lo primordial, soltar nuestro sueño de familia, soltar y tratar nuestras heridas de infancia, soltar el deseo de tener la razón, y por sobre todo soltar el control, no tenemos ni nunca tendremos control sobre el otro, por mucho que él desee que yo sea una mujer que hable tres idiomas y practique deportes a diario y lleve todo anotado en una agenda, por mucho que yo desee que él sea más relajado y menos temeroso, son nuestros deseos, nuestras expectativas que no nos conducen a ninguna parte más que al dolor. Tengo/tenemos  la posibilidad de cambiar la historia, de tener niños de padres separados sin traumas ni mochilas enormes que sanar en su vida adulta, creo firmemente que podemos, que somos capaces de convivir en armonía, no sólo Pedro y yo, sino todos quienes se han separado, lo sé, tú dirás, es que es  imposible, ella no sabe lo que hace este hombre, todo lo que he sufrido… Yo me invito y las invito a dejar el rol de  víctima, y a pensar que esto también va a pasar, que es un aprendizaje, que no podemos quedarnos estancadas en  como todos hacen las cosas…¿y por qué no podemos? Porque de nada nos sirve la lactancia materna, el colecho, el manejo respetuoso de las pataletas, el porteo y la contención, si no somos capaces de tomar esta crisis como la oportunidad de crear un nuevo modelo de familia… todo lo que hicimos  puede valer nada si nuestro hijo se transforma en títere, si  la plata se vuelve moneda de cambio, si “la penita” de esta tarde se vuelve permanente…

¿Saben cuál es mi sueño desde el día en que mi hijo y yo llegamos a nuestro nuevo hogar y ambos extrañábamos el aroma de papá? Que un día, podamos estar los tres, comiendo, juntos, sin discutir, conversando, riendo, que un día podamos estar los cinco, sí los cinco, su pareja, mi pareja, y ser amigos, amigas, e ir al parque juntos, o a la playa, o porque no unas vacaciones juntos, que la mujer de Pedro no sea mi enemiga, sino una amiga, que mi hijo no tenga que sentir que me es desleal porque la ve, o al revés, que mi niño no crezca añorando navidades en familia, que los domingos por la tarde no sean para él motivo de dolor porque es cuando se separa de papá… Es mi sueño, no digo que lo esté cumpliendo, estoy lejos de ello amigas, no saben cuánto… me cuesta, me duele, mi útero sangra sin que se deba a mi periodo, mis pensamientos no son claros, voy avanzando, voy luchando, voy tratando de disfrutar, de sanar, de re encontrarme y atreverme a vivir la vida de una forma diferente… Lo deseo con todo mi corazón, pero no he hecho lo suficiente para lograrlo, pero hoy su voz me hizo reaccionar, tiene 3 años, no puedo permitir que “la penita” se vuelva algo permanente en su vida… Estar separados es tremendo, duele, por Dios que duele, pero, vamos, esta también es una oportunidad, para cambiar el mundo hay que cambiar la forma de criar y de vincularnos… Yo no quiero que mi niño se transforme en un hombre que no sepa comprometerse, ni que viva aferrado a sus traumas de infancia… Yo quiero cambiar, transmutar, trascender, sacarme la piel lentamente como las serpientes y ser todo lo que el mundo pueda creer que es una locura, por él, por mi, por nosotros… porque sí, somos familia, siempre  lo seremos, las parejas pasarán, pero nuestra maternidad y paternidad permanecerán…

 

Les invito a dejar un poco de  lado el dolor, y ver cómo re inventar el concepto de familia cuando se está separados… como evitar caer en lugares comunes, en peleas comunes… Yo no sé muy bien cómo hacerlo, pero creo que entre todas  podemos lograrlo…

 

Las abrazo, seco mis lágrimas y como siempre mucha luz para todas

Tara

fotografía: www.skiner.edu.mx

 

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4 comentarios

  1. leo estas lineas desde mi niña, mujer y madre, y simplemente la lagrimas afloran.
    gracias x escribir, x inspirarme. yo también vengo de padres separados y mi esposo viene de una separación, y mi corazon, así como mi cabeza se dividen, cuando pienso en sus hijos, en el mio, y en mi, de niña q se ve reflejada en esta historia q se repite.
    Yo eligí repetir la historia y hacerla diferente y seguire en el camino, cómo no lo sé. seguro q nos sentaremos y veremos q es lo mejor por lo pronto para los seis.

  2. Que bellas palabras!!!! Se me partió el corazón, las lagrimas brotaron de la nada. Estoy separa por una infidelidad de parte de el, y desde el día que me separe que opte por dejar mi orgullo de mujer a un lado y no estropear en ningún momento la Unión de mi hija de 2 años con el. Al día de hoy si cenamos juntos, vamos al cine o a un parque e incluso a reuniones familiares sin tener ninguna relación de pareja, solo padres! No es fácil es tremendo el dolor por que muchas veces he deseado no verlo nunca mas pero mis ganas de no provocar esa “penita” son mucho más fuertes y la gratificación de ver a mi hija feliz!!!

  3. Leer esto me mato. . . Al lado mio duerme mi niña y lejos de nosotros trabajando esta su papá. . . Han sido pocoa dias de estar separados, mi caracter lo ha destruido todo. . . Hoy hablamos, pero es como conversar con cualquier persona. . . Me duele el alma, Dios quiera que pase y mi niña no llegue a sentir penita

  4. Cuesta mucho..cuesta no saber que devoción tomar cuando los conceses y saben que no son ni serán remotamente buenos padres..que sabes que llegara el día en que desepcione a tu hijo…mi niño tiene 18 meses y desde los 4 que no vive con su padre..ahora volvió a pedir llevárselo por unas horas…claro que donde los abuelos…porke para el es un trabajo muy grande y apestoso…no se..gran parte del tiempo no se si luchar porke este con el o porke no lo vea mas y mudarme de ciudad…cuesta tanto ser mama…como mujer se que sentir..como mama es una interrogante y dejar esa pena de sueño de familia feliz cuesta…pero tu palabras me inspiraron.. A por lo menos..no sentirme sola..mi realidad es muy similar a la tuya..solo k no me mude, el se fue sin explicación, solo diciendo que estaba cansado y k la paternidad no era lo que el se imaginaba…ahora..k hacer con un padre d esa calaña?..

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