La maternidad no es como en los comerciales

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Por Susana Araya Coach Maternal 

Cuando supe que estaba embarazada por primera vez, mil pensamientos se me vinieron a la mente, lógicamente me llené de nervios y dudas, pero por sobre todo, me llené de ilusiones. Empecé a juntar ropa, a armar su pieza (sí, yo armé una pieza aparte de la mía, jurando que iba a usarla como a los 6 meses ja ja ja), organicé Baby Shower, planificar el parto y todo aquello que me hiciera sentir mejor calificada como madre.
Particularmente, me armé todo un panorama de cómo sería mi maternidad: parto vaginal, obvio, si mis abuelas habían parido 7 y 8 hijos, cómo yo no iba a poder; lactancia materna exclusiva, y cómo no si mi madre fue toda una productora de leche, a tal punto de que de cada uno de sus 3 partos, nos dejó por lo menos un “hermano de leche”, entonces si ella pudo, yo también; dormir en su moisés (sí, fusílenme) porque no lo iba a malcriar metiéndolo adentro de mi cama y por supuesto, ojalá me deje dormir toda la noche.
Resumen: mi hijo no podría nacer por parto vaginal, debían hacer una cesárea porque mi pequeño estaba en mala posición y por más que intentáramos, él no podría salir como yo tantas veces imaginé. Varias horas después pude encontrarme con mi bebé, en una pieza en donde mis seres queridos ya se turnaban para cargar a mi cachorro y yo aún ni siquiera podía amamantarlo. Al pasar los días las cosas no mejoraron mucho, llegamos a casa y mi pequeño no dormía en su moisés, y pasaron otros días y mi bebé no solo no había subido de peso, sino que había bajado medio kilo desde el parto, por lo que la sombra del relleno llegó a invadirme.
Claramente, me había enfrentado a la realidad de la forma más dura, porque cada una de las cosas que había idealizado en mi mente, no estaban pasando, me sentía muy frustrada, una mala madre, absolutamente incompetente, sin saber qué hacer, perdida en todos los cambios que estaba viviendo, muy a la deriva y necesitando urgente un salvavidas.
La maternidad no es como la de los comerciales, no señoras, tampoco es como la imaginamos, ni tan dulce ni tan amarga. La maternidad es como es, es como nos toca vivirla, es como la enfrentamos y cómo debemos sacar los aprendizajes de cada uno de los errores que cometemos. Es como una gran montaña rusa, tiene altos y bajos, y puedes disfrutar del viaje como vivirlo llena de miedos.
La invitación es a esperar lo inesperado, entregarse a que pase lo que tenga que pasar, porque sin dudas, la maternidad que vivimos es la que necesitamos vivir para aprender y sacar la mejor versión de nosotras mismas.

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl

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