La maternidad como camino espiritual

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Por Andrea Saunier

Fundadora Angelitodemiguarda

Equipo Criamor

Sea cual sea nuestra base espiritual, o religiosa, la mayoría de nosotras solemos pensar que seguir un camino espiritual tiene mucho que ver con despojarnos de todo lo material y partir a la siga de un maestro o a una meditación a la montaña. La historia está llena de relatos iniciáticos. Edward Bach  por ejemplo, partió a la campiña galesa a descubrir sus remedios florales con poco más que buenas intenciones. A Mikao Usui le fue revelado el Reiki después de 21 días de meditación en el Monte Kurama, y tras un largo peregrinar buscando la iluminación.

Hace pocos años, con un hijo de casi dos años y una pequeña de meses, sentía más que nunca ese fuerte llamado a iniciar un camino espiritual comprometido, lo que en esos momentos para mí significaba agarrar mis cosas y partir al Oriente profundo. El vacío que observaba en el entorno, la crisis de nuestra sociedad, la lucha de egos que embarga las buenas intenciones de la gente, cooperaban para que no viera otra solución que buscar una realidad más simple.

En medio de varios ensayos de huida, recuerdo haberme topado con una fotógrafa, yoguini y madre, que presentaba una exposición de fotos del Tíbet, y promovía esos viajes espirituales. Me intereso cómo vería ella la conciliación de la maternidad y la vida espiritual. Lo primero que me recuerdo, fue su cara de espanto cuando, con mi hija de meses en el mei tai, le dije que quería irme a buscar el sentido de la vida. Mirando a mi hija me gritó “¡Pero tú estás loca!… el camino espiritual ya lo comenzaste”. Después de una larga charla, me planteó un concepto cada vez me hace más sentido. Me dijo: “Andrea, te quiero hablar de la meditación en movimiento. La maternidad puede ser una meditación en movimiento…”.

Es cierto, mi maternidad, como la de muchas, está muy lejos de ser una postal zen. Pero me ha enfrentado, como ningún otro proceso en la vida, a los desafíos que suelen buscarse en la evolución espiritual. La Maternidad nos enfrenta nuestras verdades más ocultas. A nuestras experiencias de infancia y a las expectativas que tenemos como mujeres. A las relaciones que nos han marcado y que debemos soltar o resolver. Nos muestra “la sombra” como dice Laura Gutman, pero nos deja a nosotras la tarea de resolver que hacemos con ella en el proceso de convertirnos en individuos. Nos hace querer estar sanas, física y emocionalmente. Es también un entrenamiento diario y constante sobre la entrega. Aquella desinteresada, que se nutre y se retribuye con cosas que no tienen valor comercial, como besos y sonrisas. También pone en jaque nuestros apegos, cuando nos enfrentamos al momento de soltarle la mano a ese pequeño que se va al jardín, al colegio, o a ese no tan pequeño que saldrá con su polola. Entendemos por primera vez, que si nosotras estamos mal o en una vibración negativa, afectamos a nuestro entorno y a los más cercanos. Aprendemos con la maternidad, de percepciones extrasensoriales, intuiciones, presentimientos. Podemos sanar con las manos. Entendemos lo que es recibir amor sin poner condiciones.

El consejo de hoy es sencillo. Respire profundo, quítese los zapatos y comience a seguir a su maestro espiritual por la alfombra. No tenga miedo a lo que puede descubrir de sí misma en el camino. La maternidad ES un camino espiritual.

Acerca del autor

Mamá, Psicóloga Clínica - Psicoterapeuta. Terapeuta Floral Acreditada y terapeuta complementaria. Atención individual y parejas. Especialidad en Autoestima-autocuidado, duelo gestacional, maternidad, sueño infantil. Terapias, talleres y círculos de mujeres en Rancagua. www.psicologiayflores.cl

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