La mágica revolución de los 2 años

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Por Ps. María José Gasc 

¿Los terribles dos años? Pataletas, gritos, llantos, “desobediencia”, límites, descontrol, madres y padres desesperados… Cada etapa de tu hij@ depende de cómo la vivas tú y si lo ves de manera positiva o negativa. Esos famosos “terribles” dos años no son otra cosa que la prueba de un niñ@ que crece sano y se hace independiente, y lejos de ser terribles son un momento de mágica revolución para ellos y sus cuidadores, entender lo que les ocurre y verlo como un momento mágico haciéndome consciente de lo que ME pasa a mi como madre o padre con sus actitudes es la base para una maternidad y paternidad conscientes y niños y niñas que crezcan sanos y felices.

Sentada en el suelo de la pieza de mi hijo Santiago de 2 años 2 meses, mientras le pongo su pijama, miro a mi alrededor. Puedo ver cosas desde otra perspectiva, la cuna está por sobre la altura de mi cabeza, el closet se ve más alto y pareciera que la puerta está incluso mas lejos… y claro! Si estoy sentada a la altura de un niño de 85 centímetros.

Las distancias, las perspectivas y el tiempo es distinto cuando tenemos dos años. Hay algo que ocurre, que muchas veces incluso los profesionales nos asombramos y nos olvidamos de esta “mágica revolución” que ocurre a los veinticuatro meses.

He decidido nombrarla así, ya que nuestros niños realmente se ven revolucionados (y muchas veces nosotros como padres también) con todos los fenómenos que ocurren a esta edad. Nos alegramos, nos reímos, gozamos, nos sentimos orgullosos y a ratos nos desesperamos y no sabemos qué hacer.

 

Fin del Puerperio

El primer fenómeno que ocurre, sobre todo en relación a la dupla Madre-Lactante, es que termina el famoso “Puerperio”, y esto lo podemos empezar a notar tanto en actitudes de ellos, como en nosotras como madres. La independencia se hace protagonista y comienza una lucha entre la independencia y la dependencia. Tanto ellos como nosotras empezamos a sentir un poco más de autonomía y ellos nos muestran día a día esta confusión en los distintos contextos y situaciones de la vida cotidiana.

 

Mamá yo sholito”, “No, no, no… si, si, siiiii”, “Yo pedo sholito, y así varias frases y acciones como por ejemplo tratar de soltarnos la mano mientras van caminando con nosotros, querer elegir la ropa con la que se van a vestir (que generalmente es otra a la que nosotros hemos elegido previamente). Han comenzado a experimentar una serie de cambios que los hace sentir “Súper poderosos”, capaces de muchas cosas. Se han dado cuenta que la marcha ya es más firme, a tal punto que pueden correr, toman la cuchara con comida y logran meterla en la boca, pueden abrir puertas, cajones, incluso algunos ya han empezado a sentir “algo” cuando vienen las ganas de hacer pipí, es decir… “Parece que efectivamente hay cosas que puedo hacer solit@”.

Pero es una lucha, ya que aún estamos en presencia de un cerebro inmaduro que necesita de la regulación de sus cuidadores.

Las pataletas que tanto leímos en libros, las estrategias que escuchamos para calmarnos, nos quedan cortas… muchas veces nos cuesta sintonizar con lo que ocurre en esas cabecitas. Ellos, aún con un desarrollo socio emocional inmaduro, no saben exactamente lo que quieren, ya que muchas veces quieren muchas cosas… y sienten muchas cosas a la vez, por ejemplo; tienen sueño, pero también quieren seguir jugando, aún hay sol así que el ritmo circadiano “no manda a dormir”, pero el cansancio es insoportable, porque han corrido todo el día… entonces entramos en un conflicto de intereses y ellos, con pocas herramientas, al verse superados en cuanto al nivel de estrés, hacen uso de lo que mas conocen de ellos mismos; su cuerpo. Y ahí como forma de autorregular esa sensación de malestar, puede desencadenarse una pataleta… ¿Y qué hacemos?, ¿Cómo sintonizar con ellos?… pero es que es muy difícil porque es imposible lograr satisfacer todo lo que demanda en ese momento (no se puede dormir y jugar al mismo tiempo).

 

Lo primero que debemos hacer es tratar de hacer un esfuerzo por entrar en esas mentes y poner atención a las señales que nos están dando; ir anticipando posibles frustraciones y así, desde la empatía tratar de resolver el conflicto; “Mi amor, veo que estás muy cansado, lo noto en cómo te rascas los ojitos. Además has corrido todo el día y eso cansa mucho, pero entiendo que estás muy entretenido, ¿Te parece que te acompaño a dormir y te cuento un cuento de un niño que le gustaba correr y correr, jugar y jugar?”

Para entrar en la mente de nuestros niños, en primer lugar debemos asumir que son distintos a nosotros, que sus intereses muchas veces se contraponen a los nuestros y ahí es muy importante tratar de hacer que los intereses y necesidades de ambas partes puedan encontrar un punto de equilibrio. Pero para hacer eso, es necesario que podamos ponernos en contacto con lo que a ellos les pasa y luego, asumir y reconocer ¿Qué nos pasa a nosotros con “eso” que les pasa? No es un trabajo simple, requiere práctica y tiempo… sobre todo tiempo. Tiempo de observar, compartir, tratar de entender.

Pero este niño de dos años, no solo quiere hacer las cosas él solo, también hay un gran interés en buscar los espacios más pequeños y muchas veces peligrosos, para esconderse, explorar, escabullirse y eso también nos pone los pelos de punta. Nos preocupa que se metan detrás de los veladores, en los espacios entre sillones, cerca del lava manos, etc. Y eso lo hacen porque están buscando sentir sus propios límites corporales; están experimentando sensaciones de propiocepción a la vez de estar buscando la respuesta de “¿Hasta donde puedo llegar?”… y los vemos con esas caritas llenas de asombro, ojitos abiertos y risas nerviosas (mirando de reojo) mientras se escabullen y tratan de meterse en algún lugar… y empezamos “Nooo, cuidado…Ven mi amor, yo te saco” y ellos… “No, no, no,… Yo sholito”.CUCHARA

 

Empatía: ponernos en su lugar

 

Si a todo esto le sumamos el factor de los famosos “molares de los dos años”, la cuesta se pone aún mas pendiente. Hay un malestar constante en la boca y encías, que no todos expresan de la misma forma, cuando empiezan a sentir de nuevo esa sensación de picazón, dolor y molestia. Muchos se ponen mas irritables, otros inapetentes, algunos salivan más otros menos… recordemos que no todos los niños son iguales.

¿Es decir, las pocas ganas o falta de interés en comer es por las muelas?… No necesariamente, y es que ahora hay otros intereses, otras prioridades. Es mucho mas importante salir a jugar, correr ó tratar de darse esa vuelta de carnero que tanto le gusta que sentarse a comer… ¿Y vamos a dejar que no coma?… cuando resuene en nuestra mente esta pregunta pensemos; ¿Qué es lo que hacemos nosotros cuando no tenemos ganas de comer?, ¿Nos obligamos ó buscamos otra alternativa?

Recordemos que como principio básico en un estilo de crianza amorosa que propende al apego seguro, debemos, antes de actuar pensar si a notros nos gustaría que nos hicieran eso que les estamos haciendo a ellos.

Ahora bien, sí necesitan límites y también necesitan alimentarse, así como también necesitan hacer muchas cosas que a veces no quieren, como bañarse, ir al doctor, etc. Pero es ahí donde debemos de ante mano, trazar una línea en nuestra propia mente y decidir qué “Batallas vamos a Pelear”; es decir, con qué cosas vamos a transar y con cuáles no. Y esto no tiene manual ni receta; cada familia tiene su propia dinámica, y todas son respetables en la medida que los niños no sean agredidos ni tratados de manera irrespetuosa; ¿Es realmente importante que se coma el Brócoli?, ¿Es realmente importante que se bañe todos los días?, si la respuesta es sí, hay que mostrarle a nuestros niños, de manera respetuosa y amorosa que “esa batalla no la vamos a perder”, pero para eso es muy importante ser constantes y predecibles a ojos de ellos, ya que ellos estarán probando permanentemente si esa respuesta es siempre la misma… y los niños necesitan un ambiente predecible y constante de parte de sus cuidadores, si hacemos excepciones no hay problemas, pero tratemos en lo posible de mostrarles a ellos que pueden descansar en nosotros, ya que somos padres predecible que no harán cambios inesperados y bruscos.

 

En relación a lo anterior, las rutinas son importantes para nuestros niños de dos años, incluso lo son para nuestros niños de un año. Pero recordemos que las rutinas no deben ser rígidas; es importante que ellos cuenten con un ambiente predecible que los ordene y regule, tanto en nuestros cuidados diarios como también en las formas en cómo los regulamos en sus emociones. Por ejemplo, una rutina podría ser que en la tarde, “cerca” de las 8 de la noche, nos sentamos con él o ella a comer, luego del postre, nos vamos al baño, ponemos pijama, leemos un cuento y lo acompañamos a dormir.

Si este niño, por A, B ó C, no se sienta a comer a las 8 en punto, si no a las 9 y por ende todo el resto se atrasa, No hay problema. De la misma manera, si una noche estamos cansados y no tenemos tanta energía para leer un cuento ó incluso ellos caen rendidos antes de escuchar el “Érase una vez…” tampoco hay problema. Pero sí es importante que ellos cuenten diariamente con una rutina donde ellos puedan predecir qué es lo que va a ocurrir después, de esa manera los ayudamos a organizar, regular y predecir, tanto en sus tiempos como en sus ritmos.

 

Control de esfínter

 

Y si nos adentramos en los ritmos ¿Qué pasa con la sacada de los pañales… es justo a los dos años, es el primer verano cuando tienen cerca de los veinticuatro meses? No hay respuesta para todos.

El control de esfínter no es lo mismo que la sacada de pañales. El control de esfínter es un proceso Neurológico que tiene que ver con la maduración de éste y está relacionado al inicio de la marcha; aproximadamente 15 meses después del inicio de la marcha, el sistema nervioso entraría en un estado de madurez donde el niño podría ser capaz de controlar esfínter. Es por eso, que muchos niños que caminan cerca del año, pueden controlar esfínter cerca de los dos años y medio (algunos antes, otros después) y por otro lado la sacada de pañales es un hecho conductual que hacemos los adultos, donde debemos sintonizar que ambos procesos vallan de la mano. Por lo tanto, no todos los niños están listos para dejar los pañales a los dos años, algunos lo hacen antes y otros después y todo eso es relativo a la madurez que ellos tengan, no depende exclusivamente de nosotros como padres o educadoras.

 

 

Jugando con las cosas de mamá y papá

 

Finalmente, otro de los tantos fenómenos que ocurren a esta edad, que como padres nos cuesta entender y muchas veces no sabemos como lidiar con ello, es el hecho de que a nuestros pequeños les encante y se ensañen en jugar con nuestras cosas; las llaves del auto y de la casa, los celulares, jugar con la billetera de Papá y sacarle todas las tarjetas, sacudir la cartera de Mamá, revolver el cosmetiquero de Mamá y sacar los lápices labiales, desordenar la ropa de Papá y muchas tantas otras cosas. No cuesta también entender, porqué prefieren comer de nuestro plato que de el de ellos, cuando muchas veces la comida es la misma. Este fenómeno ocurre, porque a esta edad, incluso un poquito antes, los objetos tienen sentido en la medida que tienen sentido para los adultos; en palabras mas simples, los niños van a querer descubrir el mundo de la misma manera en que ven que lo hacen los adultos importantes para él o ella.

¿Qué podemos hacer ante esto? Mi propuesta está orientada a permitirles explorar en la medida que a nosotros no nos moleste. Nuevamente cada familia tiene su propia dinámica y funcionamiento, y no a todos nos va a molestar o parecer lo mismo! Por lo mismo es importante que consideremos este factor a la hora de nosotros como adultos “usar” esos objetos que le llaman tanto la atención; Si no queremos que nuestro hijo use nuestro celular para jugar, evitemos en lo posible jugar o chatear con nuestro celular frente a ellos.

 

El desafío es grande, es una etapa con muchos cambios y somos nosotros los adultos, lo que debemos sintonizar y adecuarnos a las necesidades de ellos. No hay manual ni receta común a todos, cada niño es un mundo diferente, con su propia revolución, historia, necesidades e intereses.

 

La invitación es a disfrutar, revolucionarse, gozar y respetar a ese niñ@ que poquito a poco va a ir alejándose de ser un bebé, pero que aún necesita mucho de nosotros. Proveamos un espacio seguro y cálido para que puedan desarrollarse de manera íntegra, con límites y libertades, dando la posibilidad de que elijan su ropa (ofrezcamos dos alternativas que a nosotros nos guste), definamos las batallas, mentalicemos sus estados emocionales desde la empatía y el amor, poniendo nombre a las emociones que van sintiendo, sin abrumarlos pero sí ayudándoles a entender cuál es la emoción que prima, con palabras simples y fáciles.

La invitación, es a seguir revolucionándose desde el respeto y el amor.

María José Gasc
Mamá y Psicologa
Formación en Parentalidad Positiva, Apego y Salud Mental Infantil
www.apegocrianza.cl 

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Acerca del autor

Kinesiólogo. Máster en técnicas osteopáticas estructurales. 5to. año de Osteopatía en Escuela de Osteopatía de Madrid (EOM). Diplomado en Auriculoterapia China. Nivel I Terapia Craneosacral (Upledger Institute International) Kinesiólogía Holística Aplicada.

5 comentarios

  1. Sandra gonzalez el

    Excelente nota realmente no entendía por que mi nena de 2 años actuaba así h ahora lo comprendo muchas gracias

  2. que bonito el articulo, me hace mucho, mucho sentido…es como si contaran el comportamiento actual de mi hija de 2 años, 4 meses…a veces nos desesperamos porque no han tenido algunos logros, pero realmente cada niño/a tiene su tiempo…maravilloso articulo para compartir

  3. Gracias por el articulo.

    Pd= En el texto del control de esfinter escribiste VALLA en vez de vaya T_T

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