Intensamente: como sienten y como piensan los adolescentes

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Por Psicóloga Carolina Sances

Algunas de las principales dificultades que vivimos en la crianza, se relacionan con las diferencias entre las conductas de nuestros hijos y las expectativas que tenemos acerca de ellas.

Ya sea por la  etapa en que se encuentran, por sus características personales, por sus ritmos individuales de desarrollo o por las exigencias sociales, muchas veces esperamos de ellos conductas que no pueden presentar en la realidad. Le sucede esto a Paula, quien se siente sobrepasada con su hijo de 5 años porque “es tan inquieto”; a Ricardo que está preocupado porque su hijo de 2 años y medio es “muy dependiente”; a Andrés que se siente frustrado con su hijo de 11, porque no se adapta a las altas exigencias académicas del colegio que siempre soñó para él; a Claudia, quien pierde la paciencia con su hijo de 15 porque “no es capaz de ponerse en el lugar de los demás”.

Esta situación es particularmente así para quienes criamos y/o trabajamos con adolescentes, porque en ocasiones, son incluso más altos que sus propios padres, con lo que fácilmente podemos olvidar que no son adultos, que su cerebro no es el de un adulto y, por tanto, difícilmente podrán responder a nuestras expectativas de comportarse como tales. Es así como nuestro hijo de 13, puede comprometerse seriamente a autocontrolarse en la clase de matemática, pero el hecho concreto es que su cerebro no ha alcanzado aún el desarrollo necesario para poder regular sus impulsos adecuadamente o, por lo menos, como se espera que lo haga un adulto.

Los adolescentes viven una revolución cerebral que implica cambios tan radicales, que en ocasiones a los padres nos parece desconocido aquel joven que hace muy poco era un niño tan diferente y que hoy tiende, por ejemplo, a comportarse de forma impulsiva, le cuesta ponerse en el lugar de los otros y medir los riesgos de lo que hace. Este desconcierto no sólo lo sentimos los padres, sino que muchas veces también los adolescentes consigo mismos.

 

Por esto, resulta muy útil y necesario para los papás y personas que trabajamos con adolescentes, entender algunos de los profundos cambios de su cerebro y así poder empatizar, acompañarlos, comunicarnos mejor y apoyarlos en sus debilidades, pero sobre todo, no esperar comportamientos, decisiones y reacciones adultas de su parte. Pero no olvidemos que estos cambios cerebrales no solo implican riesgos y dificultades, sino que también grandes oportunidades, por lo que si entendemos cuáles y cómo son, podremos ayudarlos a que los utilicen para mejorar sus vidas, progresar y desarrollar sus potencialidades.

Entonces, si bien debemos considerar las diferencias y ritmos de desarrollo individuales, hay ciertos patrones que nos permiten entregar claves sobre algunos cambios cerebrales de los adolescentes y cómo éstos los afectan.

1.Se produce una gran reorganización cerebral:

Durante la adolescencia temprana o pubertad, nuestros hijos atraviesan por un proceso llamado poda sináptica, donde su cerebro se re-ordena y entre otras cosas, se eliminan conexiones que ya no se usan y las más útiles se fortalecen. Durante este proceso, generalmente pasan por cambios de ánimo constantes, un aumento de la impulsividad y cierto receso cognitivo, siendo en general un momento difícil para ellos mismos y para las personas con las que se relacionan.

No obstante estas dificultades, este proceso permite que nuestro/a hijo/a comience su adolescencia con un cerebro nuevo, mucho más eficiente, dando paso a una fase muy sensible, donde su cerebro está particularmente adaptable y vulnerable a las influencias del ambiente, poniendo al adolescente en riesgo frente a las influencias negativas, pero también permitiendo una excelente oportunidad para su aprendizaje, su creatividad, para adquirir progresivamente nuevas habilidades sociales y cognitivas y para que su razonamiento alcance niveles de abstracción cada vez más sofisticados.

Es así como este “nuevo cerebro” nos presenta un adolescente con mayor capacidad creativa y reflexiva, que tiende a encantarse con estas nuevas habilidades, con lo que puede volverse más argumentativo, cuestionador y crítico, más rígido en sus posturas y muchas veces defensor de causas extremas. Es un momento que requiere mucho de nuestra presencia adulta, ya que si bien lo más seguro es que seamos sus principales fuentes de cuestionamientos, críticas y hay un impulso sano hacia la independencia, nuestros hijos adolescentes siguen beneficiándose de nuestra presencia contenedora. De hecho, requieren de nuestra compañía y conversaciones tanto respetuosas como curiosas, para explorar sus creencias con ellos y ampliar, aclarar y fortalecer sus nuevas reflexiones y visiones de mundo.

2.Poseen un cerebro emocional muy particular:

El sistema límbico, también llamado cerebro emocional, en los adolescentes tiene ciertas particularidades: por un lado es hipersensible a la sensación de recompensa al correr riesgos y por otro lado, ve aumentado su umbral del goce. Por esto, no nos debe extrañar que nuestro/a hijo/a adolescente requiera de estímulos más intensos para disfrutar y tenga una mayor tendencia a correr riesgos y a disfrutarlo.

Si bien esto los deja muy vulnerables a peligros y daños, estos cambios no sólo tienen consecuencias preocupantes y negativas, si no que también presenta a los adolescentes la posibilidad y deseo de innovar y alejarse de lo establecido,  de crear con menos limitaciones que los adultos y estar más abiertos al cambio.  En este sentido, uno de los apoyos que necesitan de nosotros, es acompañarlos para que al aprender a regular sus emociones, no pierdan esa libertad,  creatividad y capacidad de sorprenderse, ya que muchos adultos sabemos cómo puede perder sentido la vida cuando perdemos ese impulso vital.

3.Su corteza prefrontal está en desarrollo:

Una de las áreas del cerebro que se encuentra aún en desarrollo en los adolescentes, es la corteza prefrontal, la que va cambiando y madurando hasta bien entrada la edad adulta. Es un aspecto radical para comprender la conducta de nuestros hijos adolescentes, ya que esta área está involucrada en una serie de funciones cognitivas de alto nivel que, por lo mismo, en ellos aún no se han desarrollado completamente. Dentro de estas funciones está la toma de decisiones, la capacidad de reflexionar sobre las consecuencias de las propias conductas, de regular comportamientos inadecuados, la habilidad para ponerse en el lugar del otro, la atención selectiva, las  habilidades de planificación, etc. Por eso, no nos debe extrañar que nuestro/a hijo/a adolescente tienda a fallar en situaciones que implican estas habilidades.

Por otra parte, la corteza prefrontal está en constante interacción con el cerebro emocional, lo que explica que podamos regular nuestras emociones y los riesgos excesivos. Entonces, en los adolescentes hay una menor regulación y por tanto una mayor intensidad en sus emociones. Esto les permite experimentar la vida más plenamente, pero también las emociones fácilmente pueden tomar las riendas y tornarlos excesivamente reactivos, impulsivos y de humor muy cambiante. Además, esto implica que haya una gran inestabilidad en el sistema de respuesta al estrés, lo que puede llevarlos a responder con ansiedad y defensivamente ante situaciones que no son amenazas realmente, mostrándose impulsivos y con poco  autocontrol.

4.El cerebro se prepara para la construcción de su identidad:

Se establecen los circuitos que permiten la memoria autobiográfica, imprescindible para la formación de la propia identidad y se despierta el querer saber quién soy y cómo soy.

Por lo mismo, el cómo me ven los otros, en los adolescentes es un aspecto crítico y los padres debemos estar muy atentos a ello, ya que su cerebro se torna muy sensible a la aprobación y al rechazo. Por esto, los adolescentes que reciben constantes mensajes negativos sobre sí mismos, sobre quiénes son y lo que se espera de ellos, pueden rebajarse hasta ese nivel, en vez de desarrollar su potencial.

5. Dormir de día y vivir de noche:

Durante las últimas horas del día el organismo segrega melatonina, que es la hormona que induce el sueño. Durante la adolescencia se altera el reloj biológico y el máximo de melatonina se alcanza más tarde en el día, en relación a los adultos, impidiendo que se concilie el sueño más temprano y por lo tanto, tienden a estar agobiados y sin energía al comienzo del día. Sin embargo, dentro de las posibilidades que nos deja esta alteración biológica, es muy importante cuidar las horas de sueño en nuestros hijos adolescentes, ya que existen procesos biológicos que sólo tienen lugar durante el sueño, como la regeneración neuronal y la secreción de la hormona del crecimiento.
6.Diferencia entre  mujeres y hombres: Los profesores que trabajan con adolescentes y pueden establecer comparaciones cotidianas entre hombres y mujeres, observan que en general sus ritmos de maduración son diferentes. Efectivamente, por ejemplo, las mujeres maduran más rápidamente las regiones que procesan el lenguaje, el control del riesgo, la agresividad y la impulsividad. En cambio en  los hombres, maduran más rápidamente las regiones cruciales para las tareas espaciales como los deportes.

7. En las mujeres hay una mayor necesidad de intimidad: Andrea no entiende como su hija de 15 años puede estar hablando por teléfono durante horas con su mejor amiga del colegio, cuando estuvieron juntas casi todo el día. Andrea no sabe que con las conversaciones en las que comparten su intimidad, las adolescentes relajan el estrés, gracias a que los estrógenos activan la liberación de dopamina (que se relaciona con el placer y la motivación) y de oxitocina (que se relaciona con la confianza y el amor) y que a su vez alimenta ese impulso en busca de intimidad.

Es así como los cambios que se dan en el cerebro adolescente implican una especie de revolución, por lo que conocerlos no solo nos permite reconocer posibles riesgos para prevenir, sino que también oportunidades para apoyar, estimular y -como dice Daniel Siegel en su libro que recomiendo, “Tormenta Cerebral:  el poder y el propósito del cerebro adolescente”- recordar que

los adolescentes no necesariamente tienen que “sobrevivir” a esta etapa, sino que también les permite crecer en habilidades y potencialidades

Pero para esto requieren del apoyo y compañía amorosa de sus adultos significativos (padres, abuelos, profesores, etc.), en un proceso que puede ser de aprendizaje mutuo: por un lado los adolescentes aprender y desarrollarse con la  experiencia de los adultos, su manejo de emociones, reflexión, capacidad de empatía, etc. y, por otro lado, los adultos podemos aprender de los adolescentes, de sus ganas de buscar lo novedoso y explorar la vida más creativamente, de implicarse socialmente de manera más íntima y cooperativa y de vivir más intensamente.

Quién sabe si este camino de mutuo aprendizaje nos lleve, a adultos y adolescentes, a ser más felices, más realizados y con un mayor sentido de vivir.

 

 

Acerca del autor

CONTACTO: carolina.sances@gmail.com . TWITTER:@carolasances . Consulta particular, talleres para niños y adolescentes y charlas y talleres para padres ----- Soy mujer, mamá de dos y psicóloga clínica, especialista en niños y adolescentes. Interesada en la difusión de temas de infancia y adolescencia, busco acercar los conocimientos de la psicología a los padres, con el fin de apoyarlos y que logren confiar en sus propias capacidades, en la tarea de criar a sus hijos. Esto, en una sociedad donde la dificultad de hacer tribu, torna muy difícil hacerlo de manera respetuosa y consciente.