La educación emocional de los niños: la clave de la felicidad

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Para alcanzar la regulación emocional de los niños, primero y principal debemos practicarla nosotros mismos (los padres o cuidadores).

Psicóloga Eliana Staite
Directora del Centro de Intervención Temprana de Viña del Mar
citdelmar@gmail.com
Uso mucho en las sesiones con papás “la metáfora de la semilla”. Sembrar una semilla requiere de un largo proceso, de la inversión de cuidado, atención y tiempo que le dediquemos, dependerá el crecimiento del fruto. Así mismo, la inteligencia emocional es una habilidad que se desarrolla a través del tiempo y los adultos somos las principales figuras para guiar este proceso.
La mayoría de los niños tienen la fortuna de recibir esta educación para la vida en la casa, y los que no, dependerán de sus maestros o cuidadores (por ello la importancia de elegir sensiblemente quiénes serán los cuidadores o el colegio para nuestros hijos).
Para alcanzar la regulación emocional de los niños, primero y principal debemos practicarla nosotros mismos (ardua tarea), porque de este acto ellos aprenderán y/o imitarán muchas herramientas y estrategias. Por ello, al convertirnos en padres resulta indispensable revisar nuestro propio control emocional (e inteligencia emocional). Tres aspectos o pasos nos regalan las neurociencias y resultarían muy importantes a la hora del aprendizaje emocional:
1- Reconozcan y pongan nombres a las emociones (tanto niños como padres, emociones agradables o desagradables). Hacernos conscientes y expresar lo que nos pasa en el cuerpo, resulta ser un aporte. Tomando como ejemplo la emoción de la ira, al verbalizar “pareciera que estás enojado/a”, o “entiendo que estás enojado/a”, estamos brindando a través del lenguaje una valiosa herramienta, que permitirá reconocer la emoción y acudir a la comunicación de la misma en cualquier situación similar futura.
2- Intenten regular la emoción: Siguiendo el ejemplo, respirar profundo, buscar una pausa.No se contagie de la emoción del niño/a. Si fuera el caso y se ve sobrepasado, tómense unos segundos de time out o busque relevo de su pareja). Elimine progresivamente los gritos y las amenazas. También recomiendo el uso de la propia experiencia personal real o inocentemente inventada:“Yo también me hubiera enojado mucho por eso” o “Cuando mamá/papá era niña/o en un supermercado, me enojé mucho con la abuela porque no me compró ese juguete que quería”. Deje fluir la emoción, reprimirla o acallarla no es el camino. Tampoco es momento del sermón. Una vez que disminuya la intensidad de la emoción y aparezcan señales para poder hablar de lo sucedido, vendrá la reflexión y la búsqueda de soluciones y/o reparaciones entre tú y tu hijo/a.
3- Finalmente resulta muy importante, lograr asertividad en la expresión emocional. Es decir, ser capaces de manifestar la emoción manteniendo el respeto por sí mismos y por los demás, que nos conducirá, entre otros caminos, a la tan valiosa empatía. Por ejemplo: podemos enseñarles a sacar la ira pegándole a un almohadón o a una bolsa de box, tocando el agua tibia o sacar la tristeza o la ansiedad haciendo un dibujo o pintando mandalas.
Queridos papás, los invito a repetir el paso 1, 2 y 3 sistemáticamente en toda la infancia y así veremos el fruto salir: Niños/as reflexivos, seguros, empáticos, respetuosos de sí mismos y de los demás, con conocimiento de su mundo interno. Ellos serán los futuros adultos sanos, relativamente equilibrados, libres y plenos.
Fuente: Artículo publicado originalmente en Revista Tell Magazine

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora. Fundadora de Mamadre, amante de la vida, un buen vino junto a un libro y mi amado Valparaíso. La maternidad me cambió y hoy me siento en el deber de acompañar a otras madres para criar en libertad.