La dolorosa realidad: mi hijo tiene depresión

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Mi hijo tiene depresión y mis pechos ya no tienen como antes el poder mágico de la leche materna que todo lo calma. 

Depresión, una palabra que suena tan lejana, un poco a película, un poco a debilidad, una palabra con la que creemos que jamás vamos a convivir, quizás porque siempre creemos que todo lo que pase lo podremos controlar.

Iba preparada para todo menos para escuchar la palabra depresión, la psicóloga la dijo con seriedad, sin dramatismo pero con el mismo peso de sentencia que usa un médico para hablar de cáncer. Aún recuerdo que mi corazón saltó hasta mi garganta y las lágrimas se apostaron en mis pupilas, mi pecho se llenó de angustia y un sin fin de momentos cruzaron por mi mente. Debió ser tal mi expresión de desconsuelo que incluso ella, mujer dura, suavizó su voz y comprendió que podía decirlo todo pero sin volver a nombrar el doloroso diagnóstico.

Mi hijo tiene depresión y acaba de cumplir cinco años, mi hijo tiene depresión y yo no pude evitarla, de nada me sirvió aplicar con detalle cada paso de la crianza respetuosa, de nada me sirvió tener un vínculo de apego seguro, de nada me sirvió criarlo empoderado, porque cuando le tocó hablar la justicia lo obligó a callar.

Mi hijo tiene depresión porque a pesar de mi crianza, de mis convicciones y mi tenaz decisión de criarlo respetuosamente, el sistema se encargó de rodearlo de presiones. Mi hijo tiene depresión a causa de un padre narcisista que lo violenta sistemática y silenciosamente, mi pequeño tesoro se ha perdido en su mundo porque la violencia psicológica no la toma en cuenta nadie, no hay medidas de protección, no funcionan las denuncias, los jueces te cierran las puertas y al final debes entregar a tu hijo en manos de un maltratador encubierto bajo amenaza de ser sancionada por obstruir la relación.

Mi hijo tiene depresión y el miedo se adueñó de él, su mirada se pierde, sus ojos están alertas, ya no quiere salir de casa y pasa con la misma rapidez de la pena a la rabia, de la rabia a la euforia y de la euforia al miedo. Mi hijo tiene depresión y mis pechos ya no tienen como antes el poder mágico de la leche materna que todo lo calma. 

Mi niño tiene depresión y sus noches fluctúan de terrores nocturnos a pesadillas, de insomnio a pataletas en medio de la noche. Mi niño, mi pequeño que era pura alegría, siente angustia en su corazón, lo llenan tantos sentimientos que su pequeño cuerpecito no es capaz de comprender el daño que le han hecho.

Mi cuerpo nuevamente se ha vuelto su morada y mis cuentos son sus nuevas canciones de cuna. Mi pequeño lucerito tiene depresión y aunque llore e implore cada noche por tenerla yo por él, no puedo hacer nada. Nada salvo estar entera.

Mi niño tiene depresión y aquí estamos en pie de guerra luchando contra todo un sistema, mi corazón de madre se desgarra cada día y no encuentro los pedazos para reconstruirlo, y sin embargo, de mi depende que todo sea luz o sombra «tú eres la clave en la recuperación de tu hijo, sólo lo que tú hagas lo salvará. Debes mantenerte entera, alegre y segura, pero debes sentirlo de verdad y no solo fingirlo».

¿Cómo se hace eso =me pregunté= si estoy con el alma destrozada, la rabia atrapada y el miedo galopante? Pues no tengo la menor idea, pero sólo sé que aunque no puedo vivir por él la depresión, si de mi bienestar espiritual y emocional dependen su sanación, tocaré todas las puertas, haré todos los cambios internos necesarios, sanaré a mi niña interna y abrazaré mi sombra como nunca antes me atreví a hacerlo, pediré ayuda a cada persona que pueda, mandaré a dormir a mi ego y seré la madre alegre, segura y sana que mi hijo necesita, porque de eso depende su vida, su alegría, sus sonrisas y su bienestar y por él, por el fin de sus miedos soy capaz de volver a nacer para que NUNCA más nadie pueda hacerle daño.

Mi hijo tiene depresión y nuestra historia no es muy diferente a la de miles de familias que no la cuentan por redes sociales. La depresión infantil en niños pequeñitos es una realidad en Chile, tenemos las cifras más altas del mundo y lo único que los puede salvar de vivir esta calvarie eres tú, tú y tu capacidad de alzar la voz y protegerlo ante todo y contra todos.

Nunca creas que a ti no te va a pasar, nunca dejes de estar alerta y nunca dudes de tu intuición, a veces son pequeñas acciones, exceso de presiones, familias disfuncionales, pueden ser tantas las causas, pero lo importante es que observes siempre a tus hijos y ante el menor cambio actúes así todo Chile te tilde de loca. Yo no pude evitar la depresión de mi hijo, pero el estar alerta a cada detalle me permitió actuar a tiempo y comenzar a tratarlo tempranamente.

La depresión existe y nuestros hijos pueden vivirla, por favor, no la niegues y nunca dejes de pedir ayuda si tu hijo de pronto se vuelve otra persona.

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl