La Deliciosa Cotidianeidad

2

Probablemente como muchas mujeres de mi generación no planeaba ser madre, al menos no en el momento que ocurrió. Siempre me auguré un futuro profesional deslumbrante: congresos, conferencias, maestrías, posgrados en especialidad, investigación, etc. Me llamo María Esther y soy médico general (lo que para muchos de mis colegas pudiera significar quedarse abajo). Despues de que lograra todos estos sueños profesionales, consideraría casarme, esperar aún más otro tiempo prudente y tener hijos. Mi futuro estaba perfectamente planeado en mi cabeza, más no se dispuso así. Recién había terminado el año de internado y estaba por iniciar el Servicio social cuando me enteré que estaba embarazada. Renegué al principio, claro. Me frustré? Claro que también, imaginé mi futuro negro y abrumador, era lo peor que podía pasarme. Prácticamente hasta entonces mis padres me habían apoyado en todos los sentidos durante mi formación académica; y cuando me enteré de la noticia lo primero que pensé fue: “ Me correrán de la casa” “ no terminaré Medicina” “ mi papá dejará de hablarme por el resto de mis días” ( Quiero aclarar que dramaticé un poco…. Quizá un mucho). ¿Pero cuál era mi drama? Ser mamá significaba el equivalente  a hacer nada. Eso no tenía méritos, por eso no te daban medallas, por eso no salías en las más recientes investigaciones y estudios doble ciegos aleatorizados del New England from medicine. ¿Qué haría con mi futuro? ¿qué sería de mí?. Lo pensé dos veces antes de continuar.

Después de platicar con mi actual esposo, darles la noticia a mis padres, llorar y llorar acurrucada en la esquina de mi cuarto, arrepentirme y lamentarme por estar en la situación en que me encontraba, Decidí aceptar el reto. ¿sabía a lo que me enfrentaba? ¡No tenía ni idea! ¿Tenía miedo? ¡miedo nooo…estaba aterrada! Viví mi embarazo sin mi esposo por que el inició su Residencia en otra ciudad que distaba en tiempo a unas 8 horas en autobús, el embarazo fue tranquilo, sin complicaciones y tuve amigos tan cercanos que estuvieron apoyándome y haciéndome reir durante esos meses. El día se llegó y apareció la magia.

Apenas le conocí supe del amor a primera vista y lo único que alcancé a pronunciar fue un” ¡Hola Uli; bienvenido!” Los primeros seis meses equivalían a los 6 meses también de terminar mi servicio social, y platicando con mis padres concluímos que lo mejor era que el se quedara con ellos mientras yo lo terminaba en otra ciudad a 4 hrs de distancia, así que únicamente los fines de semana le veía. La semana transcurría eterna hasta llegar al viernes y tenerle otra vez en mis brazos. Sabía que estarías bien, que te cuidarían lo sabía por que mi madre fue una Leona con nosotros y por eso no dudaba en que no habría mejor lugar para ti que con ella. Pero aún así, yo era quien debía estar ahí. Al terminar el servicio social y graduarme, intenté hacer el exámen para la especialidad ( afortunadamente no lo pasé) decidí esperar 4 años mientras su papá terminaba su especialidad.

Mientras transcurrieron esos cuatro años descubrí la magia de lo ordinario. Descubrí lo extraordinario de  curar una herida con un “ sana sana” , de levantarte de noche para traer agua, leche, de muchas veces ir al baño acompañada, del poder extraordinario que tiene un abrazo contra pesadillas, arañas y brujas malévolas que están en la oscuridad, el extraordinario poder que tiene una canción absurda de ranas, estrellitas con sueño, la imaginación que surge cuando quiere escuchar una historia inventada por mi, el extraordinario poder que tienen unas manitas suaves y deliciosas para hacerte sentir aterrizada cuando estás a punto de explotar, lo delicioso de lavar ropita sucia con restos de salsa, mango, naranja, tierra, chocolate y alguna otra sustancia que no logras identificar, El poder increíble que tiene un baño en la tina que dure cinco minutos más, lo poderosa que tengo que ser para decirle que No ( por que no le conviene) cuando quisiera decirle que sí para evitar ver sus lágrimas por su mejillas, la paciencia inimaginable de escuchar cuentos e historias que no tienen sentido en un mundo de adultos, el delicioso sonido que emana de su boca cuando canta, ríe; la importancia mayúscula que tiene mojarse, agarrar tierra y encontrar bichitos extraños caminando  por el suelo; la diversión de sentir el piso con los pies descalzos, la magnificencia que tiene un festival en el jardín de niños, lo absurdo de responder a cosas con las que siempre vivo como ¿Por qué´el cielo es azúl?¿como llegan los rayos del sol? ¿Por qué Dios todo lo puede?… y las aún más absurdas respuestas que procuro se apeguen más a la realidad que a mi imaginación cuando no se exactamente la razón,  la importancia de los super heroes, las capas para jugar a volar, la fuerza que fueron adquiriendo mis brazos para seguir cargando las veces que sea necesario a un niño que cada vez pesa más,  la extraordinaria manera de guardar fotográficamente momentos en mi memoria cuando  ríe dormido, cuando aprecias esas minúsculas gotitas como el rocío en su frente mientras duerme y todas aquellas actividades que se repiten día tras día como lavarse los dientes, aprender a ir al baño, lavarse las manos, aprender a vestirse que parecieran rayar en lo simple y llano. Lo mágicos que resultan todos los niños del mundo aunque no sean míos, la empatía y compasión que adquirí con las injusticias contra los más débiles.

Es precisamente en esos días, resguardados por el silencio, detrás de la puerta, donde nadie más puede aplaudir, donde solo tú dudas si estás haciendo bien ó no,  donde aparecen los galardones más brillantes que pudieras esperar, es donde descubres lo extraordinario de ser madre,  donde todo parece tener importancia,  cuando estás justo en ese momento en que eres el mejor espectador, ese momento que se hace eterno frente a las mayores nimiedades el mundo.

Sigo siendo humana y cada día me equivoco, lloro, me pregunto que haría mi madre en mi lugar, saco fuerzas para no gritar y explotar. El año pasado por fín pasé el exámen para la especialidad, la cual realizaría en una ciudad bastante lejana de donde estaría mi hijo, la Residencia implica dedicar el ciento por ciento de tu tiempo a este compromiso. Duré un par de meses y renuncié. No era eso lo que quería. Lo que antes consideraba Grandioso ya no lo parecía tanto ( para mí), Los últimos cuatro años de mi vida los había enriquecido con corcholatas, piedritas y carritos descompuestos; Eso era lo que cargaba y cargo en mi bolsa. ¿Me voy a arrepentir? Espero que no, por que aquí es donde quiero estar, mi hijo es mi más importante proyecto y el qué es a largo plazo.

Eso significa ¿qué abandoné todos mis proyectos?. Trabajo en mi consultorio privado mientras va al jardín de niños  y estoy por terminar un diplomado en abordaje psicológico de la obesidad ( tema que me apasiona también), y tengo planes académicos respecto a estos rubros pero siempre que me permitan conjungar mi maternidad y mi desarrollo profesional pero de lo que sí estoy segura es de que Si no  fuera por él quizá aun no encontraría lo extraordinario de la deliciosa cotidianeidad.

 

María Esther Vidal Cárdenas.

Mamá y Médico General.

Salamanca, Gto. México.

 

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

2 comentarios

  1. Que artículo mas verídico y emotivo!! Me llega en lo más profundo de mi ser. La maternidad no es nada facil. Sin embargo, es lo mas hermoso que nos pudo haber pasado. Qué mejor que cuidar y luchar por su buenestar. Saludos

¿Qué opinas?