Ser madre NO es un sacrificio, aprende a disfrutar tu maternidad

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Hace un par de días leí el primer capítulo del libro Lactivista de Ibone Olza con un título bastante provocador: “El pecho no es lo mejor”

Básicamente lo que el artículo decía era que si la lactancia se convertía en un martirio, en un sacrificio, en puro sufrimiento, era mejor dar biberón y liberarse de la carga que supone responder a cualquier mandato social o interno. Que dar pecho, amamantar, es por el placer, por la salud, por el amor.

Lo encontré genial. Y me parece que esta fórmula no se aplica solo a la lactancia, sino que puede extenderse a cualquier práctica dentro de la crianza. Muchas veces se ha criticado a la crianza respetuosa (con apego, natural, amorosa o como quieran llamarla), diciendo que supone un sacrificio personal muy grande de parte de la madre que deja todo de lado para dedicarse a su hijo. Que posterga su carrera, su pareja, su vida social. Que posterga sus necesidades de mujer y ubica las de su hijo por encima de todo, como si eso se tratase de un acto meramente altruista.

 

Se dice que la lactancia prolongada esclaviza, que la crianza en brazos convierte a los niños en tiranos, que el colecho mata la pareja. Si lo vemos desde ese punto de vista, es bastante razonable que tanta gente se declare en contra del movimiento o simplemente incapaz de cumplir con todo esto. Básicamente lo que propone, según este modelo, es dejarse de lado, olvidarse de uno mismo para pasar a dedicarse a los hijos, a satisfacer sus necesidades exclusivamente dejando las nuestras pendientes o simplemente pasándolas por alto.

Yo creo que es imposible vivir así. Si tomamos la crianza como una tarea maratónica, en la cual para que sea respetuosa sólo respetamos las necesidades del niño, para que sea amorosa sólo amamos a los niños y para que sea natural sólo acompañamos los procesos naturales de los niños, estamos fritos. Eso tiene fecha de caducidad porque es inviable. Si lo llevamos a un extremo nuestros hijos perderían a su madre porque dejaríamos hasta de comer.

Claudia Tremblay

Claudia Tremblay

Pero siendo más realistas, lo más probable es que nos cansemos de dar pecho y destetemos abruptamente, o nos cansemos de dormir mal y ferbericemos a nuestros hijos, o que nos duela la espalda de tanto cargarlos y decidamos que ya es hora de que se desacostumbren de nuestros brazos. También puede ocurrir que sigamos adelante con el sistema y quedemos esperando los resultados de tanto sacrificio, depositando nuestras expectativas en nuestros hijos, esperando que tanta noche en vela, tanto pecho, nos pague al menos con buenas notas en el colegio o hijos obedientes y amorosos. ¿Qué pasa si no nos resulta? Nos frustramos y cobramos el sacrificio con culpa.

 

La crianza respetuosa en realidad no es un conjunto definido de normas que cumplir, ni acciones que podamos poner en marcha para asegurarnos criar “bien” a nuestros hijos. La crianza respetuosa es un modo de vida, una cosmovisión, una idea sobre la infancia que a grandes rasgos nos dice que nuestros hijos son personas a las que debemos respetar. Respetar su individualidad, respetar sus procesos, respetar sus tiempos. Pero en ningún lugar dice que para respetarlos a ellos tenemos que perdernos el respeto a nosotros mismos.

 

Por eso para mí es fundamental complementar la idea de crianza respetuosa, que básicamente se refiere a los procesos de los niños con la de maternidad consciente, que está más relacionada con los procesos que nos ocurren a nosotras las madres. Porque no son sólo las necesidades de los niños las que se ponen en juego, también están las de nosotras, las madres,  que nos lanzamos a criar con toda nuestra historia a cuestas y continuamos siendo personas después de parir.

La maternidad consciente promueve la crianza en libertad, la libertad para amar a nuestros hijos como queramos, pero a la vez, la responsabilidad, el hacerse cargo de esa libertad. La maternidad consciente nos dice que somos libres de elegir cada acción en la crianza, pero que cada elección estará hecha desde quien soy yo, mi historia, mis necesidades, la cultura en la que estoy inserta y es de esto de lo que tengo que ser consciente para poder criar respetuosamente. Porque no alcanza con informarme sobre cómo son los niños y qué pasa con ellos en cada etapa del desarrollo. Porque la que entra en acción en cada interacción soy yo completa, con toda la información, pero también con todos mis rollos, mis miedos, mis sombras, mi historia. Hacerme consciente de todo esto me hace libre.

Y una cosa lleva a la otra, porque mis necesidades saltan a la vista cuando yo empiezo a tenerme en cuenta, a mirarme. Cuando me hago consciente me doy cuenta de mi cansancio, o me doy cuenta de mi goce, me doy cuenta de mi rabia, me doy cuenta de que quizá necesito hacer un cambio o de que estoy bastante bien a pesar de todo. Al ser consciente de mí, me conecto con mi hijo sin sacrificio. Me conecto desde la libertad y el placer. Me conecto con sus necesidades desde un lugar alejado del deber ser, me conecto con su necesidad y me dispongo a satisfacerla desde el amor.

Si por un momento dejamos de lado la titánica tarea de ser una buena madre, como mandato; si abandonamos la presión para lograr las metas que supone la crianza y nos entregamos al tiempo presente, nos entregamos al devenir, el disfrute aparece de inmediato. Si en lugar de postergarnos nos cuidamos a nosotras mismas, escuchamos nuestras necesidades, la conexión con nuestros hijos fluye mucho mejor. Si nos hacemos cargo de nuestras fallas, asumiendo que son nuestras (y no que las provocó nuestro hijo con su comportamiento) y poniéndonos las pilas para enmendarlas, nos perdonamos y seguimos adelante con menos culpa.

 

Desde la cuna a muchos nos han dicho que el deber va primero, que el placer es la recompensa por hacer las cosas bien. Nos han metido en la cabeza que mucho placer es algo malo, incluso inmoral. Que si comemos de eso tan rico, engordamos. Que si dormimos más de la cuenta, somos flojos. Hemos crecido con mandatos respecto de la crianza que siguen la misma lógica: si pide muchos brazos es de regalón, si toma mucho pecho la usa de chupete, si no se quiere separar de ti es porque es un mamón. Sin embargo, estas afirmaciones nos roban lo más placentero de criar!!

 

Si criar se reduce a mantener el bebé en su cuna y no podemos sentir su olor, su calor, su piel suavecita porque eso es mimarlo mucho. Si se reduce a alimentar y no podemos usar la teta para regalonear, mirar su sonrisa detrás del pezón, escuchar su risa nerviosa cuando la ve salir del sostén. Si nos limitamos a ponerlo en su cuna sin poder sentir su respiración de cerca, su olorcito a transpiración, sus manitos en nuestro cuello. Nos perdemos la parte más rica!!

 

Madres, mujeres lindas todas, abandonemos la idea de que la maternidad es un apostolado y entreguémonos al placer de maternar. Aceptemos también que no todo serán rosas, que tiene su parte oscura, haciéndonos conscientes de nosotras cuando la atravesamos. Cuidémonos a nosotras mismas y las unas a las otras. Hagámonos cargo de nuestras sombras y de nuestra historia. Y sobre todo disfrutemos, porque cada momento es breve y se disuelve como la espuma.

(Las dos ilustraciones son de Claudia Tremblay)

Acerca del autor

Mamá de dos cachorros, psicóloga y bloggera. Extranjera viviendo en Chile, en pareja con Sebastián. Niña de pueblo viviendo en una ciudad, encontrando y desencontrándose con la mujer que hoy es.

13 comentarios

  1. andrea capel el

    maravillosa reinterpretacion de la -ya sublime- capacidad infinita de amar…siendo madre, hija, mujer. por sobretodo me emocionas movilizando esas aguas turbulentas de mi propia maternidad…te leo con ojos de lluvia. y es en esa intensidad que respiro, agradecida, cada dia…que bueno saber que ese aire es compartido Agustina.

  2. Primer artículo que logra abrazarme y abrigarme en mi corto año de madre, tus palabras me hacen tanto sentido y verbalizan mi sentir. Gracias! :*

  3. Aaaay que maravilla de artículo. Claro para las que tenemos algunas dudas sobre esta forma de crianza. Me aclararon rodillo gracias!

  4. Muy bueno!! Nosotros las madres tenemos una presión grande.. Y mucho más cuando pretendemos criar con apeg y con respeto.. Gracias x tus palabras!!

  5. Buen artículo, gracias por compartirlo. Me ha servido mucho, yo fuí mamá primeriza a los 31 años y nunca me imaginé el giro que le iba a dar a mi vida. Es muy díficil hacerse espacios, atenderse a uno mismo, es caótico, pero tan necesario. Mucho tiene que ver con los miles de mitos y consejos que se escuchan de madres viejas y jovenes, los considero, pero a la hora de escoger que es bueno o malo para mi bebe, sólo mamá sabe. Los bebes se preocupan de comunicarlo con su mirada. Extraño mi vida anterior, pero amo esta vida nueva, aunque signifique un cansancio y deterioro atroz, cada dia y cada logro de mi bebe, lo compensa. FUERZA MAMAS!!

  6. Sofia Vizziano el

    Excelente post. Muchas gracias por exponer con tanta claridad y sintesis este tema. Abrazo desde Ecuador

  7. Gracias infinitas. Me he emocionado con lo que leí.
    Han sido días hermosos y difíciles, hay veces que me pierdo en la oscuridad y olvido la satisfacción de la manito en el cuello. Hay veces en que creo estar haciendolo mal pero al lleerte, al leer y compartir con otras madres me doy cuenta que amar sin miedos jamás estará mal.
    Creo en mi, me amo y eso me hace creer y amar a mi hijo. Creer y amar a mis hermanas mamíferas.
    Gracias, te abrazo.

  8. Reflexión complementaria: no es recomendable tomar la decisión de tener hijitos si no se tiene plena confianza en que se va a crecer como ser humano con la experiencia. Regularmente recomiendo a los que veo que no gozan la experiencia, que paren para pensar si son mejores seres humanos después de tener a sus hijos. Sólo quien tiene suficiente vivencias de cualquier color, puede repartir a los demás satisfacción y sabiduría. Si soy un mejor ser humano puedo criar un mejor ser humano.

  9. Enhorabuena por este artículo fantástico! Es muy completo y arroja luz sobre muchos aspectos que se olvidan, que se quieren olvidar…

  10. Querida Agustina: para dar lo mejor a nuestros hijos, o a cualquiera que nos rodee, tenemos que sentirnos bien con nosotras mismas. Esa es la esencia de tu artículo y debería ser una máxima para todas las madres que quieran criar a sus hijos con apego. Cualquier sonrisa, abrazo, beso o muestra de apego que demos a nuestros hijos tiene que venir del corazón. Si viene impuesta por las supuestas líneas de la perfecta crianza con apego, entonces es una muestar de amor condicionada. Para disfrutar plenamente de nuestra maternidad solo hay un secreto: encontrar ese punto intermedio donde esté no sólo lo mejor para tus hijos, sino también para ti.

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