“¿Juguemos?… quiero jugar contigo porque Te Amo”

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Por Ps. María José Gasc

Si bien, ya hemos mencionado que es en momentos de estrés donde se “cocina” y cultiva el vínculo de Apego desde el niño hacia su figura de cuidado, el juego es una instancia rica en oportunidades para ayudar a dar forma al vínculo, es por decirlo de una forma metafórica, el momento donde decoramos las galletitas que hicimos juntos.

Desde que nacemos, buscamos el contacto y las miradas de los otros. Somos seres sociables, dependientes que vivimos en comunidad y necesitamos de los otros y es por esta misma razón que sociabilizar y jugar forman parte esencial en la vida de un ser humano.

Vamos por la vida creciendo y desarrollándonos junto a otros y otras, donde muchas veces tenemos mas o menos oportunidades que nuestros padres y abuelos, pero sin duda alguna, todos contamos con ese espacio, muchas veces imaginario pero también real, donde se despliegan una serie de aspectos propios y ajenos y se ponen en marcha las notas musicales que entonan el juego.

Todos jugamos de distintas formas, a distintas edades y con distintos recursos. Algunos se ayudan y acompañan de objetos y/o juguetes, otros usan la imaginación y el espacio alrededor toma forma del escenario perfecto para jugar y movilizar la mente que pone de manifiesto un “como sí” donde la fantasía puede ser más amplia que la realidad.

Los niños necesitan jugar, es parte esencial del desarrollo de la mente y los procesos cognitivos como el lenguaje, el pensamiento, la inteligencia, la atención, la percepción y tantos más. Freud decía que también este es un espacio rico en oportunidades para que nuestro inconsciente descargue pulsiones y ponga de manifiesto aquello que nuestro “Yo” reprime a diario, y que muchas veces ni siquiera estamos al tanto.

Sea cual sea la realidad económica, social, familiar, vincular de un niño, este siempre va a jugar, pero ¿De qué manera podemos como padres ayudarlos y acompañarlos para que éste sea beneficioso?

Muchos padres dicen no jugar o no saber jugar con sus hijos, y eso la mayoría de las veces está relacionado con la propia historia del P/Madre en relación a su propio juego de niño/a, es decir, es muy propbable que un padre o madre que señala no poder jugar con su hijo porque “no sabe” tenga mucho que ver con que fue un niño o niña con el cual jugaron poco, pero la verdad de las cosas es que todos sabemos jugar. Así como decía Antoine de Saint Exuperry “Todos hemos sido niños algún vez, solo que pocos lo recuerdan”. En pocas palabras, sabemos jugar porque ya lo hemos hecho antes.

El juego es pues el espacio donde “decoramos esas galletitas que hicimos juntos”, por lo tanto es una conducta que se lleva a cabo sobre las bases del vínculo de Apego y tal como señala el Psicólogo Felipe Lecannelier el juego no es determinante del vínculo de Apego, ya que no basta que juguemos y disfrutemos con nuestros hijos/as, sino que aún mas importante es saber regularlos en momentos de estrés.

Entonces sigamos la misma línea; queremos un juego respetuoso que siga los ritmos de nuestros niños, que no los estrese ni abrume y que sea una instancia que se vea beneficiada y enriquecida para su desarrollo íntegro, por lo tanto, si durante la instancia de juego algo ocurre, donde nuestro hijo/a necesita ser calmado por nosotros, ésta instancia debe ser aprovechada para fortalecer el vínculo desde la óptima y respetuosa regulación y así volver al juego.

Si ya sabemos que como padres sabemos jugar (y sólo lo hemos olvidado), quizás es tiempo de ponernos a recordar sobre las cosas que hacíamos cuando éramos pequeños y recordaremos con una sonrisa en el rostro, todos esos momentos donde quedábamos sucios con barro después de haber jugado a pies descalzos en la tierra con una manguera imaginando que apagábamos un incendio, ó aquellas tardes donde nos sentábamos con una hermana o prima y servíamos te a nuestros peluches y muñecas. Vendrán a nuestra mente recuerdos de juegos en las plazas, cajas grandes y vacías que en una misma tarde eran cohetes y refugios, nos acordaremos con nostalgia que un lápiz podía ser un avión y mas tarde un auto… y de pronto caemos en cuenta que nuestros niños no juegan así, y aquí tenemos dos opciones; resignarnos y pensar “es que yo cuando era chico me entretenía con un calcetín enrollado y jugaba a la pelota… estos niños de ahora no hay nada con qué se entretengan” ó podemos automentalizar nuestro sentir y luego mirar con respeto que nuestro hijo nació en una época donde la tecnología, los juguetes que hablan, los dibujos animados en HD y muchas veces en otros idiomas son mas llamativos para ellos, porque simplemente, esa es la realidad que conocen.

Ya que sabemos que tenemos intereses distintos. Ahora no nos queda mas que poner manos a la obra.

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Es fundamental saber que la percepción del tiempo en los niños, cuanto menor son mayor se percibe el tiempo en cuanto a su lentitud y duración, por ejemplo, jugar con un sonajero para un bebé de 8 meses por más de 3 minutos puede ser más que suficiente, ó 20 minutos en la plaza para un niño de 1 año está perfecto. Recordemos sin embargo, que todos los niños son únicos, por lo cual tu hijo podría ser un niño mas intenso que le guste jugar por más tiempo ó que sea un poco mas disperso y le guste cambiar constantemente de actividad. Esta es una primera aproximación a un juego respetuoso.

Cuando ya hemos entendido los tiempos de nuestros niños, es fundamental seguir el ritmo en cuanto a sus intereses. Esto muchas veces es un gran desafío para los padres, ya que se ponen en batalla los propios intereses con los de los niños. Me explico; “a mi me encanta jugar con los legos, pero a mi hijo no tanto” ó “a mi hija le encantan las muñecas, pero a mi me aburre mucho… no lo entiendo!”… ¿Qué hacemos? Aquí tenemos que hacer coincidir y buscar los puntos de encuentro de ambos. Buscar una actividad o juego que las dos partes disfruten, ya que de lo contrario, no hay placer, y para los niños es importante sentir que tanto ellos como quien juega con el/ella está disfrutando.

Un juego no necesariamente tiene que ser con juguetes, eso lo sabemos ya que muchos de nosotros no tuvimos mayor acceso a ellos. También podemos jugar a cocinar algo rico, pedirle a nuestro hijo que nos ayude a poner la mesa “Santi, te parece que juguemos a preparar un gran banquete? Como el que hace el candelabro en la película de La Bella y La Bestia?”. También podemos jugar a disfrazarnos, hacernos cosquillas, cantar, leer un cuento, pintar con los dedos usando témpera y cuando hay un hermanito pequeño podemos aprovechar esa instancia para invitar al hermanito/a mayor a jugar con el mas pequeño haciendo juegos de roles mientras hacemos una actividad “Sofía, te gustaría que juguemos al cuento de los 3 ositos?? Pero hagamos magia??? Imaginemos que yo soy la Mamá osita tu eres la hija Osita y tenemos que ir a abrigar al bebé Osito para salir a comprar… vamos! Acompáñame para que estemos listos para cuando llegue Ricitos de Oro”. Así como también podemos simplemente acompañar a nuestro hijo/a a ver los dibujos animados que le gustan ó armar la pista de autos que su abuelita le acaba de regalar.

Jugar puede ser mas simple de lo que pensamos. La clave es dejar que nuestro niño/a internos juegue con nuestro hijo/a y ese espacio de imaginación y magia sea lleno de placer y risas, por lo mismo es fundamental no obligarnos a hacer cosas que no queremos, ya que este espacio se podría transformar en un momento de estrés para ambas partes, por ejemplo, si nos complican los juegos donde nuestro hijo/a se ensucia, no lo hagamos! Dejemos que sean otras las personas las que disfruten de esas instancias. Lo mismo si es que somos Mamás y nos complica que nuestro hijo/a nos tire o juegue con nuestro pelo, cuando estemos con ellos amarremos nuestro pelo y así evitamos un momento de tensión, tanto para ellos como para nosotras.

Finalmente, otro aspecto a considerar es la edad de nuestro hijo/a. Hay cosas que quizás vamos a querer (desde las mejores y mas genuinas intenciones) enseñar a nuestros hijos cuando juguemos con ellos, por ejemplo a compartir. Es esencial que sepamos que los niños hasta los 3 años aproximadamente tienen un juego paralelo, es decir, juegan en conjunto a otros niños pero “en carriles distintos”. Aún no hay mayor interacción en el juego con los otros y esto no se debe a que sean egoístas o hijos únicos ó que no va al jardín infantil, mas bien tiene que ver con que él o ella juega en su propio espacio y aún no siente ganas de compartir con lo que está jugando. Podemos sin embargo usar el espacio del juego para poder potenciar esta habilidad (que tarde o temprano va a emerger) diciéndole “Pedrito dame (mientras movemos nuestra mano) y yo te doy… no quieres? Bueno no importa, pero quieres que yo te comparta mi juguete?” obligarlos no va a ayudar en lo absoluto a que lo haga… mas bien dicho, no va a ayudar a que lo haga de verdad o que sea un acto desde el placer. Si queremos que nuestro hijo/a sea generoso/a, tenemos que con nuestro ejemplo ser en primer lugar generosos con ellos, mostrando respeto a sus ritmos y nosotros compartiendo con ellos tiempo y espacio lúdico.

La invitación no es a jugar desenfrenadamente todos los días dos horas con tus hijos, tampoco es que te sientas culpable porque nunca has jugado con el o ella, mas bien la invitación es al niño o niña que alguna vez fuiste. Te invito a que tu niño/a interno/a juegue, a lo que sea, desde el respeto a compartir, a invitar a tu hijo/a y ofrecer alternativas. Regálate unos minutos al día o un par de horas a la semana para decirle a tu hijo…“Juguemos?… quiero jugar contigo porque Te Amo”.

 

 

María José Gasc
Mamá y Psicologa
Formación en Parentalidad Positiva, Apego y Salud Mental Infantil
www.apegocrianza.cl 

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Acerca del autor

Psicologa Universidad del Desarrollo
Formación en; Parentalidad Positiva, Apego y Salud Mental Infantil.
Certificada en técnica de Intervención de Video feedback modelo ODISEA
Consulta Particular (Viña y Santiago) y Talleres
www.apegocrianza.cl

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