Gritar a los niños: un daño psicológico que dura toda la vida

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Cuando hablamos de apego seguro casi todos lo asocian a bebés pequeños, como si el desarrollarlo o no fuera algo que solo se da en los primeros meses de vida o gracias a la lactancia materna, pero lo cierto es que el apego seguro es en palabras del psicólogo Felipe Lecannelier un continuum, es decir, se va formando a través del tiempo y los años, y depende de cómo los padres contengan, apoyen, cuiden y consuelen a sus hijos e hijas a lo largo del tiempo, no basta solo con hacerlo de bebés, es en los momentos de mayores crisis cuando más se afianza o se quiebra el vínculo de apego seguro, porque sí, también se puede retroceder el camino avanzado, así como siempre se pueden reparar los errores con nuestros hijos, también ocurre que podemos marcar un quiebre en las tipo de apego, de hecho, se dice que los dos años es el momento en que más cambia la conducta de apego, precisamente coincide con la edad de las pataletas, cuando el control y la necesidad de poner límites hace que muchas veces madres y padres recurran a métodos que están validados socialmente pero que son en esencia un tipo de maltrato, maltrato que deja huellas y que puede permanecer tanto o más que los golpes, estamos hablando de los gritos ¿le has gritado a tus hijos, le gritas habitualmente cuando hacen algo que no te gusta?

Gritos: causando dolor a los niños

Pues bien, partamos de la premisa que criar no es fácil y que todos nos equivocamos, lo importante es darse cuenta, hacerse consciente y reparar, sin culpas, es parte del camino de la maternidad y paternidad. Si les has gritado o les gritas es porque de seguro es una conducta que para ti no tiene mucho de malo, no es un golpe, no es dejarlo llorar en su cuna ni una ducha fría, en otras palabras porque la sociedad de alguna manera lo avala y no lo juzga, pero lo cierto es que gritar a los niños ES MALTRATO, más sútil, sí, pero  maltrato al fin, alguna vez me tocó escuchar a una psicóloga que en plena terapia me dijo, yo he recibido aquí a adultos más traumados por los gritos y maltrato verbales que le daban sus padres que por una cachetada, me sorprendió y creí que exageraba, pero los estudios han demostrado que ambos maltratos dejan huellas para siempre.

Un estudio de la Universidad de Pittsburgh y de la Universidad de Michigan publicado en Child Development señala que los estragos de los gritos en los niños son mucho mayores que lo que piensan los padres, gritar es considerado un tipo de Disciplina Verbal Severa (HVD en sus siglas en inglés) que se usa con la intención de causar daño en el niño y que deja profundos daños emocionales. Este tipo de disciplina se define como ” una fuerza psicológica con la intención de causarle al niño dolor emocional o incomodidad con el propósito de corregir o controlar su mal comportamiento”, lo que según el autor del estudio Ming-Te Wang. genera un círculo vicioso, pues a mayor disciplina HVD por parte de los padres peor comportamiento en los niños.

La psicóloga María José Gasc reafirma lo expuesto  en este estudio señalando que   “el mensaje que transmiten los padres es por medio de un acto violento… sobre todo cuando pensamos en que la mayoría de los padres que gritan a sus hijos lo hacen enojados, por lo tanto aquí estamos hablando de un daño hacia el niño o niña ya que se está tratando de imponer un límite por medio del miedo que siente el niño al escuchar el grito. En el vínculo de Apego ocurre lo mismo… el niño con el tiempo sabrá que Papá o Mamá van a gritar, por lo tanto NO harán aquello por lo que se les grita, pero NO porque lo hayan aprendido, mas bien para evitar el castigo, entonces es muy frecuente, por ejemplo que los niños que les dicen gritando “NO ME VUELVAS A MENTIR” no mientan a sus padres, pero sí lo hagan en otro contexto… además por otra parte, se ha visto que padres que gritan a sus hijos, están enseñando y sembrando en el cerebro del niño la idea de que el grito es válido dentro de relaciones donde hay cariño y cimentando así futuros  casos de violencia intrafamiliar en la adultez”

¿Por qué gritamos los padres?

Carolina tiene un hijo pequeño de dos años, al salir de la ducha descubre que dio vuelta un frasco de tinta sobre la alfombra, y que se manchó completo justo antes de salir, su reacción no se hace esperar y gritando le dice  “pero Felipe como mierda es que te las arreglas para hacer tantas tonteras juntas, siempre haces todo mal, y ahora como limpio esto, parece que tu intención siempre es arruinar las cosas antes de salir”. El pequeño se mira las manos y en total silencio intenta ayudar a la mamá a limpiar, los gritos continúan, es tarde, deben salir y está todo manchado, claramente es una situación de estrés para la madre, pero ¿por qué grita esa madre? Porque está frustrada, porque necesita liberar su rabia y castigar verbalmente a su hijo que la ha retrasado, pero ¿le hablaría gritado igual a su esposo, a su madre o a una amiga? De seguro que no, mordería su rabia y limpiaría, quizás estaría igual de frustrada, pero no gritaría, no está bien gritar a un adulto, pero pareciera ser que con los hijos si se puede, es por su bien, para que aprendan a comportarse ¿realmente es por su bien, o es porque los padres necesitan de alguna forma sentir que tienen el control y ellos mandan?

La Psicóloga Pamela Labatut nos explica que “El grito es el llamado desesperado de ese padre que también fue niño para pedir respeto… Todos nos hemos sentido en nuestra infancia más o menos pasados a llevar, más o menos respetados… y desde ahí esos recuerdos guardados en la memoria de nuestro cuerpo/mente/emociones, comienzan a develarse sin ningún permiso consciente, hacia nuestros actos. Comenzamos a experimentar la misma vivencia y la misma autoimagen de sentirnos pasados a llevar, sólo que ahora somos adultos, se supone que tenemos que autorregularnos solos, se supone que tenemos herramientas, se supone… pero si mi historia de abusos, pequeños, medianos o grandes abusos, no está totalmente sanada ni consciente… se cuela, no puedo, colapso. Pero lo importante es cómo me vivo la experiencia con ese niño o niña que me lleva a tener una imagen de mi mismo como padre, generalmente negligente en la capacidad para poner limites o hacerse respetar, que lleva a que me de rabia, y desde ahí, me desespero, me frustro, colapso y me desregulo: grito! “

 

La consecuencia de los gritos: depresión y baja autoestima

Volvamos al estudio, mucho nos repiten que si no ponemos mano dura cuando hacen berrinches o en la adolescencia entonces todo se saldrá de control y no serán adultos de bien, respetuosos y tolerantes, pero nos preguntamos realmente si gritar los ayudará a ser felices, pues Sarah Kenny encontró que la dura disciplina verbal está relacionada a problemas de conducta y comportamiento, y aumenta los niveles de agresión y problemas interpersonales entre los niños. Los niños a quienes sus padres les gritan suelen ser más agresivos, se irritan con facilidad y tienden a discutirlo todo.

Labatut enfatiza que esto se debe a que cuando gritamos el padre o madre libera la tensión acumulada, pero el Niño no, queda tenso y necesita liberar esa emoción ¿cómo lo hace? “Portándose más mal en ese mismo momento, o actuando agresivamente con sus pares en otros contextos: jardín infantil, colegio, etc. Comienzan a experimentar sistemáticamente que el estrés de los otros es liberado si él o ella hace algo para generarlo. En palabras simples si El Niño se porta mal, facilita la liberación de tensión del papá y lo “ayuda” inconscientemente a relajarse, se vuelve un salvador, tu hijo se sacrifica por y para ti ¿Es saludable eso para El Niño? ¡Por supuesto que no! Es el adulto quien tiene que ocuparse de fomentar practicas saludables cotidianas que le permitan regularse solo. El adulto ya tiene desarrollado el cerebro más nuevo, el neo Cortex, que le permite razonar y comprender estas mismas palabras que están leyendo. El Niño no, El Niño solo experimenta y si lo has seguido haciendo, ese es el riesgo que puede haber, volverse el agente agresivo, rebelde, anárquico, para que otros descarguen hacia el, prestándo su propia salud mental y emocional para un trabajo que no debiese ni siquiera hacer ni experimentar”

Aumento de posibles depresiones a futuro es algo que también puede producirse a causa de los gritos y agresión verbal, pues los niños se sienten “inservibles” “inferiores” y que “hacen todo mal” lo que los puede volver muy autocríticas, con baja autoestima, que intentan fomentar una imagen no positiva de si mismos o elegir un grupo de amigos no adecuado. Te ha pasado que tu hijo o hija dice que es malo o mala, o quizás le cuesta encontrarse virtudes, si es más pequeño quizás haga más berrinches y cada vez con mayor intensidad, o al contrario, puede volverse un niño tímido, callado y retraído que pareciera no reaccionar ante los gritos o agresiones de sus padres o de otros niños. La baja autoestima aflora entonces y podemos tener a adultos inseguros, con problemas para relacionarse o para hacer valer sus derechos o niños víctima a de bulling.

 

No sirve ser amoroso

Los autores de este estudio son claros, gritar NO sirve para nada, no mejora la conducta, al contrario, la empeora, y tampoco sirve ser amoroso luego de gritar si es una reacción que se repite en el tiempo, los estudiosos señalan que aunque sean una familia que tiene una parentalidad positiva  siendo amorosos, preocupados y hasta contenedores, nada de eso podrá borrar el daño de los gritos y una dura disciplina verbal… Entonces ¿qué podemos hacer? Reparar, buscar otras estrategias para poner límites con amor cuando sea necesario y para contener y acompañar los berrinches si es el caso o los cambios de humor e independencia si es en la adolescencia. Pero para lograrlo lo primero que debemos hacer es dejar de gritar, buscando en nuestra historia de vida, en nuestra infancia, en nuestras sombras, por qué gritamos, y buscar formas para regularnos y no colapsar, un próximo artículo te explicaremos por qué gritan los padres y cómo dejar de hacerlo. Por ahora, piénsalo dos veces antes de siquiera intentar levantar la voz a tu hijo, criar no es fácil, pero está en tus manos cambiar, aprender a pedir ayuda y hacerte consciente de tus fortalezas y debilidades.

 

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

9 comentarios

  1. Y que debemos hacer si ya le hemos gritado? Como reconstruimos su autoestima o como lo solucionamos? Todos hacen referencias a no gritar por diversos motivos pero nadie plantea una solución.

    Atenta a su respuesta

    Gracias

  2. no estoy de acuerdo para nada. al contrario creo que idealiza el ser padre y madre. gritar es humano. educar también. amar igual. límites son pilares de vida y difíciles de poner. por favor no intentemos transmitir un modelo de padres idealizado, esto angustia y inseguriza más a los nuevos padres. tratar de no gritar es otra cosa. formulamos las ideas desde el intento sin enjuiciar ni atemorizar. ánimo padres de hoy!

  3. Paulina Núñez el

    Mi ex-esposo cuando mi hija era pequeña le gritó tanto y tan fuerte que mi pequeñita quedó tartamuda por algunos meses, tuvimos que hacer varias terapias psicológicas para ayudarla y corregir el error. Que terrible y triste fue eso.

  4. En qué artículo están las claves para no seguir gritando???? sentí que dieron las causas y conveniencias pero no las herramientas para poder mejorar este punto…. Quede con una sensación completa de culpabilidad y sin saber cómo mejorarlo, porque hay que poner e límites a los niños, pero sin el grito, como lo hago????

  5. Hola Carolina, primero que nada no tienes de que sentir culpa, ya que nadie es perfecto, nos enojamos, gritamos, sentimos!! Lo importante de éste articulo es informar y desde ahí tomar decisiones más conscientes y acordes a la realidad y ganas de cada familia. Lo recomendable es ver cada familia en particular en una terapia familiar o con psicóloga/o para trabajar de manera personalizada.
    Cariños!

  6. Enojarse es humano, gritar, hacer “pataletas” en la adultez también! el artículo entrega información, ser padres es difícil para todos y hacernos conscientes de cómo influyen nuestros actuares en los niños es parte de hacernos cargo de lo que nos pasa o no nos pasa… libertad para decidir que hacer y para que cada familia vea que le hace sentido y que no, gracias por tu aporte. saludos!

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